15/10/2020
“Sueño con el día en que pueda hacerle una entrevista a mi hijo”
Por ekdesman
La periodista María Julia Oliván se define como “una mujer hecha a mí misma”. Su desfachatez, profesionalismo y perseverancia le dieron un lugar importante en los medios de comunicación de Argentina. Desde antes de terminar el secundario, sabía que su pasión era buscar historias en la calle y contarlas. Trabajó con grandes referentes del periodismo nacional, participó en programas icónicos de televisión y radio y escribió en diversos diarios y revistas.
Hace un tiempo, su vida dio un giro de 360 grados. Decidió renunciar a su trabajo habitual para dedicarse a acompañar a su hijo, Antonio, que tiene un diagnóstico presuntivo de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, no dejó la profesión: se reinventó. Actualmente dirige su propio portal, Border Periodismo, participa del programa semanal La Cornisa, junto a Luis Majul, y recientemente fue incorporada al magazine Mujeres de eltrece, producido por LaFlia.
En una entrevista exclusiva con Contacto, Oliván habla de su infancia, su familia, el aislamiento social, preventivo y obligatorio y de sus sueños.
¿Cómo te estás llevando con el aislamiento?
Bancándola como todos los argentinos, con subidas y bajadas. Algunos días salgo a trabajar, pero estoy casi todo el tiempo en mi casa. Se presentaron algunas dificultades, tal vez por las terapias de mi hijo, que hasta que logré rearmarle un grupo de profesionales fue un poco estresante, pero ya está encaminado.
De todo lo que tuviste que modificar del día a día en esta cuarentena, ¿qué fue lo que más te sorprendió?
Estar todo el día con mi hijo y trabajar a la par; eso me parecía imposible. Siempre usaba el tiempo en que él estaba en el jardín para trabajar y ahora, por ejemplo, trabajo en mi computadora y me pongo frente a una ventana desde donde lo pueda ver mientras él juega afuera. Siempre pensé que no podía hacer las dos cosas y evidentemente lo estoy logrando. También le tenía miedo a la convivencia 24 horas con mi marido, así que eso es otro desafío para todos, pero nos sirvió para crecer un montón. Tuvimos nuestras crisis, por supuesto, pero vamos avanzando y nos hicimos más fuertes con todo esto que pasó.
¿Antonio cómo está?
Él está re contento y muy rebelde conmigo. Es muy bueno, pero en esta cuarentena realmente las terapeutas cognitivo conductuales, que son las que marcan más las conductas, no quisieron hacer terapias domiciliarias, entonces empezó a oponerse, a quejarse. Es bastante complicado de llevar, porque todo lo que yo le digo es “no, no, no”. Es toda una lucha permanente. Con las otras terapeutas que vienen a casa es un amor. Todos salen fascinados con él; conmigo es el tema, digamos (risas).
Cumplió años durante los primeros meses de la cuarentena…
Cumplió cuatro años. Me doy cuenta que extraña a sus amigo porque cuando salimos caminando y pasa un perro por la calle lo corre, que antes ni loco le daba bolilla. Vienen a entregar un paquete y le da la mano al repartidor. Estamos tratando de encaminarlo, siempre con la ayuda de las terapias, porque es imposible sin ellas. Esto no está pasando con todos los chicos con autismo y es una preocupación que siempre manifiesto, porque la mayoría de los terapeutas, incluso los que tienen orden domiciliaria, no están yendo a los domicilios, aunque hay una autorización del gobierno para hacerlo. Está complicando a muchos nenes y padres.
¿Qué es lo primero que te gustaría hacer cuando se termine el encierro?
Me gustaría juntarme con amigos a cenar en un restaurante o en mi casa, pero ver gente, incluso con la familia, con amigos con hijos. Pasar un rato agradable y que los chicos también estén juntos. Ya estoy empezando a sentir esa “soledad”, aunque me comunico mucho por teléfono. Eso es lo primero que voy a hacer.
¿Cómo fue tu infancia?
Mis padres eran comerciantes en Monte Grande. Tuve una infancia de acompañar su trabajo. A mi papá le gustaba mucho leer y la música y fue un poco lo que me llevó para el lado del periodismo. Teníamos un vecino periodista con el que siempre me mandaba a hablar. Por otro lado, mi papá era muy solidario y siempre que veíamos personas que vivían en la calle o que necesitaban ayuda me mandaba a hablar con ellos, a llevarles comida, desde chica. Mi mamá me impulsó mucho a ser independiente, a moverme, a saber hacer trámites. Me acostumbré a vivir mi infancia y mi adolescencia con mucho contacto con gente de distintos sectores en la calle y sabiendo manejarme.
