Ing Jorge Landivar Roca

Ing Jorge Landivar Roca ANALISTA POLÍTICO

05/06/2026

EL ARTE DE LA GUERRA II
Jorge Landívar Roca
En 1972, bajo la tierra húmeda de una tumba de la dinastía Han en Yinqueshan, unos arqueólogos desenterraron algo más que huesos: desenterraron una voz. Era la de Sun Bin, un general al que la historia había reducido a fragmentos. Durante siglos, sólo conocimos retazos de su pensamiento. Ese día, el libro completo volvió a respirar.
Sun Bin no era un estratega cualquiera. Decían que la sangre de Sun Tzu corría por sus venas. Un siglo los separaba, pero el arte de la guerra parecía un legado familiar. Escribió su tratado como una continuación, una respuesta a un mundo que ya no era el de su antepasado.
A Sun Bin lo llamaban “el mutilado”. Un enemigo, temeroso de su mente, ordenó que le arrancaran las rótulas. Quisieron quitarle las piernas para que no caminara hacia la victoria. Lo que no entendieron es que un estratega no gana con las rodillas: gana con la cabeza. Y la suya siguió intacta, afilada, convirtiéndolo en el teórico más temido de su tiempo. Murió en 316 a.C., pero su sombra fue larga.
Había aprendido del más extraño de los maestros: un ermitaño taoísta al que llamaban “el maestro del valle del demonio”. Su nombre real, se cree, era Wang Xu. Desde su cueva, Wang Xu moldeó a las mentes más brillantes y peligrosas de los Reinos Combatientes. Su Qin y Zhang Yi, los arquitectos que redibujaron el mapa de China con palabras y alianzas, se sentaron a sus pies. Y Sun Bin también.
El libro que Sun Bin legó es distinto al de Sun Tzu. Es más áspero, más técnico, más de trinchera. Si Sun Tzu te enseñaba a ganar sin luchar, Sun Bin te enseñaba a luchar cuando ya no quedaba otra opción.
Es que el mundo había cambiado. Sun Tzu movió sus piezas en la época de Primaveras y Otoños. Guerras cortas, casi rituales, donde la hegemonía se disputaba en salones antes que en campos de batalla. Su arma favorita era la mente: someter al enemigo con psicología, no con sangre.
Sun Bin nació 150 años después, cuando China era un incendio. La era de los Reinos Combatientes no conocía la pausa. Era guerra total. Ciudades arrasadas, ejércitos de cientos de miles, traiciones cada mañana. En ese in****no, la filosofía tuvo que mancharse las manos. Sun Bin forjó tácticas directas, pragmáticas, sangrientas. Porque cuando el otro quiere exterminarte, no alcanza con confundirlo: hay que sobrevivirle.
Y entonces llegan sus preguntas. Esas que todavía hoy susurran los dirigentes en despachos a puerta cerrada, cuando un país cruje.
¿Qué haces si eres más fuerte, si tienes la fuerza y la legitimidad?
