21/11/2025
Hasta siempre, Sarra. Gran Dirigente de esta Entidad.
Eladio fue uno de esos tipos difíciles de encasillar. Como esas plantas exóticas que, de repente, crecen en medio del bosque con el único propósito de desordenar lo establecido y desafiar el empeño de quien pretenda clasificarlas. Fue parte de una pléyade de hombres que configuraron las estructuras básicas de una ciudad que cambiaba abruptamente. De esos empleados que —habiendo ingresado mediante el sistema de examen— siempre estuvieron orgullosos de pertenecer a la familia municipal. Una rareza difícil de comprender para quienes no vivieron el proceso de desarrollo urbano que experimentó San José hace unos cincuenta años.
Habiendo sorteado una infancia minada por problemas de salud, construyó sobre esa circunstancia un espíritu fortalecido por sus ansias de superación.
Alumno del Instituto Comercial cuando aún funcionaba en la vieja aceitera, se consolidó junto a ese emprendimiento educativo como el resultado de una proeza llevada a cabo por aquellos visionarios que transitaron una época de esfuerzos pulmonares.
Quienes tuvimos la oportunidad de compartir su trato cotidiano, podemos dar fe de su carácter fuerte y decidido. Terco y gritón, puntilloso reglamentarista, y también un obsesivo rotulador de las cosas que lo rodeaban.
Durante más de tres décadas trabajé a su lado como integrante de la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular General Urquiza, y de él aprendí un modo de trabajar que me dio muchísimas satisfacciones. A pesar de que ideológicamente siempre anduvimos por territorios desencontrados, confluimos en un punto en el que aprendimos a respetarnos.
Frontal y apasionado, y gracias a su formación y su capacidad para el estudio y el análisis, las Ligas Independiente y Departamental de Fútbol abrevaron en las aguas de su saber. Destacado dirigente y gran hincha del Club San José, jamás lo escuché hablar mal del Club Santa Rosa, al que respetaba profundamente y en el que cosechó grandes amigos. Seguramente porque su carácter se templó en una época en la que la caballerosidad prevalecía ante las rivalidades más pasionales, y los valores se moldeaban en un contexto de singularidades que hoy, lamentablemente, parecen discurrir por caminos extraviados.
Por su modo tan particular de enfrentar las cosas, fue elegido para estar al frente de dos áreas altamente sensibles dentro de la estructura municipal: Rentas e Inspección. Las comandó durante muchísimos años y debió resolver situaciones complejas a las que nunca les quitó el cuerpo, aunque esas circunstancias a menudo lo dejaran expuesto a severas críticas. En el transcurso de su vida laboral le costaron conflictos de enorme adversidad con personas que, quizás —en otras circunstancias— habrían sido sus amigos. Porque, justo es decirlo, durante décadas su trabajo estuvo lleno de rispideces y fue tremendamente desgastante. Y, aun siendo muy consciente de que sus decisiones inquietaban y disgustaban a mucha gente, hacía lo que entendía que debía hacer, ajustado al propósito de su tarea, y por lo cual se transformó en una pieza clave del quehacer municipal.
El Cine Urquiza fue otra de sus pasiones, y allí dedicó muchísimas horas, dejando momentos memorables al frente de su administración, convirtiéndose en parte de la historia de ese emblemático lugar de encuentro.
Miembro fundamental de las veladas en el patio de la Biblioteca, sembró de anécdotas los recuerdos que quedaron grabados en el cielo de nuestra memoria. Con Cholo y Francisco hicieron de la nocturnidad un espacio sideral —de rumbos inciertos— al que recorrieron de punta a punta en una Break blanca que, generalmente, partía desde el Jockey.
Como testimonio vivo de su paso por este mundo quedan sus hijas y su nieto, y, para la construcción completa de su memoria, todo el amor de su hermana.
Ahora es de esperar que, donde sea que pudiese ser, se haya encontrado con sus padres, a quienes siempre adoró como si nunca hubiese dejado de ser un niño.
Ojalá exista un lugar en el que, algún día, podamos reencontrarnos y continuar con nuestra amistad.
Hasta entonces, cada vez que recordemos a Eladio, inevitablemente seguiremos hablando de Sarrasqueta.