02/07/2015
Como no compartir!! si estamos planteando cuestiones esenciales de manera coincidente: ahi va el texto de un referente partidario.
Juan Manuel Casella
Aviso: Este papel de trabajo está pensado para circular dentro del Partido, sin exteriorización mediática y con el propósito de iniciar un debate que me parece imprescindible. Como decimos en el texto, creemos que hay que plantear este debate antes de las PASO, para no aparecer como oportunistas, sea cual fuere el resultado
HAY QUE VOLVER A EMPEZAR
La UCR atraviesa una crisis de dimensiones colosales que perjudica de manera notable su capacidad de influir sobre las decisiones sociales. Dispersa, sin estrategia, postergando la defensa de sus valores básicos, el partido parece funcionar nada más que como una maquinaria electoral organizada para proteger los intereses de cierta dirigencia cuyo principal objetivo consiste en ocupar cargos públicos, apelando a cualquier tipo de alquimia aliancista. Nos consta que muchos militantes poseen sincera vocación política, además de auténtica identificación con las ideas del radicalismo, pero un sector cada vez más importante de la opinión pública -especialmente en el Gran Buenos Aires y entre los jóvenes- nos ve como un soporte de candidaturas que sólo sirven a las ambiciones y los intereses de algunos políticos que, por otra parte, se eligen y se suceden a sí mismos. De ahí a la insignificancia hay un solo mínimo paso.
La cuestión de fondo consiste en que por ese camino, la UCR ha diluido su identidad y perdido una parte substancial de su representatividad. La búsqueda del resultado electoral como fin en sí mismo la llevó a aceptar componendas que la vaciaron de contenido, extraviándola por rumbos ajenos a su origen y su trayectoria histórica, siempre identificada con la causa popular. Con toda claridad, la búsqueda de la supervivencia electoral a cualquier precio comprometió su inserción social: como era previsible, esa manera de buscar el voto nos alejó de la gente.
Por supuesto, los partidos deben competir por el poder y para hacerlo, las alianzas electorales son un instrumento útil. Pero deben estar constituidas por organizaciones ideológica y culturalmente afines, apoyadas en propuestas coherentes, bien pensadas e inspiradas en el bien común. Esa será la única manera de reconquistar influencia social para así poder gobernar después de ganar. La pobreza del debate actual demuestra en qué medida preocupante la competencia electoral dejó de lado las ideas para limitarse a la mera táctica de conveniencia coyuntural.
Los partidos políticos, concebidos como instrumento de vinculación dinámica entre la sociedad y el Estado, son una de las bases del buen funcionamiento democrático, pero hoy padecen un notorio desprestigio. El sistema político argentino está desvalorizado y contaminado por intereses personales o sectoriales que operan para la instalación de oligarquías dispuestas a capturar el poder como si fuese su propiedad privada. Hay demasiados dirigentes -especialmente en el gobierno- incapaces de resistir la tentación del dinero. Las maniobras crudamente electorales comprometen a la UCR, le quitan intensidad moral y la debilitan para impedir esa deriva oligárquica. El trato humillante y desconsiderado otorgado por los socios actuales es un signo evidente de su soberbia pero más que nada, de la debilidad del radicalismo.
Hay que volver a empezar. Los radicales debemos recuperar inserción social, a partir de un programa moralmente íntegro, conceptualmente sólido y operativamente moderno y eficiente, que también servirá para recuperar un sistema político que ha dejado de ser tal, como resultado del individualismo desarticulador y del vacío ideológico. Nuestro objetivo central debe volver a ser la defensa de la libertad en el marco de la mayor igualdad posible. Para ganar elecciones y luego gobernar efectivamente, hay que terminar con las maniobras electorales de puro contenido especulativo. Con ideas y actitudes claras y con confiabilidad étíca, la UCR volverá a ocupar su espacio en el corazón y en el pensamiento del pueblo. La reivindicación de nuestra definición social demócrata –que no podemos conceder a los falsos relatos- debe ser una etapa central en ese trayecto.
Nos importa dejar constancia de nuestra posición antes de las PASO, porque este planteo no es oportunista ni depende del resultado bueno o malo de esa consulta. Por supuesto, vamos a votar por el candidato de la UCR y trabajaremos por él, pero estamos convencidos de que, si no afrontamos con rapidez y energía la crisis que denunciamos, la democracia argentina perderá capacidad de convocatoria y movilización, solidez conceptual y auténtica vigencia más allá de lo formal.
Avellaneda, 29 de Junio de 2015. JUAN MANUEL CASELLA