Cambias el mando por gente leal. Desordenas las filas del otro hasta que se confíe. Y cuando baje la guardia, golpeas. Eso dice el manual. Eso, dicen algunos, aconseja el Socialismo del Siglo XXI.
¿Y si el enemigo te supera en número y en fuerza?
Sun Bin no pide heroísmo inútil. Pide cabeza fría. “Que la vanguardia se repliegue”, ordena. “Esconde la retaguardia para que la retirada sea segura”. Luego, pones los arqueros al frente, las armas cortas atrás, tropas móviles para hostigar. Y dejas a tu fuerza principal quieta, en silencio. Esperas. Miras. Dejas que el enemigo muestre su carta primero.
¿Y si el enemigo está desesperado?
No ataques todavía. Un hombre acorralado pelea como diez. Espera a que vea una salida, a que baje los puños. Ahí es cuando es vulnerable.
¿Y si están iguales?
Los divides. Concentras a los tuyos y dispersas a los otros sin que se den cuenta. Pero si no logras desordenarlos, te quedas quieto. “No luches cuando exista la duda”, sentencia. La duda mata más generales que las espadas.
¿Se puede vencer a alguien diez veces más grande?
Sí. Pero no de frente. Lo atacas cuando duerme, cuando no te espera, cuando cree que hoy no habrá batalla.
Después, Sun Bin desarma los mitos.
¿Recompensas y castigos? Útiles, pero no cruciales. La recompensa empuja al soldado a olvidar el miedo a morir. El castigo pone orden. Ayudan, pero no deciden la guerra.
¿Planificación, impulso, estrategia, engaño? Lo mismo. La planificación junta gente. El impulso la hace pelear. La estrategia toma al otro desprevenido. El engaño lo frustra. Suman, pero no son el corazón del asunto.
Lo crucial, dice, está en otra parte: evaluar al enemigo, leer el terreno, vigilar cada palmo de tierra y golpear donde no haya defensa. Eso es el arte de la guerra.
Porque el fracaso no es perder una batalla. Es perder territorio y ver tu soberanía amenazada. Por eso se piensa antes de desenvainar. Por eso advierte: “La guerra no es para disfrutarla. La victoria no debe ser una ambición”. Quien pelea por vanidad, ya perdió.
Su consejo atraviesa los siglos y llega intacto: actúa sólo cuando estés preparado.
Si una plaza pequeña resiste, es porque tiene suministros. Si un ejército diminuto es fuerte, es porque cree en su lucha. Sin pan y sin causa, nadie aguanta.
Si confías en tus soldados, no dejes que otro te los robe.
Pelea sólo cuando sepas que vas a ganar. Y no se lo digas a nadie.
Lo que separa al vencedor del vencido no es la suerte. Es la ciencia. Es la estrategia.
Los gobiernos que entienden esto se preparan primero. Ganan antes de entrar al campo. Así, no arriesgan en la batalla lo que ya conquistaron en el silencio. Un experto divide al enemigo para que, cuando caiga, nadie pueda tenderle la mano.

