22/11/2024
Un cuento para el día de la música:
Había una vez, en un tiempo no muy lejano, un árbol llamado Atahualpa que vivía en el gran y hermoso valle del Cerro Colorado, Córdoba. Atahualpa era un árbol lleno de vida y su única familia eran sus amigos, seis hermosos pájaros que vivían junto a él. El Zorzal, Benteveo, Cardenal, Hornero, Charata y Carpintero. Eran muy felices con su vida en el valle, Atahualpa pasaba horas y horas escuchando cantar a sus amigos que se posaban sobre sus ramas, pero también se entristecía por no poder cantar junto a ellos, porque solo era un árbol.
Una tarde de otoño, Atahualpa se despierta de su siesta y escucha unos pasos sobre las hojas caídas: - ¿Quién anda ahí? - pregunta el árbol asustado. Una señora se acerca hacia él: - Mi nombre es Musa, soy la reina de un mundo mágico y estoy buscando una madera especial, tal vez no lo sepa, pero usted es un árbol de madera mágica. Quisiera que venga a conocer este reino. Atahualpa un poco confundido empieza a pensar, porque extrañaría mucho a su familia y su hogar, pero también estaba fascinado con la idea de conocer ese mundo. - Está bien, iré con usted señora Musa, pero como condición dejaré caer una semilla para que el valle no quede tan vacío sin mí. Atahualpa con tristeza comienza a despedirse de sus amigos los pájaros, pero el Zorzal muy enojado vuela hacia aquella señora: - Si se lleva a nuestro amigo Atahualpa, nosotros iremos también. - Claro que sí, ustedes son parte de esa magia, pueden venir - les dijo Musa. Esa tardecita de otoño, Atahualpa y sus amigos partieron hacia quien sabe dónde. Pasaron días y días, pero nada se sabía de ellos. Hasta que una mañana el árbol despertó sobre una cama. Atahualpa quedó muy asombrado cuando pudo darse cuenta de lo que había sucedido. El ya no era más un árbol, se había transformado en una hermosa y flamante guitarra. Pero de la sorpresa pasó rápidamente a la tristeza cuando pudo notar que sus amigos ya no estaban junto a él. Comenzó a llorar y llorar. Pasaron largas horas, largos días, largas semanas y de esa hermosa guitarra no se emitía sonido alguno. Solo había silencio. Hasta que un día, Atahualpa empezó a sentirse muy extraño, sus cuerdas se estaban moviendo como locas y una dulce voz le habla desde su interior: - ¡¡ Hola Atahualpa!! Somos tus amigos, no nos puedes ver, pero si nos puedes escuchar. Vamos a darle vida a tus compañeras las cuerdas con nuestro canto, y ¿sabes que amigo? ¡ Ahora vas a poder cantar junto a nosotros porque somos un equipo! Atahualpa se emocionó hasta las lágrimas cuando su madera vibró por primera vez gracias al canto de sus amigos los pájaros y logró entender la magia de ese nuevo mundo, ¡la música!. Fueron muy felices sonando juntos y conocieron a un gran señor que los llevó a recorrer lugares maravillosos, paisajes y caminos eternos, con muchos pájaros, árboles y lunas gigantes. Ese señor, se llamaba Yupanqui.
Daniela Velzi - 2/06/2018