29/05/2020
Como integrantes del Frente de Todos y como vecinos de Sunchales, queremos manifestar nuestra profunda preocupación, ante la serie de acontecimientos que se vienen registrando en la ciudad .
Creemos que es necesario empezar a dar otro enfoque a la temática de la inseguridad.
La seguridad viene siendo tema de la comunidad desde los años 90. Y si bien el tratamiento tuvo varias etapas y diversas propuestas de solución, hubo una “solución” a la que se recurrió una y otra vez: más efectivos policiales; nuevos “tipos de fuerzas”, más móviles, más tecnología al servicio de la vigilancia y el control.
El resultado fue –ya lo sabemos- que la problemática no hizo más que agudizarse. Y hasta hubo que asesorar a la población para poder hacer reclamos por abuso de autoridad. Sin embargo, vemos que se vuelve una y otra vez sobre el mismo tipo de respuesta. ¿Es que no se nos ocurre que si queremos otros resultados deberíamos activar otros mecanismos?
Si la inseguridad y la delincuencia no hacen más que crecer exponencialmente en una ciudad de estas dimensiones; ¿no es un indicador –en sí mismo- de otros problemas? ¿no nos cabe alguna responsabilidad? Estas personas que se han criado aquí, y han transitado por varias y diversas instituciones de la ciudad, ¿no hablan también de la ciudad? Y si no han transitado por ninguna, ¿no hablan también de la ciudad?
Esto nos lleva al terreno de las políticas públicas. ¿Apuntan a la prevención? ¿Son inclusivas? ¿Están orientadas a garantizar derechos? Entonces: ¿cuál es el presupuesto (en personal calificado, en recursos materiales, en infraestructura, etc) que se destina a las dichas políticas públicas? Esto también habla de la ciudad que somos.
Tenemos varias instituciones que en distintos momentos de nuestra historia como comunidad se crearon con la finalidad de contener a una u otra franja etárea de la población; a una u otra problemática; a una u otra necesidad. Las hay públicas, las hay religiosas, las hay en vecinales, etc. Sin embargo, es siempre difícil reunir gente para integrar las comisiones de trabajo. Y además –triste es decirlo- se nota más una tendencia a competir que a articular entre estas instituciones. Y esto: también habla de la ciudad que somos.
Párrafo aparte merece , el tratamiento que los medios hacen de la inseguridad. Algunos “comunicadores” dan a esta y otras temáticas igualmente delicadas –como la violencia doméstica, el abuso o los femicidios- un tratamiento sumamente irresponsable. No se puede publicar, cualquier cosa; ni presentarla de cualquier manera (hay leyes al respecto, y hay opciones de formación gratuita disponible on line)). No es saludable ni serio recurrir permanentemente a la conjugación en potencial (habría; estaria; seria; etc) , ya que eso básicamente desinforma, genera prejuicios, llena de miedos a la población y siembra profundas desconfianzas. Y sobre esa base que construyen algunos medios ¿es posible la reflexión, es posible el pensamiento, es posible el diálogo?.
Y además faltan preguntas. Y faltan voces. Porque –hay que decirlo- casi nadie en nuestro medio hace precisamente periodismo de investigación. Entonces: ¿es posible construir ciudadanía con estas herramientas?
En otro orden de cosas, abre perspectivas interesantes la concreción de una fiscalía para Sunchales. Lo cual nos lleva a poner la mirada en -al menos- otras dos cuestiones. Una es la institución policial; y otra es el sistema carcelario.
La institución policial está cada vez más separada de la sociedad civil, y fuera del alcance del control de la ciudadanía, lo cual - entre otras cosas- impide construir un vínculo de confianza en su autoridad. No alcanza con que algunos policías sean honrados y transparentes cuando toda la institución, claramente se ha visto atravesada y dañada -por ejemplo- por el accionar de años del narcotráfico en la provincia.
Creemos que la policía en tanto institución, debería ser parte de la red de instituciones locales de prevención y contención social. Para esto, es necesario pensar en profundas reformas para la policía. Y esto abarca desde la formación de sus miembros, hasta la posibilidad de que el cargo de comisario sea resultado del voto de la ciudadanía, pasando por el hecho de que el control sobre el accionar de la fuerza no esté en manos de la propia fuerza, sino fuera de la misma –es decir en manos de la ciudadanía a través del organismo que se cree a tales efectos (todo lo cual ya existe y es práctica común en muchos países del llamado “primer mundo”).
No menos importante es pensar en el sistema carcelario. Porque estamos de acuerdo que los delitos han de pagarse. Pero también recordamos que “las cárceles han de ser para rehabilitación y no sòlo para castigo”. Claramente, no es ésta la función que las cárceles vienen cumpliendo. Y no es lícito decir que no nos interesa el tema. Porque constantemente pedimos cárcel para los delincuentes; pero olvidamos que una vez cumplida la condena, de la cárcel se sale y se regresa a casa. Con lo cual, sinceramente: ¿qué tipo de sistema carcelario queremos? ¿Queremos un sistema carcelario que nos devuelva una persona rehabilitada? ¿O queremos un sistema que agudice e incremente el problema? ¿Es posible pensar en estadíos intermedios que eviten y prevengan el ingreso al sistema carcelario? Este es un debate ineludible si de verdad queremos empezar a pensar en el tema de la seguridad.
Por todo lo dicho, si queremos realmente pensar en una ciudad segura debemos pensar en políticas públicas inclusivas, en personal capacitado para llevarlas adelante, en prioridades presupuestarias, en justicia social, en un sistema articulado de prevención, en la responsabilidad social de los medios de comunicación y en las reformas necesarias de las instituciones que tenemos. Y en cada uno de estos aspectos debemos pensar cuál es el aporte que nos corresponde hacer.