¿Qué te motivó a incursionar en el periodismo?
La verdad es que quería ser psicóloga o profesora de educación física. Cuando me pensaba haciendo una sola actividad, me parecía aburrido. A los 16 años tomé la decisión de ser periodista, mientras estudiaba y trabajaba de cadete en una clínica. Me pareció que el periodismo me permitía entrar y salir de distintos mundos. Cuando terminé el colegio, trabajé en un canal local y a los 18 en la Agencia Universitaria de Noticias y hacía francos para TN en una sucursal local del sur del conurbano, que es donde vivía. Siempre tuve esta vocación.
Escribir es lo que me da más placer. Empecé en La Nación en un suplemento zonal. Durante cinco meses llevaba notas que no publicaban, hasta que salió la primera y justo cerró. Entonces dije: “¿Qué trabajo hay?” Y el único lugar que nadie quería ir a cubrir era Escobar, entonces me ofrecí. Tardaba tres horas en llegar y seguí trabajando en el suplemento de La Nación. Hacía colaboraciones en Información General.
¿Cómo conociste a Jorge Lanata y Ernesto Tenembaum?
Cuando Lanata comenzó con la Revista XXI, averigüé que el director era Tenembaum y le dije que quería pasarle una investigación de un caso de corrupción en el conurbano. Al llegar a la reunión, les dije que era mentira, porque esa nota ya estaba publicada en La Nación, y que en realidad era porque les quería pedir trabajo, y no tenía ningún contacto. Se mataron de risa, me hicieron 8000 preguntas, me pidieron un sumario de temas en el momento, me leyeron las notas, me denigraron porque decían que muchas empezaban igual a otras. Parece que superé la prueba, porque cuando llegué a mi casa me llamó Tenembaum y me dijo: “El gordo está de acuerdo, ¿querés empezar?, tenemos $1000”. Era en blanco y en ese momento para mi estaba bien. Me tiré de palomita y empecé a trabajar para la revista como cronista.
Mis notas las replicaban en la televisión y un día Lanata me dice: “Vení, vení, presentala vos, si es tuya”. Yo estaba sin maquillarme, sin cambiarme, con una mochila puesta. Me tomó de sorpresa. Entré, le gustó y después hice otras notas que tuvieron bastante repercusión.
¿Por qué decidiste volcarte a un proyecto propio?
Desde que me enteré del diagnóstico de mi hijo dejé cualquier oportunidad que pasó de radio y televisión diaria, renuncié a todo eso. Solo acepto alguna propuesta que me interese y que no me demande tantas horas al aire, como el programa de Radio Nacional que hice hasta el año pasado. Ahora estoy en La cornisa con Luis Majul, por La Nación + (LN+).
Además, tengo mi portal, Border Periodismo (www.borderperiodismo.com), donde trabajan ocho periodistas, alguien que hace redes y la persona de sistemas. Utilizo las redes sociales y el portal para poder llevar un mensaje y contar un poco como es el autismo, qué significa, los mitos, qué tener en cuenta para ayudar a los chicos. También estoy bastante involucrada con el tema de discapacidad, que hay bastantes falencias. Esa es como una causa nueva que abracé, a propósito de lo que le pasó a Antonio, con una sección nueva en Border Periodismo, que se llama Mentes Diversas y donde hay información útil para padres con chicos con problemas en el neurodesarrollo.
¿Cuál es tu sueño?
A nivel laboral ya no tengo sueños. Mi cabeza y mi corazón están puestos en mi hijo. Me hubiese encantado conducir un programa de TV en vivo, pero siento que no me van a dar esa oportunidad porque no soy una persona manejable o dominada, tampoco sé acomodarme con el jefe. Mi energía está puesta en que mi portal crezca, que sea libre y en darle trabajo a más gente. Pensar una nota, editarla, buscar el título, la fuente: esa es mi pasión.
¿Y a nivel personal?
Sueño con el día en que pueda hacerle una entrevista a Antonio y que hablemos de igual a igual. Mi hijo dice palabras sueltas, frases sueltas. A veces te contesta cuando quiere comer, mirar la televisión, el Ipad, pero no de otras cosas. Sueño con el día en que nos sentemos, pongamos una cámara y charlemos sobre todo lo que él y yo tenemos adentro y sobre todo lo que estuvo pasando en estos años en que él no pudo hablar y entendió todo. Debe tener un montón de reflexiones en su cabeza que me gustaría que me cuente.