25/10/2024
¡Me Gusta la Grieta!
Lo lamento por ustedes, los que prefieren cerrar los ojos y hacerse los distraidos, ante las barbaridades de este gobierno, pero a mí, la grieta me encanta.
Me gusta que exista un abismo entre quienes acumulan fortunas
y odian pagar impuestos, y quienes creemos en un país justo e inclusivo para todos.
Celebro la grieta que me separa de aquellos
que piensan que niñas de 12 años “se embarazan” para cobrar un plan, y de quienes creen que los subsidios solo sirve para mantener vagos y planeros. Esa grieta es la trinchera entre la empatía y la indiferencia.
Me llena de orgullo estar a un abismo de quienes dicen, sin siquiera avergonzarse, que "el Estado es el pedófilo en el jardín de infantes con nenes encadenados y bañados en vaselina",
o que la coparticipación es como un "adicto a la violación
que ataca a tus hijas". Aberrante, oscuro, espantoso, innecesario por donde se lo mire. Porque esa grieta no es solo un abismo, es una frontera ética.
Defiendo la grieta que me aparta de quienes ven en la educación pública, libre, gratuita y de calidad, como un privilegio y no como un derecho basico innegociable, de los que creen que privatizar la salud es la solución mientras nuestros jubilados y enfermos terminales siguen esperando remedios que nunca llegan. Esa grieta separa la justicia social de la insensibilidad,
Me enorgullece la grieta que me separa de quienes, con desprecio,
hablan de destruir la industria nacional, de privatizar la ciencia y la tecnología, como si el CONICET, el INVAP, la CNEA y YPF fueran problemas en lugar de símbolos de soberanía, futuro y orgullo nacional.
Quieren vender lo que tanto nos costó construir, lo que nos define,
lo que marca la independencia de un pueblo que se niega a ser sometido.
Me da fuerza la grieta que divide a los que creen
que un salario digno para nuestros docentes universitarios
es un gasto innecesario, de quienes sabemos que la educación
es la base de una sociedad justa.
Me da fuerza la grieta que separa a los que ven en la cultura
una amenaza, de los que creemos que es la esencia de nuestra identidad, el espejo en el que nos miramos para entender quiénes somos y hacia dónde vamos.
No es lo mismo destruir que construir,
no es lo mismo despreciar la memoria que honrarla,
no es lo mismo vender el futuro que luchar por un presente digno.
No es lo mismo elegir un discurso de odio y vulgaridad
que defender un Estado presente,
que esté al lado de quienes más lo necesitan.
Me gusta la grieta que separa lo claro de lo oscuro,
lo fértil de lo estéril, la solidaridad del egoísmo,
el amor por el pueblo del amor por el mercado.
Esa grieta está, y está bien que esté,
porque del otro lado hay un pueblo que resiste, que no olvida,
que lucha por sus derechos, que no renuncia a la dignidad.
Yo elijo quedarme en esta trinchera,
del lado de quienes creen en la justicia, en la memoria,
en la igualdad, en la educación pública, en la salud para todos,
en la industria nacional y en un futuro colectivo.
La grieta no es el problema, el problema es lo que está del otro lado.