03/06/2026

La juventud en el poder

Jorge Landívar Roca

El debate previo a las elecciones sobre la edad de quienes deben ejercer el poder dejó en evidencia una tensión recurrente: renovación frente a experiencia. Quienes abogan por un recambio generacional sostienen que las dirigencias tradicionales están desgastadas y que los jóvenes, al no estar atados a redes clientelares, representan una alternativa de cambio.
El debate previo a las elecciones sobre la edad de quienes deben ejercer el poder dejó en evidencia una tensión recurrente: renovación frente a experiencia. Quienes abogan por un recambio generacional sostienen que las dirigencias tradicionales están desgastadas y que los jóvenes, al no estar atados a redes clientelares, representan una alternativa de cambio.
Sin embargo, la elección de un candidato joven plantea dudas: ¿es una apuesta sincera por la renovación o una estrategia calculada? La aparente inexperiencia puede ser real o parte de una campaña diseñada para conectar con la sensibilidad ciudadana; en política, la imagen y la táctica suelen ir de la mano.
Las lecciones clásicas sobre el poder siguen vigentes: un gobernante prudente debe prever la ingratitud y la volatilidad de las mayorías, reconocer y premiar el talento, y preferir la diplomacia antes que la fuerza. En última instancia, la eficacia del liderazgo se mide por decisiones oportunas y por la capacidad de equilibrar legitimidad y gobernabilidad, más allá de la edad de quien las toma.El debate sobre el “cambio generacional” en el poder suele presentarse como una dicotomía simple, pero en realidad es mucho más complejo. Pese a todo, la juventud no garantiza renovación, así como la edad no asegura experiencia. Lo que realmente importa es “la capacidad” de gobernar con prudencia, escuchar y tomar decisiones oportunas, algo que Maquiavelo ya advertía hace siglos.
El pensamiento y la acción estratégicos son naturales en los campos económico y militar. Sin embargo, en política siguen siendo la excepción, pues continúa predominando el comportamiento táctico y las acciones de corto plazo.
En nuestro país, previo a las elecciones generales, se abrió un debate que trascendió lo meramente electoral: ¿debe darse un cambio generacional en el poder? Se planteó como una dicotomía: “jóvenes vs. viejos”, “experiencia vs. renovación”, o incluso “legitimidad vs. desgaste.
Pero surge la pregunta: ¿es realmente renovación o una trampa? Se elige a un joven que aparenta inexperiencia en la conducción del Estado y que no sabe escuchar. Aunque si carece de apertura al diálogo, la renovación se convierte en fachada. Pero también puede ser que, junto a sus asesores, haya definido una estrategia consciente, basada en la idiosincrasia del boliviano.
Maquiavelo, gran psicólogo del poder, conocía a fondo cómo el pueblo percibía a las élites y nos legó enseñanzas vigentes. En El Príncipe advertía: “Los hombres son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que son… mientras les haces favores son tuyos, pero cuando la necesidad se aproxima, vuelven la cara”. Una autoridad prudente no debe sorprenderse por estos comportamientos, sino preverlos.
El florentino aconsejaba no sorprenderse por la ingratitud o la volubilidad del pueblo, sino anticiparlas. Un gobernante prudente debe premiar el talento, fortalecer la confianza y evitar medidas que paralicen la iniciativa ciudadana, el gobernante debe honrar el talento, recompensar a quienes engrandecen la ciudad debe generar confianza para que los ciudadanos trabajen sin miedo a impuestos abusivos o confiscaciones. Recordaba además que ninguna decisión será enteramente satisfactoria, pero una decisión buena a tiempo es mejor que una solución perfecta a destiempo. La política es el arte de lo posible, no de lo ideal.
Para Maquiavelo, la diplomacia debía preceder a la fuerza: la guerra es siempre la última opción. Solo se justifica para dominar o evitar ser dominado. La clave está en tener suficiente poder para disuadir, pero no tanto como para provocar alianzas en contra. Churchill lo resumió tras la negociación con la Alemania n**i: “Inglaterra tenía para elegir entre la deshonra y la guerra; escogió la deshonra y tendrá guerra”.
En Bolivia, este debate se vuelve especialmente interesante porque la historia política muestra ciclos de desgaste y renovación, donde líderes jóvenes han surgido como respuesta a la fatiga con las élites, pero también han reproducido viejas prácticas. La pregunta de fondo es si el cambio generacional trae realmente nuevas formas de gobernar o si es solo un relevo de rostros.
Al final, ¿no sería más útil hablar de instituciones sólidas vs. liderazgos personalistas? Al final, lo que garantiza estabilidad y confianza no es la edad del gobernante, sino la fortaleza de las reglas del juego.

01/06/2026

La “ingeniería de poder” que Evo y Álvaro diseñaron para eternizarse hoy asfixia a La Paz
El poder que Evo diseñó para eternizarse hoy asfixia a La Paz

Jorge Landívar Roca

“Rodrigo Paz lo desmonta o lo hereda. Lo que ocurre hoy no es protesta social: es golpe de Estado. Y el narco ya metió la mano”.

La Paz puede quedarse sin comida en los próximos días. Y no es culpa de los proveedores. El 68% de los alimentos que consume esta ciudad vienen por carretera. Son rutas que controlan sindicatos agrarios del altiplano. Cuando sube el diésel o aumenta el precio del pollo, no presentan un proyecto de ley. Cercan la ciudad. Esto no es cultura. Es chantaje logístico. Y tiene autores con nombre y apellido, son dirigentes de Evo.

