15/04/2016
CAUTIVOS DE SUS INTERESES
En el diario vivir de cada uno, se pueden seguir principios propios
que tal vez sean certeros ó no, y defenderlos a capa y espada. Sostener
paradigmas que nos puedan guiar hacia lo propicio, ó simplemente
acercarse al absurdo. Acreditar lo enunciado ó fracasar
irremediablemente, son las alternativas, sino no tenemos la humildad de
reconocer los deslices, y en el transcurso del camino, corregir el
rumbo.
En la política, como en la vida misma, esto se ve magnificado, y ocupan
cargos públicos, personas que bajo el paraguas de un partido político
tradicional, fueron adaptando sus creencias, según para donde soplaron
los vientos; haciendo una apología del pragmatismo, y elaborando
doctrinas a su justa medida, para poder ser refundadores de ideologías,
y adaptarse a la situación.
Entonces se mezclan expresiones sueltas, con lemas progresistas; con
algunas ideas de modernidad, y un discurso intelectual que busca
deslumbrar a la ciudadanía; pero que cae en permanentes contradicciones.
Total, por ahí, muchos no entienden. Lo importante es permanecer.
Pero lo patético de todo esto, es la soberbia, el desprecio por la
inteligencia ajena, y una arrogancia que se hace cada vez más evidente;
a pesar que se están conduciendo por un sendero, que no parece tener
retorno. Pero desandar sus propios caminos, ó escuchar los reclamos de
la gente, los obligaría a reconocer errores, y asumir que aquello que
defendieron con tanto ahínco, no era lo que correspondía hacer.
El engreimiento les impide dar marcha atrás. Han quedado atrapados en
su propio discurso. Lo que han afirmado, lo han hecho de tal modo que
son incapaces de aceptar consejos, de tomar una idea ajena y hacerla
propia, por temor a perder la exclusividad en su impronta. Se sienten
obligados a seguir sus preceptos, y aplicar al pie de la letra “su”
doctrina, más que resolver problemas.
Por eso, cuando se ponen de manifiesto los problemas importantes, no
tienen soluciones. Como no las manifestaron sus seguidores, sino otras
personas catalogadas como “enemigas”, esas iniciativas deben ser
descartadas automáticamente. No defienden los intereses del conjunto de
la ciudadanía, sino sus espacios personales.
Esa actitud mezquina, no puede llevarlos por el buen camino. Un poco
de humildad no puede menoscabar a nadie que se considere grande, salvo
que en el fondo exista un gran complejo de superioridad, que justifique
lo que está pasando. Cuando se pretende gobernar ó legislar con esas
premisas, no se puede esperar otra cosa que desaciertos, porque más
tarde ó más temprano, la historia se encarga de demostrar la realidad.
Por ahora, parece que eso no va a suceder, porque prefieren seguir
insistiendo en el mismo discurso; y todos aquellos, que aunque
pertenezcan al mismo partido político, pretendan insinuar que pueden
aportar al mejoramiento de la situación, son descalificados por
“demagogos oportunistas”. De todas maneras, la lucha continuará, con el
aliento de los que no tienen otra forma de expresarse.
Ing. Agr. CARLOS CARBALLO
M.P.Nº 03/0041