29/08/2025
Léelo te encantará!!!! ❤
🐢 Sonidín, el pequeño lápiz que dibujaba sonidos ✏
En un rincón olvidado de la estantería de la señora Clementina, una anciana maestra de arte jubilada, vivía un pequeño lápiz de madera llamado Sonidín. No era un lápiz cualquiera: cada vez que trazaba una línea sobre el papel, emitía una nota musical. Una curva suave sonaba como un violín, un punto firme como un tambor, y un espiral alegre como una flauta.
Sonidín no sabía por qué tenía ese don. Mientras los demás lápices dibujaban paisajes, retratos o garabatos, él componía melodías invisibles que flotaban en el aire. Pero nadie lo usaba. Los niños preferían los lápices de colores brillantes, y Sonidín, de cuerpo gris y punta afilada, se sentía triste y olvidado.
Una tarde, llegó a la casa de Clementina una niña llamada Lía, con rizos dorados y ojos curiosos. Le encantaba dibujar, pero aún más, le gustaba la música. Cuando vio a Sonidín, algo en su corazón le dijo que ese lápiz tenía una historia que contar. Lo tomó con cuidado y trazó una línea en su cuaderno.
¡Tiiiin! sonó como una campana suave. Lía se detuvo, sorprendida. Dibujó una estrella, y el sonido fue como un arpa tocada por el viento. Fascinada, comenzó a dibujar sin parar: montañas que sonaban como coros, ríos que murmuraban como flautas, y soles que estallaban en acordes de trompeta.
Pronto, los dibujos de Lía se volvieron conciertos. Los niños del vecindario venían a escuchar sus cuadernos. Cada página era una sinfonía visual. Sonidín, por primera vez, se sentía útil, amado, y sobre todo, comprendido. Su trazo no solo creaba formas, sino emociones que se podían escuchar.
Pero un día, Lía se enfermó y no pudo dibujar. Sonidín, preocupado, decidió hacer algo que nunca había intentado: dibujar solo. Con esfuerzo, trazó un corazón en una hoja blanca. El sonido fue cálido, como un abrazo. Luego dibujó una melodía en forma de nube, y la hoja voló por la ventana, flotando hasta la casa de Lía.
Al ver el dibujo musical, Lía sonrió por primera vez en días. Sintió que Sonidín le hablaba, que le decía “Estoy contigo”. Esa noche, soñó con notas que bailaban en el cielo, y al despertar, volvió a dibujar. Juntos, crearon una historia sonora que hablaba de amistad, esperanza y magia.
Con el tiempo, Sonidín y Lía viajaron por escuelas, hospitales y plazas, compartiendo sus dibujos musicales. Enseñaban que el arte no siempre se ve, a veces se escucha, se siente, y transforma. Sonidín ya no era solo un lápiz: era un puente entre el corazón y el oído.
---> Moraleja: Cada uno tiene una forma única de expresarse. A veces, lo que nos hace diferentes es lo que más puede tocar el corazón de los demás. Como Sonidín, cuando compartimos nuestra voz, aunque sea a través de trazos y sonidos, podemos transformar el silencio en melodía, y la soledad en compañía.