28/04/2020
Ha repercutido fuerte la muerte de “Parlante” en Chile, un PERSONA en situación de calle fallecida al asomar los primeros rallos del sol en Coyhaique. ¿Dónde? En las puertas del Hogar de Cristo. Y cómo no va a doler, si ningún ser humano merece morir así...
Duele porque es una nueva víctima de este sistema basado en cifras, analizadas (inclusive con abrumante deficiencia) como un número más, tal como lo son, todas personas que sufrimos este sistema que ve a la problemáticas sociales en el papel con reuniones infructuosas y fondos mal distribuidos. Y por cierto, tenía nombre...
Juan Carlos Aguilar Leuquen. No sólo nombre, tenía familia, amigos, vicios, mañas, anhelos, p***s, esperanzas, risas y llantos.
Qué lo hacía tan distinto a nosotros?
Nada. Pero pareciera ser que su condición se permite que se les invisibilice.
Me pregunto: ¿cuantos milicos y pacos lo abran visto anoche? -6 grados fue el mínimo registrado. Pero claro, estoy pidiendo y pensando en que, el toque de queda significa un mecanismo de resguardo para la población, una ayuda. Pero erro... otra vez.
Siempre pienso, cuando hay personas que se pierden en los cerros o desiertos en la desesperación que ha sentido la gente antes de morir. En el hambre que al llegar la noche crean la ecuación perfecta para partir. Me estremezco. Imagínense a Parlante, que estuvo en la puerta del hogar de los “desposeídos” del lugar que costó millones de pesos al estado, ¿para qué? Para que muera a pausa. Sólo y desamparado.
Funcionarios públicos, uniformados paseándose a metros de su cuerpo desvalido, calentitos.
Para Juan Carlos no existió el Estado, las políticas públicas, el calor, el hogar ni Cristo.
Murió sólo, despojado de su dignidad de ser humano. Olvidado.
Este Chile duele. Este Chile fue el que te falló Parlante. Nuestras autoridades con sus jugosos sueldos.
Dicen los católicos que Cristo está en cada uno de nosotros... anoche Juan Carlos, Cristo, te falló.
Descansa. Sólo descansa...
Ten la paz que ninguno de nosotros se merece mientras sigan pasando cosas como estas.
Escrito por Gerardo Lavoz R