La trampa se firmó en 2009. Cuando Sandra Mallo preguntó a García Linera si Evo era reemplazable. Respondió que sí, que Evo fue solo un "elemento referencial de unificación simbólica".
Tenía razón. El “evismo” nunca fue ideología. Fue “ingeniería de poder” para sectores excluidos que usaron a Evo como llave.
Para destrabar la Constituyente, Evo y Linera fusionaron en una sola categoría jurídica-social a tres sectores históricamente enfrentados: indígena originario campesino. Sin comas. No fue inclusión. Fue el pacto que dio vía libre a la creación del Estado Plurinacional y legalizó un modelo autocrático.
Es el mismo modelo que dio al vicepresidente el poder escabroso de presidir la Asamblea Legislativa, coordinar las autonomías indígenas y sentarse en el Consejo de Ministros. Evo y García Linera violaron la separación de poderes a propósito. Querían un sistema autoritario y centralista, sin límites. Y lo lograron así que el MAS gobierne durante 20 años.
La otredad como estrategia y arma: “Si no eres andino, no eres boliviano” El proceso de cambio no solo diseñó un Estado andino-centrista. Diseñó un criterio de pertenencia. Quien no es autóctono no pertenece al mundo andino y, por lo tanto, no es considerado plenamente boliviano. Si además tiene la tez blanca, y peor si es extranjero o descendiente de éste, pasa a la categoría de “los otros”.
“Crearon la otredad”: ellos y los otros. No fue inclusión. Fue exclusión invertida. El propio García Linera lo expuso en su tesis de “lo indio como horizonte”: lo “q’ara” –el blanco, el mestizo, el citadino– es el enemigo histórico. Bajo esa lógica, lo que no es del mundo andino no es boliviano.
Estructuralmente, el proceso de cambio fracasó. No dio solución a las comunidades pobres. Solo enriqueció a la dirigencia. Por eso hoy buscan a las comunidades más pobres para crear enclaves armados. La pobreza no se resolvió: se administró como base de movilización.
Esto no es protesta social. Es golpe de Estado. La otredad revela la naturaleza real de lo que pasa hoy. Cuando un sector define quién es boliviano y quién no, y usa el bloqueo para asfixiar a una ciudad entera hasta doblegar al Gobierno, eso dejó de ser demanda sectorial. Es sedición.
No piden diésel. Piden poder. No cercan por pobreza. Cercan para demostrar que el Estado les pertenece. El evismo diseñó las reglas para que cualquier recambio presidencial sea rehén de la carretera. Eso es un golpe en cámara lenta.Y el narco lo está aprovechando
Tras 20 años de gobierno masista, el modelo económico está quebrado y el narcotráfico penetró el Estado. Hoy, en cada cerco, en cada ruta tomada, hay más que ponchos y chicotes. Hay logística, hay financiamiento, hay territorios liberados. El Narcoestado que heredó Evo no mira el conflicto: lo usa. Un país bloqueable es un país traficable. Cada día de asfixia a La Paz es un día de vía libre en el Chapare y en las fronteras.
De allí que el Mandato a Rodrigo Paz es desarmar la bomba o ser rehén.
Evo cayó. El caudillo se fue. Pero el andamiaje autoritario sigue intacto. Rodrigo Paz no puede gobernar con las reglas que Evo diseñó para eternizarse.
Todos los Vicepresidentes llegaron al poder como "alter ego" sumisos. Todos, tentados por la angurria, traicionaron.
Por eso, Presidente Paz, tu vicepresidente no puede ser tu amigo. Tiene que ser tu fusible. Y tu primera tarea es desarmar la bomba.
Los bolivianos exigen acciones en los próximos días.

30/05/2026

En días pasados tuve el honor de presentar el libro del Ing. Jorge Landívar Roca, cuyo título es “Cómo treparse al poder”. Conozco a Jorge hace más de...

27/05/2026

EJERCER EL PODER: LA HERENCIA ENVENENADA QUE RODRIGO PAZ DEBE DESTRUIR. Rodrigo: “el reloj corre no se detiene”.
EL DESPILFARRO DE 60.OOO MILLONES DE DÓLARES

