Como hablar de las cosas de uno...Desde adentro los ruidos son música, el olor es aroma, el gusto es sabor, el viento es caricia y un atardecer marrón y rojo separado por un hilo plateado, un privilegio solo para Rosarinos Como hablar de las cosas de uno...
Desde adentro los ruidos son música, el olor es aroma, el gusto es sabor, el viento es caricia y un atardecer marrón y rojo separado por un h
ilo plateado, un privilegio solo para Rosarinos. Posee el misterio y la mística de una ciudad sin fecha de fundación, por eso los rosarinos decimos con orgullo que se hizo con el esfuerzo de su gente, a la orilla del Paraná, un río marrón que se parece a un mar pero con textura espesa y sabor dulce. . Signos de identidad que han llevado a Rosario por el terreno del mito, atrayendo gentes del mundo con ganas de iniciar nuevos sueños, historias de barcos, desarraigo, baúles, maletas de cartón cargadas con pocas pertenencias y mucha esperanza. La modernidad fue testigo de una ciudad de identidad dudosa, pero de impronta pujante, vocación confortable, de trabajo y prosperidad. Cordón industrial, ferrocarril y bares lácteos. Profesionales liberales, lecheros puerta a puerta y nocheros de oficio. La Rosario de hoy, tiene tantos contrastes como diversidades. Ciudad de artistas, ciudad de espacios híbridos, de macrotiendas, galerías comerciales, shoppings, ocio organizado, gastronomía variada y paseos domingueros, parques, multicines, sol, teatros, ferias y pescados... el río, siempre el río, hoy, por suerte, mas disfrutado que contemplado. Aquí todo tiene escala humana, todo nos queda "al toque", recorremos la ciudad de un extremo a otro "de un pique". Es que Rosario es una ciudad de amores cercanos, de luna de agua, de burbujas y festejos a cada momento, de llamados que conmueven y silencios que inquietan. De accesos rápidos y partidas lentas, de mentalidad práctica y emociones tangueras. Los que somos "de acá" hacemos un culto de las letras y la conversación, hasta estiramos las palabras para que se nos queden un poquito más. Y si creemos que los sueños eligen a sus soñadores es porque esta ciudad es cuna de artistas imposibles. No importa cuan lejos estés, porque ya sabés "Rosario siempre estuvo cerca".