02/02/2026
El sufrimiento psicológico no es solo una cuestión individual ni un problema que pueda explicarse únicamente desde lo emocional o lo clínico.
La evidencia muestra de manera consistente que las condiciones de vida —el trabajo, los ingresos, la vivienda, el acceso a derechos y la desigualdad social— influyen profundamente en la salud mental de las personas y de las comunidades.
La incertidumbre económica, la precarización laboral, el hacinamiento o la falta de redes de apoyo generan estrés crónico y desgaste emocional, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión y otros padecimientos de salud mental.
Además, vivir en una sociedad que está cada vez más atravesada por la polarización, la confrontación permanente y la ruptura de los lazos sociales genera, también, un gran desgaste emocional. La fragmentación social debilita factores protectores fundamentales como la confianza, el apoyo y el sentido de pertenencia, impactando directamente en la salud mental.
Por eso, pensar la salud mental implica ir más allá de la responsabilidad individual y reconocer los determinantes sociales que producen y sostienen el sufrimiento.
Cuidar la salud mental es también construir condiciones de vida dignas y fortalecer los lazos comunitarios que garanticen la ampliación de derechos.
La salud mental se construye y se cuida en comunidad.