Por Jorge Landívar Roca

El poder que Evo diseñó para eternizarse hoy asfixia a La Paz: Rodrigo Paz lo desmonta o lo hereda.
La Paz puede quedarse sin comida en 48 horas. Y no es culpa del clima.
El 68% de los alimentos que consume esta ciudad vienen por carretera.
Son rutas que controlan sindicatos agrarios del altiplano. Cuando sube el diésel o cae la papa, no presentan un proyecto de ley. Cercan la ciudad.
Esto no es cultura. Es chantaje logístico. Y tiene autores con nombre y apellido: Evo Morales y Álvaro García Linera.
¿Quiénes son los responsables?: La trampa se firmó en 2009 con la nueva Constitución Política del Estado. Sandra Mallo le preguntó a García Linera si Evo era reemplazable. Respondió que sí, que Evo fue solo un "elemento referencial de unificación simbólica".
Tenía razón. El “evismo” nunca fue ideología. Fue “ingeniería de poder” para sectores excluidos que usaron a Evo como llave.
La prueba está en la Constitución de 2009. Para destrabar la Constituyente, que estaba trabada; Evo y Linera fusionaron en una sola categoría jurídica-social a tres sectores históricamente enfrentados: indígena originario campesino. Sin comas. No fue inclusión. Fue el pacto que creó el Estado Plurinacional y legalizó un modelo autoritario.
Ese modelo, impulsado con apoyo venezolano, ONGs y asesores cubanos y europeos, le dio al vicepresidente un poder obsceno: “preside la Asamblea Legislativa, coordina autonomías indígenas y se sienta en el Consejo de Ministros”.
Evo y García Linera lo diseñaron así para concentrar poder absoluto. Violaron la separación de poderes a propósito. Querían un sistema centralista, sin límites.
Y lo lograron. Así gobernaron durante 20 años.
El fracaso del MAS se dio en todos esos años y nos dejaron un país bloqueable
Los asesores del Socialismo Siglo XXI cometieron un error criminal: unificaron al campo en el papel, pero no resolvieron la tensión real con la ciudad. Le dieron poder territorial con autonomías indígenas, pero no escaños ni presupuesto suficiente.
Como resultado tenemos un campesinado organizado tiene el bloqueo como única herramienta. No tiene parlamentarios que le respondan. La ciudad tiene marchas y cabildos. El campo tiene las carreteras. Y las cierra.
Los cercos de 2024 y 2025 lo demostraron. No fue choque de "temperamentos". Fue conflicto por diésel, cupos de exportación y tierras. El campo usa la carretera porque es su único parlamento. La ciudad depende de esa carretera porque es su despensa.
Tras 20 años de gobierno masista, el modelo económico está quebrado y el narcotráfico penetró el Estado. Esa es la herencia de Evo. Un Narcoestado
Qué se debe hacer? : RODRIGO PAZ, esto no es sugerencia, es un mandato MANDATO
Evo cayó. El caudillo se fue. Pero el andamiaje autoritario sigue intacto. Rodrigo Paz no puede gobernar con las reglas que Evo diseñó para eternizarse.
La historia de Bolivia es brutal con los segundos al mando: Barrientos volteó a Paz Estenssoro en 1964. Jaime Paz abandonó a Siles Zuazo. Tuto Quiroga se distanció de Banzer en 2001. Mesa rompió con Goni en 2003.
Todos llegaron como "alter ego" sumisos. Todos, tentados por el poder, traicionaron.
Por eso, Presidente Paz, tu vicepresidente no puede ser tu amigo. Tiene que ser tu fusible. Y tu primera tarea es desarmar la bomba.
Los bolivianos exigen tres acciones en los próximos 90 días:
1. Una ley corta para reformar y reglamentar el rol del Vicepresidente. No puede presidir la Asamblea y estar en Gabinete. Eso es autocracia disfrazada. Debe separar los poderes o terminarás cómplice de Evo.
2. Representación real para el campo, no más chantajes. Escaños específicos para autonomías indígenas productivas y presupuesto. Si tienen voz en La Paz, no necesitan cercar La Paz.
3. Plan Anti-Asfixia para La Paz. Reserva alimentaria estratégica y rutas alternas de abastecimiento. Que un bloqueo no signifique hambre ni ausencia de salud. Que el citadino no sea rehén.
Lamentablemente Rodrigo Paz no tiene luna de miel
El boliviano del campo es imprevisible porque el Estado nunca le dio otro camino. El citadino no entiende al campo porque vive de él, pero no con él.
Rodrigo Paz hereda ese tablero roto. La Vicepresidencia como están las cosas no debe ser un cargo decorativo. Debe tener la misión de quien evita que la tensión campo-ciudad escale a guerra civil.
No se trata de replicar la autocracia de Evo. Se trata de tener el coraje de destruirla.
Paz tiene 4 años. Pero los primeros meses definen si será presidente o rehén del sistema que juró cambiar.
Sin caudillo, el modelo del MAS se quiebra. La pregunta es: ¿nos dejamos arrastrar en la caída o lo desarmamos antes? Rodrigo Paz, el reloj corre no se detiene.

25/05/2026
22/05/2026

Presentación de mi Libro
𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐚𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫

22/05/2026

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