24/01/2022
Empoderar a la persona con discapacidad en el ejercicio de sus derechos y trabajar en la comunidad para que reconozcan y cumplan esos derechos, es hoy en día, una premisa básica. Esto se logra por una parte con oportunidades laborales. Pero por otro lado se
consigue capacitando a la persona con discapacidad. Ahora bien, capacitar para un trabajo no basta con formarse para desarrollar un oficio. Para lograr una verdadera inclusión laboral se requiere preparase, también, en ciertos aspectos laborales que hacen al
buen desempeño en su accionar, tales como el uso de un vocabulario especifico, el buen trato, la responsabilidad, la organización, etc. Si tenemos en cuenta que las situaciones laborales cotidianas se encuentran cargadas de acontecimientos inesperados, pequeñas
situaciones a resolver, imprevistos, resulta entonces necesario el trabajo con escenarios y dramatizaciones que permitan a los sujetos pensar cómo podrían abordarlas.Por esta razón es que consideramos importante establecer espacios complementarios de
formación, donde se trabajen aspectos laborales otorgando un lugar intermedio entre la construcción de una identidad como sujeto trabajador adulto y el desarrollo del trabajo como experiencia anclada en tiempo y espacio. Sólo nos cambia aquello que nos toca
profundamente, aquello que se produce con la experiencia. Mediante estos espacios se procura vivenciar situaciones laborales lo más parecidas a la realidad posible. Para eso se escenificaran entornos como si estuviéramos trabajando en una empresa, negocio, etc, a los efectos de lograr recrear el clima de un trabajo, con las circunstancias propias de cada perfil laboral. No desde un orden disciplinario sino a partir de la comprensión de la importancia de ser responsable para conservar un puesto de trabajo en el tiempo. Muchas veces en el afán de “proteger” se termina sobreprotegiendo y anulando a la persona con discapacidad. Pensamos por ellos…actuamos por ellos.
Por otra parte, el abordaje de la organización en el tiempo permitiría que los jóvenes puedan anticiparse, prever por ejemplo, horarios de colectivos, pensar el horario en que deberían
levantarse para desayunar y llegar a horario. Entendiendo que las situaciones laborales se caracterizan por normas, rituales, costumbres y exigencias, las prácticas prelaborales constituyen un pilar fundamental de la formación. Se apela también
a la reflexión, desnaturalizando la significación negativa que se le carga a quien pregunta porque no conoce. Si no pregunto ¿cómo aprendo?
En fin, este es nuestro aporte, desde nuestro lugar como profesionales, como formadores. Obviamente que aún queda por tratar cómo abordamos la inclusión laboral con la comunidad, con las empresas, con los pequeños negocios. Pero eso ya es tema parta otro artículo…
A seguir incluyendo…. Siempre.