10/06/2019
Muy claro!
"Mi hijo de 5 años no quiere dormir solo, ¿qué debo hacer?"
"Mi hija de 1 año y medio toma teta todo el día, ¿cómo se la quito?"
"Mi niño cumplió 3 años y aún no logra dejar los pañales, ¿cómo lo puedo ayudar?"
"Mi niña de 16 meses no camina todavía, ¿debo estimularla?"
A diario recibo inquietudes como estas cuando los niños no alcanzan algunos "hitos" que nuestra cultura indica que a cierta edad "ya deberían". Los padres realmente se preocupan, se angustian, creyendo que algo no está bien, que ellos no lo están haciendo bien, o que algo con sus hijos no está marchando bien.
Buena parte de todos estos miedos tienen su base en la gran desconfianza y desconocimiento que tenemos sobre el desarrollo natural, autónomo y las capacidades propias de los niños. Parece existir una idea de que estamos criando "niños-planta", a los cuales si no los "regamos", no crecen. Y cuando hablamos de "regar" nos referimos a intervenir, a quitar, a forzar, a apurar procesos que, como seres únicos que son, tienen también tiempos únicos.
"El niño de mi vecina dejó los pañales a los 2 años". ¿Y? ¿Acaso se va a ganar un premio por eso? ¿Es algo que le preguntarán en alguna entrevista laboral cuando sea mayor y que le representará una ventaja frente a otros postulantes? ¿Qué tiene de positivo (más allá del ahorro en pañales)? Vivimos en la cultura del "cuanto más rápido, mejor". Dejar los pañales, dejar el pecho, dormir la noche de un tirón y en su propia habitación... y por sobre todo, creemos que si nosotros como adultos no hacemos algo al respecto, nuestro niño no evolucionará. ¿Tan omnipotentes nos creemos? Al igual que el tiempo, la evolución no se detiene. Pero es que tenemos tanto miedo a no tener todas las cosas bajo control... La sociedad nos marca que los niños son subordinados de los adultos y por lo tanto, los adultos debemos poner y sacar fichas para moldear y marcar el comportamiento y el crecimiento de nuestros hijos.
¿Cómo es eso de que se desteten cuando ellos quieran? ¿Que se vayan de la habitación de los padres cuando ellos lo decidan? ¿Que usen pañales hasta que no los necesiten más? Los "niños-planta" no pueden tomar decisiones, no. Los adultos debemos tomarlas por ellos en el afán de que hagan las cosas dentro de los tiempos que nos demanda el pediatra, el jardín o la tía. Entonces nos montamos en luchas cotidianas por destetarlos cuando no están listos, por quitarles los pañales cuando aún no están preparados, por mandarlos a dormir solos cuando todavía necesitan nuestra compañía. Tenemos TERROR A PERDER EL CONTROL en la crianza de nuestros hijos. De cederle el mando de estos procesos a ellos. De cometer errores gravísimos de los cuales no tengamos retorno.
Qué desperdicio. Nos pasamos gran parte de la crianza de los primeros años trazando estrategias cual jugadores de ajedrez y nos perdemos de mirar a nuestro hijo, a nuestro propio hijo, sin compararlo con ningún otro. De respetarle sus tiempos, sus necesidades, el compás que marca su evolución personal, única, individual.
Patologizamos tanto la crianza... vemos desórdenes, trastornos, retrasos, dificultades donde muchas veces, seguramente la gran mayoría, no las hay. Sólo hay un niño creciendo, aprendiendo, descubriendo, desafiándose a sí mismo. Pero no. No podemos esperar, observar, acompañar, ¡respetar!. Tenemos que intervenir. Siempre tenemos que intervenir porque sino los "niños-planta" se nos secan y ahí se quedan.
Qué locos estamos. Qué poco respeto por ellos, por su integridad, por su salud emocional. ¿A qué le tenemos tanto miedo? Sí, criar hijos es una enorme responsabilidad, sin dudas. Pero muchas veces lo padecemos en vez de disfrutarlo. Sí, la crianza nos hace replantearnos miles de cosas, miles de veces, tomar decisiones, apostar. Muchas veces acertaremos y otras nos equivocaremos. ¿Pero cuánto más nos permitiremos seguir escuchando las voces del afuera, esas que oprimen, que nos preocupan, que nos hacen dudar de nuestras propias capacidades y criterio como padres? ¿Cuántas veces presionaremos para que el curso de todas estas cosas responda a los tiempos que algún "experto" nos marca, aún cuando en nuestro interior sentimos que nuestro hijo padecerá esos intentos por ir en contra de sus tiempos, de su fisiología, de su naturaleza?
Pongámoslo de otra manera. Si temas con el destete, el sueño, el desarrollo motor, el control de esfínteres -entre tantos otros- suelen ponerse sobre la mesa en el marco de preocupaciones y necesidades de "hacer algo" porque los niños, en su mayoría, no están cumpliendo con la expectativa que tenemos los adultos de cuándo es que estos aspectos del crecimiento deberían ocurrir, ¿no será que lo que están equivocadas son precisamente nuestras expectativas? Que si muy pocos niños dejarán por propia voluntad el pecho a los dos años, que si muchos niños llegan a los 3 años y aún no tienen un pleno control de sus esfínteres, que si la mayoría de ellos suele preferir dormir acompañados de sus padres aún siendo "grandulones" de 4, 5, 6 años... ¿no será que entonces los tiempos naturales en los que los niños maduran estas cuestiones son decididamente otros que los que como adultos, como sociedad, solemos imponerles? ¿Tan equivocada puede estar la naturaleza de los niños?
¿Y si mejor nos animáramos a esperar, a observar, a seguir el camino que ellos nos van mostrando? En este mundo tan apurado, qué lindo sería poder tomarnos la crianza con calma. Dejarlos creer en paz, con nuestra mirada amorosa, nuestra guía, nuestra compañía y sin las presiones ridículas e infundadas que nuestra loca cultura nos pretende imponer. Ufffff ¿y cómo se hace cuando el resto del mundo patea en contra? Se hace con convicción, pasito a pasito, buscando opciones y entornos que acompañen. Y principalmente, se hace dentro de la intimidad de cada hogar, buscando empujar un poquito la frontera cada día, informándonos primero y luego compartiendo esa información con las personas que forman parte del microuniverso de cada una de nuestras familias.
¿Utopía? Puede ser. Pero tal vez haya cada vez más "locos" como nosotros. Y las próximas generaciones tengan la suerte de vivir desde su infancia temprana un respeto que muchos de nosotros no tuvimos y que muchos de nosotros tampoco tenemos hoy por los niños que estamos educando. Ojalá nos animemos a criar sin miedo. Ojalá dejemos de criar "niños-planta" y criemos niños cada vez más felices, confiados y con la mayor autoestima que puedan desarrollar. Porque confiamos en ellos primero. No debería ser tan difícil.