Nuestro partido, el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST)- Nueva Izquierda, si bien interviene activamente en la vida política con esa denominación desde el año 1992, se referencia en la corriente histórica, marxista-leninista-trotskista, fundada por Nahuel Moreno en el año 1944 y posteriormente desarrollada en diversos países de Latinoamérica y el mundo. Esa tradición y ese capital teór
ico-político a lo largo de toda nuestra trayectoria estuvo al servicio de dos banderas fundamentales: a) la movilización de la clase obrera y los sectores populares, apoyando sus luchas y organización independientes hacia el objetivo de un gobierno de los de abajo y un modelo socialista de país; b) en función de ello, la búsqueda de todas las vías de construcción y confluencia hacia un gran partido revolucionario con influencia en los procesos reales del movimiento de masas. Actualmente nuestro partido, conjuntamente con organizaciones hermanas de distintos países de Latinoamérica y Europa, es miembro observador de la Cuarta Internacional (SU). Siendo parte de las renovadas camadas de lucha por una nueva dirección política y sindical. A través de numerosas agrupaciones sindicales en gremios estatales y privados, en el ámbito universitario y de la juventud, de la cultura y territorial. Y a través de la representación parlamentaria obtenida. A la luz del los cambios históricos producidos a partir del Argentinazo de 2001, que inauguraron una nueva etapa en el país, iniciamos un proceso de reflexión crítica y nuevas elaboraciones. Convencidos que para poder enfrentar con éxito las tareas que nos plantea esa nueva etapa que atravesamos es imprescindible sacar la mayor cantidad posible de conclusiones y enseñanzas. Concluimos que toda la izquierda afrontó el Argentinazo con mucha debilidad teórica, política y organizativa. Pese a que hubo una ruptura con los viejos partidos y un proceso de radicalización muy importante, ninguna organización logró ganar influencia de masas y ayudar a resolver el problema de construir una alternativa por fuera del bipartidismo que se derrumbaba. Lamentablemente otros sectores de la izquierda ni siquiera se plantearon estos problemas o culparon de sus errores a la situación objetiva y por ello profundizaron posturas equivocadas y se han reafirmado en el sectarismo o en el oportunismo. Nosotros concluimos que se debieron haber asumido y producido cambios políticos y organizativos de magnitud para afrontar los nuevos tiempos. Por ello iniciamos un proceso autocrítico y de nuevas elaboraciones de tipo teórico, político y organizativo, que hemos profundizado a partir de la nueva etapa mundial abierta a caballo de la crisis capitalista internacional en curso. Vivimos una nueva etapa, de grandes cambios y desafíos, que amerita que la izquierda elabore sin dogmatismos nuevos caminos hacia la construcción del partido con influencia de masas. A partir de las premisas estratégicas y de principio que siempre sostuvimos, sin sectarismo ni oportunismo, pero adaptando el funcionamiento y ampliando las formas organizativas, siempre con el objetivo, más que nunca, de ir a las masas y abandonar toda postura testimonial y abrirse a nuevas confluencias para ser parte de los procesos reales de los trabajadores y el pueblo, responder a sus reclamos y ofrecer la alternativa que se necesita. Una de las conclusiones más importantes que hemos sacado, es que la construcción de una alternativa de masas está íntimamente relacionada a la posibilidad de confluir y reagrupar fuerzas con otros sectores, superando la dispersión, el sectarismo y la autoproclamación que viene impidiendo que se conforme un fuerte polo de referencia. Desplegar políticas transicionales, intermedias, es una necesidad de la nueva etapa. Por ello, entre otras conclusiones, exploramos la posibilidad de avanzar en conformar un movimiento político común con otros sectores. Así como en el pasado fuimos una de las organizaciones que más esfuerzos realizamos para unir a la izquierda y asi lo atestiguan experiencias importantes que nos tuvieron como protagonistas como el Frente del Pueblo e Izquierda Unida, desde hace varios años impulsamos la necesidad de construir un gran movimiento emancipador que permita unir distintas tradiciones (de izquierda marxista e independiente con las más avanzadas y radicalizadas de la centroizquierda). Estamos convencidos que solo a partir de esta unidad puede conformarse una fuerza mayoritaria que nos permita disputar el poder y al mismo tiempo construir a su interior una organización socialista revolucionaria con peso de masas. También que es necesario producir un cambio cultural que nos permita trabajar priorizando lo que nos une sin diluir las diferencias, con las cuales hay que aprender a convivir. Al servicio de avanzar en este camino participamos de Movimiento Proyecto Sur desde el año 2011 hasta mediados de 2013. Actualmente nos proponemos desplegar la mayor energía militante para unir a todas aquellas fuerzas que sin sectarismo ni oportunismo estén dispuestas a levantar un programa emancipador y enfrentar tanto al Kirchnerismo, como a la derecha y las falsas opciones que se postulan. Y al mismo tiempo seguir construyendo nuestra organización entre los trabajadores, los jóvenes y demás sectores populares de nuestro país, al servicio de los cambios estructurales que necesitamos producir y la sociedad socialista que nos proponemos construir.