28/07/2021
¿Y DE DONDE SALE EL TRABAJO?
Por Ezequiel Arauz Perez
Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
Papa Francisco, Evangelii Gaudium
“Se sale con trabajo” dice una de esas frases de la política que son tan irrebatibles como inespecíficas. Indefinidas. Casi nadie podría afirmar lo contrario pero es el slogan del momento. A la hora de buscar los caminos para llevar la cuestión realmente a la práctica, los gobiernos neoliberales menean inversión extranjera y por lo general son muy hábiles en generar exactamente lo contrario: alto endeudamiento, fuga de divisas y desempleo generalizado. En paralelo, fustigan a las leyes laborales “antiguas” y juntan fuerzas para modificarlas. Ahora bien, en los últimos años, los gobiernos neokeynesianos tampoco vienen encontrando la manera de generar trabajos más o menos estables masivos y perdurables. No es un fenómeno local. Las modificaciones del mercado laboral mundial impactan sobre la cantidad de trabajadores que realizan sus tareas con cierta formalidad y derechos asegurados. No hay nuevos empleos. El sector privado es incapaz de generarlo. En consecuencia, los trabajadores y trabajadoras excluidos se las arreglan para sobrevivir, inventándose el trabajo.
En ese marco en nuestro país, y a veces al calor de sucesivas crisis y del poder de presión y movilización de organizaciones sociales y sindicales, se ha avanzado mucho en materia de seguridad social. Los movimientos populares cuya historia larga se remonta ya a más de tres décadas, desde los primeros piquetes de desocupados petroleros en el norte y la Patagonia, que tiempo después se fueron trasladando a los conurbanos de las grandes ciudades, fueron actores centrales en esa dinámica, que se ha ido reconfigurando con los ciclos pero nunca como un regreso a la situación anterior.
En ese sentido, mojón clave de tal reformulación fue el concepto de Economía Popular y el origen de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) que puso en evidencia a un sector numeroso: el de aquellos que se inventan el trabajo. Las organizaciones fueron ganando una fuerza que traspasó los ciclos electorales y los cambios de gestión. El macrismo con su impronta neoliberal no solo no termino con los (a estas alturas) despectivamente llamados “planes sociales” sino que agregó un millón más de ellos al dejar el gobierno en 2019.
Apenas arrancada la gestión de Macri, la votación en el congreso y por unanimidad de la ley de emergencia social en 2016, ley que firmaron la republicana Elisa Carrió, el radical Mario Negri y el cambiemista Nicolás Massot estableció un salario social complementario (que por concepción se sumaba al ingreso que cada trabajador y trabajadora de la economía popular se aseguraba), reconoció derechos a todo un sector – hasta allí englobado en la nebulosa como desocupado o informal – es otra bisagra importante en la historia de un sector tan invisibilizado como innegable.
Ocurrió en el gobierno neoliberal y fue una de las pocas conquistas populares de esa etapa.
Eso permitió la sindicalización plena del sector, el acceso a cobertura de obra social y sentó las bases de lo que fue el Registro Nacional de Barrios Populares (4400 censados en una primera tanda) que según la propia letra de la ley, permitirá la urbanización paulatina de esos barrios, incluyendo el concepto constitucional de expropiación de tierras. La correlación de fuerzas de los movimientos populares y el gobierno neoliberal permitió que esa ley, de forma trabajosa y con algún artilugio en la negociación política legislativa fuera posible.
Más acá en el tiempo, la elaboración del Plan de Desarrollo Humano Integral (PDHI) que esas organizaciones en la voz de Juan Grabois, pero a cuya elaboración y acuerdo se suman sindicatos de los más importantes del país (Camioneros, UOCRA, SMATA, Unión Ferroviaria, Dragado y Balizamiento, Luz y Fuerza entre otros), los Jóvenes por el Clima, organizaciones campesinas y de la agricultura familiar entre otras, es un propuesta de salida de la crisis económica y sanitaria en voz alta, que pide integrarse a los debates y ya cuenta con posibilidades de institucionalizarse en el congreso.
El PDHI (https://plandesarrollohumanointegral.com.ar/) se articula en siete ejes centrales: la promoción del trabajo como ordenador social; el poblamiento del país; la integración de las ciudades mediante el acceso al suelo; la conectividad del territorio a través de una propuesta de transporte multimodal; la reactivación de la producción; la recuperación del ahorro en moneda nacional y el cuidado de la “casa común” con iniciativas que contemplen la ecología integral.
En síntesis, el PDHI fija la creación de 4 millones de puestos de trabajo en la economía popular y de 240 mil empleos registrados regulados por convenio colectivo. “Gobernar es poblar, gobernar es dar trabajo” sostienen las organizaciones firmantes, retomando clásicas definiciones de Juan Bautista Alberdi y Juan Domingo Perón.
El documento plantea, como parte del financiamiento, una inversión inicial anual de 750 mil millones de pesos, que equivale al 2% del Producto Bruto Interno. Y agrega que esta medida podría generar un impacto en la actividad económica de 865 mil millones de pesos, lo cual redundaría en mayor recaudación fiscal.
Entre los principales argumentos, esta aquel que patenta que aun si la economía en nuestro país sostuviera varios años de crecimiento, - lo cual aparece como dificultoso en la realidad - , los niveles de exclusión severa de entre la mitad y dos terceras partes de nuestra población, no se alterarían estructuralmente. Es socialmente irreal entonces pensar en vías de desarrollo sin tener en cuenta a los sectores de la economía popular. Sin comenzar por ellos. El PDHI es la propuesta más alta emanada desde experiencias que ya vienen intentándose o funcionando aun con dificultad y a veces a la intemperie.
En tal sentido, que una porción del impuesto solidario y extraordinario (ley 27.605) haya ido a parar al financiamiento de las obras de urbanización del RENABAP es un buen indicio y una buena foto de época. Aunque solo alcance al 15% del total de lo recaudado (33.000 millones de 300.000 millones de pesos) y se haya demorado un año en sancionar esa ley, en medio de la crisis pandémica global, y otro tanto en comenzar a recaudar concretamente ese aporte que alcanzo a unos 10 mil contribuyentes. Otro tanto para el 9% impuesto PAÍS que abarcaba a toda compra con moneda extranjera y productos en el exterior que se trabaron por una cuestión de inexplicables internas políticas.
Aun con esas notas al pie, son pasos en sentido correcto. Propuestas como el PDHI apuntan a inyectar fondos públicos en la zona más baja de la pirámide, invirtiendo la carga, buscando no ya un derrame sino un proceso distinto, que tenga por objetivo ir desplazando desde abajo bolsones de exclusión que hasta aquí no hacen otra cosa que ampliarse, pandemia incluida y como ejemplo descarnado y patente. De la pandemia saldremos con mayores niveles de desigualdad. Por lo tanto, cualquier otra opción por el crecimiento de la economía o por la inversión de capital extranjero parece destinada a caer en s**o roto en la espera del derrame. Los tiempos electorales parecen no acompañan esta agenda que requiere acuerdo políticos amplios y plazos más largos. Ese es el desafío de la hora.
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Por Ezequiel Arauz, de la Provincia de Buenos Aires al mundo! “Se sale con trabajo” dice una de esas frases de la política que son tan irrebatibles como inespecíficas. Indefinidas. Casi nadie podr…