17/10/2016
El 17 de octubre de 1945 es conocido
como el Día de la Lealtad. A raíz de una
gran movilización obrera y sindical que
exigía la liberación del coronel Juan
Domingo Perón, quien desde la
Secretaría de Trabajo y Previsión Social
creada a su pedido, promovió los
derechos de los trabajadores. Se
considera como el día en que nace el
peronismo.
Antecedentes históricos: Los días de
octubre
Bajo Un enfrentamiento entre Perón y el
general Eduardo Ávalos, jefe de la
poderosa guarnición de Campo de Mayo
es dirimido mediante una votación de los oficiales superiores que decide exigir la renuncia de Perón, que
en esos momentos ejercía simultáneamente los cargos de vicepresidente de la nación, secretario de
Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, decisión aceptada por Perón, quien renunció al día siguiente
a todos sus cargos.
El 10 de octubre en el momento que Perón deja el despacho, la CGT realiza un acto en la esquina de las
calles Perú y Alsina. Perón pronuncia ante los allí reunidos un famoso discurso en el que detalla un
avanzado programa de reivindicaciones laborales. El 11 de octubre Ávalos asumió el cargo de Ministro
de Guerra y esa noche se realizó en el Círculo Militar una reunión de casi 300 oficiales, entre los que se
contaban unos 20 de la Marina, en la que se debatió el rumbo que se debía seguir. La asamblea decidió
enviar una delegación a entrevistarse con Ávalos y, en realidad, los únicos puntos sobre los que habían
concordado era pedir la inmediata convocatoria a elecciones, la designación de ministros civiles, el
levantamiento del estado de sitio y la detención y procesamiento de Perón.
El 12 de octubre luego de recibir a la delegación militar Farrell solicitó la renuncia de todos los
ministros, salvo Ávalos, y designó a Vernengo Lima como Ministro de Marina. Perón y Eva se fueron en
automóvil en la madrugada del jueves 11 con "Rudi" Freude, hijo de un amigo suyo, y Juan Duarte hacia
San Nicolás primero y a una isla del Delta después, dejándole dicho a Mercante que si era preguntado no
ocultara su paradero.
El 12 de octubre el presidente Farrell ordenó la detención de Perón. Una vez detenido el diario Crítica
salió a la calle con el siguiente título en primera plana: PERON YA NO CONSTITUYE UN PELIGRO
PARA EL PAÍS.
El 15 de octubre la FOTIA declaró en Tucumán una huelga general, y esa misma noche hicieron lo
mismo varios sindicatos de Rosario, exigiendo la libertad de Perón. Los obreros de la carne de Berisso
se movilizan masivamente y el 16 de octubre entran en Ensenada. Lo mismo ocurría en Valentín Alsina,
Lanús, Avellaneda y otras localidades del sur del Gran Buenos Aires. También al mediodía del 16 los
obreros ferroviarios de Tafí Viejo habían abandonado los Talleres
Perón, alegando problemas de salud, consiguió que lo a trasladen al Hospital Militar, en el barrio de
Palermo de la ciudad de Buenos Aires, adonde llegaría en la madrugada del 17.
Miércoles, 17 de octubre de 1945
En la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque
Patricios y de los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus
alrededores. Fue muy importante el número de trabajadores que salió de Berisso, localidad cercana a La
Plata donde había importantes frigoríficos, en la que estuvo muy activo a favor de la movilización el
dirigente gremial Cipriano Reyes. Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban
recorriendo los establecimientos vecinos incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos
para luego marchar coreando consignas en favor de Perón por las calles principales hacia el centro de la
Capital Federal. La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado
agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que
mientras marchaban retroalimentaban el movimiento.
Inicialmente la policía levantó los puentes sobre el Riachuelo que son el paso obligado hacia la Capital
para quienes provenían de la zona sur (Avellaneda, Lanús, Quilmes, Berisso, etc.). Algunos
manifestantes cruzaron a nado o en balsas hasta que, más tarde, los puentes fueron bajados. La policía,
claramente favorable a Perón, no obstaculizó la marcha e incluso algunos de sus integrantes
intercambiaron expresiones de simpatía con los manifestantes, cuyas consignas nada tenían que ver con
el reclamo de la CGT sino que expresaban su apoyo a Perón y la exigencia de su liberación.
El presidente Edelmiro J. Farrell mantuvo una actitud prescindente. El nuevo ministro de Guerra general
Eduardo Avalos confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola pero al comprobar que, por el
contrario, era cada vez más numerosa, accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tuvieron
una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para
tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y pediría que se retiraran y por otra parte el gabinete
renunciaría en su totalidad y Avalos solicitaría su retiro.
A las 23:10 Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno. Agradeció su presencia, recordó su labor en
el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los
trabajadores y, finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz.