01/10/2016
Las llamas llegaron aunque siempre estuvieron presentes en ese salón de actos dónde la llamita de cada niño que lo transitó se hacía hogueras en cada acto o celebración que allí se compartía... pero esta vez las llamas que se encendieron no fueron ni creativas ni celebrantes,llegaron las llamas destructivas que se venían gestando desde la desidia de quienes debieran haberlas sofocado antes que se encendieran.
Transité 9 años de mi vida como docente en la escuela que hoy se hace visible ante la sociedad,a pesar que su imponente edificio hace 106 años se erige en esa tradicional esquina cercana al Centro Cívico paranaense .Se hizo visible para todos aquellos que sólo veían su fachada tan “pintada y arreglada” que nadie sospecharía que por dentro estaba casi abandonada.
Si “la Rivadavia” no se incendiaba seguro seguiría siendo invisible a los ojos de muchos que no la conocen,que no la vivieron,que no entraron nunca .
Pero sin embargo este viernes “la Rivadavia” volvió a morirse porque se incendió y digo que volvió a morirse porque se muere dos veces, cuando nadie la recuerda(su primera muerte) y ahora “murió” ediliciamente con este incendio. Hace mucho tiempo agonizaba,y se quejaba en voces de quienes en ella estaban pero aún así sus gritos no fueron escuchados,agonizó día tras día con “remedios” de pintada de fachada y algún que otro arreglo. Y murió ahogada en humo,que tambien la hizo visible desde distintos puntos de la ciudad.
Y murió gritando,aullando en las sirenas de los bomberos que intentaron apagar tanta destrucción.
Y murió en gotas de agua cual lágrimas de generaciones y generaciones que la transitaron en distintas infancias.Lágrimas-agua que extinguieron las llamas….
El salón ya destruido fue una certera puñalada al corazón,se llevó su ser...y así y todo llegará el lunes y expectantes tantos niños esperarán en sus puertas revivir el fuego de la infancia.
Ojalá ! enciendan la vida de “la Rivadavia” y contagien a quien la mire con la responsabilidad compartida para devolverle el alma.