06/04/2026
𝕊𝕖𝕣 𝕓𝕠𝕞𝕓𝕖𝕣𝕠 𝕖𝕟 ℂ𝕠𝕝𝕠𝕞𝕓𝕚𝕒: 𝕦𝕟𝕒 𝕧𝕠𝕔𝕒𝕔𝕚𝕠́𝕟 𝕢𝕦𝕖 𝕤𝕖 𝕖𝕩𝕥𝕚𝕟𝕘𝕦𝕖 𝕞𝕒́𝕤 𝕣𝕒́𝕡𝕚𝕕𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕖𝕝 𝕗𝕦𝕖𝕘𝕠
Por: Cͨᴛⷮ. Albaro eduardo farfan
En Colombia, el sonido de una sirena suele traer consigo una ráfaga de alivio; es la señal de que la ayuda está en camino. Sin embargo, detrás de ese estruendo se oculta una realidad que pocos perciben: una crisis silenciosa que consume a nuestros hombres y mujeres. No hablamos solo de una labor misional que presta un servicio público esencial; hablamos de un sistema que se está quedando sin manos y de un personal que paga con su salud física y mental el precio de protegernos.
𝑼𝒏 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒋𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒐𝒄𝒖𝒑𝒂
Lo que ocurre en otras latitudes es una advertencia que no podemos ignorar. En Estados Unidos, mientras las emergencias se han triplicado, el número de voluntarios ha caído un 25%. Colombia no es ajena a esta tendencia: de los aproximadamente 20,000 bomberos del país, cerca del 92% son voluntarios. Personas que abandonan su hogar, su empleo y su tranquilidad para acudir al llamado del deber. No obstante, hoy ese compromiso flaquea porque el peso de la labor se ha vuelto, sencillamente, insostenible.
𝑬𝒍 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝒊𝒏𝒗𝒊𝒔𝒊𝒃𝒍𝒆 𝒅𝒆 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒓 𝒗𝒊𝒅𝒂𝒔
Ser bombero en la Colombia de hoy trasciende la extinción de incendios. Implica ser rescatista, experto en materiales peligrosos y primera respuesta en desastres naturales o antròpicos. Esta entrega absoluta conlleva costos que no figuran en los presupuestos estatales:
La salud en juego: El contacto con sustancias tóxicas no solo ensucia el uniforme, sino que enferma el organismo. A nivel mundial, el cáncer es la principal causa de muerte en servicio; en nuestro país, las afecciones respiratorias y crónicas son el "pan de cada día".
Heridas en el alma: Es imposible borrar las imágenes de un rescate fallido. Se estima que el 30% de nuestros bomberos presentan síntomas de estrés postraumático. ¿Quién los escucha a ellos cuando regresan del horror?
𝑬𝒍 𝒇𝒖𝒆𝒈𝒐 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒐: 𝒊𝒏𝒆𝒒𝒖𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒚 𝒎𝒂𝒍𝒂 𝒂𝒅𝒎𝒊𝒏𝒊𝒔𝒕𝒓𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏
Sin embargo, no toda la crisis proviene de afuera. Debemos tener la autocrítica necesaria para reconocer que muchas de nuestras instituciones enfrentan un "fuego interno" que devora la moral del bombero: la corrupción, el nepotismo y la inequidad son varias de ellas.
Es doloroso ver cómo, en algunas instituciones, los recursos destinados a la seguridad de la tropa se desvían o se administran bajo criterios subjetivos de favoritismo. El nepotismo en los ascensos y la designación de cargos administrativos han desplazado el mérito y la experiencia, dejando a personal altamente capacitado bajo el mando de la ineficiencia. Esta falta de transparencia no solo es un golpe ético; es una amenaza directa a la operatividad y a la vida de quienes están en la línea de fuego.
¿𝑷𝒐𝒓 𝒒𝒖𝒆́ 𝒏𝒐𝒔 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒔𝒐𝒍𝒐𝒔❓
Aunque la Ley 1575 de 2012 buscó organizar el sistema, en la práctica el bombero voluntario sigue luchando contra la precariedad. Sin una remuneración justa, sin seguros de salud robustos y sin incentivos que dignifiquen su tiempo, es cada vez más difícil convencer a los jóvenes de portar el uniforme. Mientras que en países como Chile o Argentina existen fondos solidarios, en Colombia el bombero muchas veces debe costear de su propio bolsillo su seguridad social, capacitación e incluso, irónicamente, sus elementos de protección personal.
Si el bombero está agotado, si la estación carece de personal o si los recursos se pierden en la burocracia, el principal damnificado es el ciudadano. En zonas apartadas, los tiempos de respuesta pueden oscilar entre los 15 y 45 minutos, una brecha que marca la diferencia entre la vida y la muerte. No es falta de voluntad; es un sistema que ha llegado al límite de sus fuerzas.
𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒎𝒊𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒄𝒊𝒂 𝒖𝒏 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐 𝒓𝒆𝒂𝒍
No necesitamos más aplausos vacíos; necesitamos acciones estructurales:
Transparencia y meritocracia: Auditorías rigurosas al manejo de los recursos y procesos de ascenso basados estrictamente en la capacidad y el servicio, eliminando las "roscas" institucionales.
Salud con enfoque laboral: Reconocimiento del cáncer y el estrés postraumático como enfermedades laborales.
Incentivos a la voluntariedad: Beneficios tangibles como descuentos en impuestos, becas educativas o acceso preferencial a vivienda.
Tecnología y formación: Invertir en equipos de última generación y crear escuelas de formación propias que respondan a la realidad operativa de nuestros territorios.
Para ir dando un cierre a mi columna soy un firme convencido de que nuestros bomberos no solo luchan día a día contra la adversidad de las lamas; luchan contra la desidia de un sistema que los da por sentados y contra los vicios internos que los desmotivan. Como sociedad, no podemos esperar a que la última sirena deje de sonar para reconocer su valor. Proteger a un bombero es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.
¿𝑬𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒍𝒊𝒔𝒕𝒐𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒔𝒆𝒓 𝒏𝒐𝒔𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒔 𝒉𝒆́𝒓𝒐𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒄𝒖𝒅𝒂𝒏 𝒂𝒍 𝒓𝒆𝒔𝒄𝒂𝒕𝒆 𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒕𝒂́𝒏 𝒅𝒊𝒔𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒐𝒔 𝒂 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒔𝒖 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂❓
#𝕷𝖆𝕮𝖔𝖑𝖚𝖒𝖓𝖆𝕯𝖊𝖑𝕮𝖆𝖕𝖎