Su historia comienza en épocas de la Colonia, cuando en el siglo XVI los españoles iniciaron su expedición por la zona. El conquistador Diego de Almagro se internó hacia la actual Casablanca tomando la ruta de los Incas que desde Quillota cruzaba Limache y Villa Alemana, penetrando por el valle del Marga Marga hacia los campos de Orozco. Desde allí, avistó el Valle de Casablanca -que los indígenas
llamaban por entonces Acuyo- atravesándolo para segur a Melipilla por el Cordón Ibacache. Hacia 1540, pasó don Pedro de Valdivia con sus huestes, imitando el camino seguido por Almagro, en su presencia se concedió mercedes de tierra a don Juan Bautista Pastene (1553). A partir de esto la ocupación de las tierras, fue creciendo, debido a que se vio incrementada por el descubrimiento de minerales de Oro y Plata. En 1577, se otorgó mercedes de tierras a don Alonzo de Córdoba (merced extensa que abarcó desde Tapihue hasta el portezuelo de Ibacache), colonizador que junto a su socio don Antonio Zapata Inició el tráfico de cueros y sebos con el Perú a través del incipiente puerto de Valparaíso. Hacia fines del siglo XVI todas las tierras del valle estaban concedidas. Por orden de la Junta de Poblaciones del Reino de Chile el Gobernador de Chile Domingo Ortiz de Rosas funda Casablanca el 23 de octubre de 1753 con el nombre de Villa de Santa Bárbara de la Reina de Casablanca, en honor a doña Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI. En 1755 seguían los trabajos preparativos de la nueva población y su trazado original fue delineado - conforme a la tradicional cuadrícula española- por don Joseph Bañado y Gracia, juez agrimensor del Obispado. Al levantarse las primeras casas se dictaron algunas providencias a fin de asegurar el progreso de la población. Se nombró un Teniente General del Partido de Casablanca dependiente del corregidor de Quillota, quien también recibía órdenes del Gobernador de Valparaíso en caso de defensa de dicho puerto. Con el correr del tiempo, el sector de Casablanca pasaría a manos de diferentes autoridades españolas de la época, siendo reconocida por su feraz suelo para el cultivo y por sus otrora lavaderos de oro. La época de progreso iniciada en Chile a partir de 1830, por la estabilidad institucional y la creciente importancia de Valparaíso como el primer puerto del Pacífico, convirtió al camino colonial que unía al puerto con Santiago en una arteria de gran importancia para el país, por el cual transitaba todo el movimiento comercial de Chile. Fue así como se edificó una comuna que progresivamente se erigió como un importante eje de conexión entre los polos productivos y poblacionales más importantes del país, Valparaíso, San Antonio y Santiago. Sin embargo, en el nuevo siglo, su valor se defiende de forma independiente por sus características que la hacen única en Chile y Sudamérica.