04/12/2025
Achao, tierra de postal. Cálida, tranquila… y con un hedor institucional que ya ni el viento de Curaco puede disipar.
Porque aquí, en la comuna de Quinchao, se ha instalado una suerte de feudalismo judicial, ese en donde todos saben, todos ven, todos comentan… pero nadie toca. Menos si viste toga.
Se comenta —porque en Achao los rumores corren más rápido que el último transbordador— que ciertas autoridades judiciales, de honorable investidura, circulan por la ciudad con una libertad tan amplia que ni la Ley del Tránsito se atreve a interponerse.
Estacionamientos reservados: usados.
Documentación vehicular presuntamente vencida: ignorada.
Controles policiales: evitados, omitidos… o, digamos con elegancia, pasados por alto.
En otras tierras lo llamarían privilegio.
Aquí, simplemente se le dice “cosas de Achao”.
Y qué decir del cuerpo uniformado.
Carabineros, institución que se supone es el pilar del orden, aquí parece más un servicio de escolta institucional, especialista en mirar hacia la cordillera cuando el poder estaciona en el lugar para discapacitados.
Porque cuando el ciudadano común no tiene los papeles al día, multa.
Cuando los tiene una autoridad, silencio y paso libre.
Esa es la democracia del archipiélago: todos iguales, pero unos más iguales que otros.
Se añade —y esto ya es vox populi— que la sobriedad no siempre llega al tribunal acompañando la investidura. Audiencias con aroma etílico, dicen algunos. “Simple percepción olfativa”, dirán otros.
Ah, pero qué curiosa coincidencia cuando el código, la ley y la botella se dan cita en el mismo estrado.
En cualquier país serio, esto ya sería portada, sumario, renuncia, escándalo.
En Achao, simplemente martes.
Y mientras tanto, la comuna se hunde en la costumbre nefasta del “da lo mismo”.
Jueces intocables.
Policías complacientes.
Funcionarios municipales mirando hacia otro lado, no vaya a ser cosa que el poder se moleste.
La corrupción no siempre es maleta de billetes.
A veces es más simple:
la vista gorda, el silencio cómplice, el uniforme que no controla, el estrado que no respeta la ley que aplica.
Porque aquí ya no se exige un milagro:
solo que el juez respete el tránsito y Carabineros respete su uniforme.