El 31 de Diciembre de 2016, en un viaje en moto que había iniciado en Bucaramanga y que para ese momento nos tenía en Corozal-Sucre, decidimos coger camino para pasarla con nuestra familia en Guarne-Antioquia. Esta parte del viaje, que inició hacia las seis de la mañana en un muy buen día para rodar, nos regaló la buena fortuna de conocer de primera mano la que es hoy en día la condición bajo la cual trabajan tantos artesanos en nuestro país.
Descansamos para estirar un poco la espalda en Sampués, un municipio de Sucre famoso por ser el lugar donde el Sombrero Vueltiao se originó, justo al lado de un taller de artesanos que tenían sus obras en exposición al lado de la carretera. Exhibían unas piezas de valor cultural enorme, unos trabajos que tomarían varios días de completa dedicación realizar. Jarrones en caña flecha de aproximadamente sesenta centímetros de altura elaborados con tan fino detalle que parecería que en ellos se pudiera cargar agua. Los colores de estos eran de las mismas tonalidades de los sombreros famosos de la región y gozaban de patrones en líneas y algunas formas que aparecían de maneras sutiles sin recargar su superficie. Que trabajo de diseño tan genial ha tenido nuestro patrimonio.
Preguntamos a los artesanos, mientras nos tomábamos la gaseosita, cómo les estaba yendo. “Bien”, nos contestaron. Pero nosotros sabemos que siempre los colombianos contestamos que nos está yendo bien a pesar de que los tiempos nos estén dando la espalda. Preguntamos por sus obras y nos dieron algunos detalles, sin tomarnos mucho en cuenta porque ya sabían que estábamos viajando en moto y que no teníamos el espacio para cargar cualquier compra. Luego de conversar acerca de las piezas, preguntamos nuevamente por cómo les estaba yendo y fue cuando se volvieron nos contaron su verdadera situación. Parafraseándolos nos dijeron:
“No vendemos mucho. Dependemos de la gente que pase por la carretera y decida detenerse, para poder venderles a ellos nuestros productos. Pero casi nadie para y menos en este calor.”
Entonces les preguntamos cómo es que se mantiene su negocio y nos contestaron algo más o menos así:
“De vez en cuando, por ahí una vez cada dos meses, pasa un camión y nos recoge a nosotros y a otros dos artesanos lo que tengamos hecho.”
Aunque supusimos a qué precio les compran sus productos, les hicimos esa pregunta. No nos la contestaron pensando que posiblemente nos aprovecharíamos de ellos ofreciéndoles algo similar, pero lo que sí nos dijeron es que sus obras cuando las venden a los turistas en la carretera no se bajan de los ochenta mil pesos. Cuando nos dijo el precio pensamos en muchas cosas, como por ejemplo que era un pesar no tener espacio en la motocicleta para comprarles un jarrón a ese precio, y si eso es así a cuánto le estarían bajando a los tipos de los camiones para lograr subsistir.
Cuando cogimos camino nuevamente, nos fuimos con una sensación de tristeza en el pecho que no se nos quitaba a pesar de los kilómetros. Hablamos acerca de la situación de ellos y de lo que podrían costar esos jarrones en las tiendas de los centros comerciales. Estuvimos de acuerdo que un producto así se podría llegar a vender en un centro comercial en cuatrocientos e incluso quinientos mil pesos fácilmente, y que lo que tendría que hacer el vendedor es ponerle una marquilla y acomodarlo en una vitrina bien iluminada.
Un corto video del viaje realizado en carretera, haciendo el cruce por el Río Magdalena.
Nuestros artesanos están condenados a desaparecer porque simplemente no hay nadie que vele por ellos. Hay empresas privadas que los apoyan a cambio de tener exclusividad con sus productos estrellas y terminan comprándoselos a un precio un poco mejor al que les ofrecería el tipo del camión. Pero eso no es ayuda, porque ellos mismos no se dan a conocer, porque nunca van a ser visibles ante el comprador final. Ellos siempre van a estar a la merced de quien les compra barato porque simplemente no tienen una marca a la cual hacer crecer. Les exigen en muchos casos que le quiten las marquillas a los productos que fabrican y les piden incluso que pongan las de ellos.
No hay agremiaciones que no pidan su tajada, no hay líderes que no busquen sino lo propio. Los gobiernos municipales, regionales y nacionales, que deberían velar por la protección del patrimonio cultural, cada vez los abandona más, dejándolos a su suerte.
Y ya no es sólo el problema de los artesanos, el problema se ha escalado a todas las ramas de la producción manufacturera. Los Productores no tienen como competir en el comercio cuando tienen que vérselas contra productos que ingresan al país de contrabando, cuando son fabricados bajo condiciones subestándares laborales, en buques, en aislamiento y en esclavitud. No hay como competir si no tenemos la tecnología suficiente y cuando todos los insumos los importamos desde los mismos lugares de donde también vienen los productos listos para poner en las tiendas. No ha habido políticas que protejan a la industria nacional desde hace varias décadas, salvo la de Gaviria para acabar con la apertura económica que fue una embarrada de su propio gobierno y con la que acabó con innumerables empresas.
ColombiaIn, una idea que nació gracias este encuentro en carretera, está aquí en este momento crucial, en el que agoniza nuestra industria, para ayudar a todos los productores nacionales de manufactura; para darles atención, capacitación y una alternativa de venta en línea protegida y apartada de tanto producto importado. Una plataforma en la que los productos colombianos puedan brillar por lo que son, instrumentos con los que llega el pan a la mesa de miles de familias, empleos dignos y mejoramiento de la calidad de vida de millones de personas. Una plataforma exclusiva para productos colombianos, sin publicidad de mal gusto, sin que se les quite el estatus que deben tener por su excelente calidad, porque no se exponen junto a objetos que les reste valor. Y lo más importante, una plataforma en donde la venta es directa a comprador final, en donde el productor controla el precio y la rotación de su producto, sin intermediarios. Y hay muchos otros beneficios más, pero antes de mencionarlos todos mejor déjate asesorar por una empresa que piensa y siente lo que tú también piensas y sientes. Trabajemos juntos y empujemos a nuestras marcas colombianas.