Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable

Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable Municipalidad de Villa Regina

🐶🐱Más de 70 mascotas recibieron la vacuna antirrábica y desparasitación en el barrio Villa Alberdi, en el marco de la ca...
09/10/2023

🐶🐱Más de 70 mascotas recibieron la vacuna antirrábica y desparasitación en el barrio Villa Alberdi, en el marco de la campaña que lleva adelante la Municipalidad de Villa Regina a través de la Dirección de Ambiente en conjunto con la Unidad de Epidemiología y Salud Ambiental Alto Valle Este. Muchas gracias a los vecinos y vecinas de Villa Alberdi por cumplir con la tenencia responsable de sus animales!!!

Mañana comienza la Campaña de recolección de chatarra.
12/06/2023

Mañana comienza la Campaña de recolección de chatarra.

17/03/2023
07/12/2022
Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires queremos conocer cuánto aceite vegetal se consume en Ar...
23/11/2022

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires queremos conocer cuánto aceite vegetal se consume en Argentina. ¡Ayudanos respondiendo esta encuesta! No te llevará más de 3 minutos.

https://forms.gle/zv4iAwZBxtiLrMSv8

El cuestionario es para *todo el país* por lo que se agradece muchísimo su difusión.

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires queremos conocer cuánto aceite vegetal se consume en Argentina. ¡Ayudanos respondiendo esta encuesta! No te llevará más de 3 minutos

22/11/2022

22 de Noviembre
DIA DE NUESTRA FLOR NACIONAL.
La Leyenda de la Flor del Ceibo
Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.
Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo feraz, silvestre, que bañaban las aguas oscuras del río barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba. Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, tanta era la belleza de su canto.
Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo.
Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.
Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil. La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.
La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.
Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado.
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores, rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.
Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe.
Fue declarada Flor Nacional Argentina, por Decreto N°138.974 del 2 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad de nuestro país.

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