23/01/2026
| El lunes vuelve a jugar el Deportes Quindío. Debuta en la segunda división ante Boca Juniors de Cali y como ya es costumbre, el discurso es el mismo de todos los años: paciencia, proceso y fe. Pero la realidad es otra. El club inicia un nuevo torneo de la B sin un proyecto serio de ascenso y con una nómina que, una vez más, no ilusiona ni al más optimista.
La dirigencia parece haberle perdido el respeto a la historia del Deportes Quindío, pasan y pasan los mercados de fichajes y no llegan refuerzos que marquen diferencia, no existe una apuesta clara por armar un equipo competitivo y el mensaje ha sido y sigue siendo claro: el objetivo no es ascender, es simplemente cumplir el calendario.
Y mientras en la cancha se exige sacrificio, a los hinchas se les exige apoyo, los dirigentes siguen tomando decisiones que nos llevan a seguir en la mediocridad. El presidente del Deportes Quindío incluso intentó vender la institución por 70.000 millones de pesos, pero no lo logró. ¿La pregunta es por qué? Tal vez porque hoy el club no es atractivo, ni deportiva ni institucionalmente. Tal vez porque años de mala gestión pasan factura.
Esa cifra, que sonó más a fantasía que a realidad, contrasta con lo que se ve en el equipo: un plantel corto, sin jerarquía y sin ambición. Se habla de millones para vender, pero se invierte poco para competir. Se pide respaldo del hincha, pero no se le devuelve ilusión.
Y entonces la pregunta ya no es solo cuándo vamos a ascender, sino cuántos años más vamos a seguir atrapados en la segunda división, viendo pasar torneos, rivales y oportunidades, mientras el Quindío pareciera acostumbrarse peligrosamente a la B.
El problema del Deportes Quindío no está en la cancha, está arriba. En las decisiones, en la falta de visión y en una dirigencia que parece haber normalizado la mediocridad. El lunes rodará el balón, sí, pero la verdadera deuda sigue siendo con la historia del club y con una hinchada que merece mucho más que otro año de espera en la B.