01/05/2024
¿Se han preguntado porque las mujeres respondemos que no trabajamos cuándo hemos decidido (o no) hacer el trabajo de mantener la casa?
Es extraña la respuesta si consideramos que el aporte que entrega el trabajo doméstico - maternar, lavar, planchar, cocinar, cuidar a personas mayores o en situación de discapacidad - aporta más de 44 billones al PIB (Producto Interno Bruto) Es decir mayor ingreso que los que entrega "el sueldo de Chile", la minería.
Sin embargo, este trabajo se ha convertido en una especie de obligación ligada al rol de género, atribuida como sinónimo a nosotras las mujeres; y valorado según el empeño que le pones a este y su "pago" se traduce en "amor y agradecimiento". En la práctica: "mantenemos la casa, alimentamos a sus integrantes, cuidamos de su salud y bienestar y nos reconocen con un plato de comida, un lugar donde dormir y amor - siempre y cuando el marido no sea golpeador -. ¿No les recuerda esto a la esclavitud?
La valorización de lo que las mujeres aportamos con nuestro trabajo en casa, que muchas veces es en doble jornada laboral, trabajo de producción y trabajo de reproducción, debe ser más que un valor en dinero, debe existir un cambio en el sistema.
No queremos pasar de mano de obra en la fábrica a mano de obra en la casa, no queremos seguir sosteniendo su economía con nuestra precarización, un aporte económico por nuestro trabajo en casa, no es suficiente si seguiremos reproduciendo el sistema opresor que nos limita en nuestra educación, realización, tiempo de disfrute y goce.
La precarización de la vida y la doble explotación son los pilares de sometimiento de un sistema capitalista que nos impone el sostenimiento de sus ganancias. Es por eso que el levantamiento de clase trabajadora, la organización de mujeres y la socialización del trabajo doméstico son la base de lucha por las demandas de las mujeres trabajadoras.
Fin a la doble explotación, a levantar la clase trabajadora, porque sostenemos la vida pero no tus ganancias, Mujeres trabajadoras a luchar!