Malvinas Historias de Coraje

Malvinas Historias de Coraje Es un pagina dedicada a la guerra de Malvinas, Para que no se pierdan las historias de los hombres que dieron todo sin pedir nada a cambio
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𝐃𝐎𝐒 𝐇𝐄𝐑𝐌𝐀𝐍𝐎𝐒 𝐘 𝐔𝐍𝐀 𝐆𝐔𝐄𝐑𝐑𝐀Los hermanos Gomez pertenecían al Regimiento de infateria N° 4 con asiento en la provincia de C...
31/05/2026

𝐃𝐎𝐒 𝐇𝐄𝐑𝐌𝐀𝐍𝐎𝐒 𝐘 𝐔𝐍𝐀 𝐆𝐔𝐄𝐑𝐑𝐀

Los hermanos Gomez pertenecían al Regimiento de infateria N° 4 con asiento en la provincia de Corrientes. Marcelino Gomez era cabo y Martiniano era conscripto.
Los conscriptos de este regimiento provenian de Las provincias de Corrientes, Chaco, y Misiones, casi todos eran de un nivel socio cultural bajo”, jóvenes que “nunca se habían alejado de la zona en la que vivían”, lo que -como se sabe- dificultó gravemente su adaptación a la dura adversidad climática y geográfica del archipiélago. Pero los Gómez eran Tipos duros. Muy duros, fortaleza que adquirieron al incorporarse desde temprana edad al trabajo de la cosecha de algodón y a trabajar como hacheros en el monte. Ya los 13 años, Martiniano ya se había conseguido una changa en el matadero municipal de Puerto Tirol, pueblito que se levanta a 15 kilómetros de Resistencia, al pie del monte chaqueño. Marcelino fue conscripto, y eligió quedarse en la Fuerza, donde siguió la carrera militar. Y fue así como ya siendo cabo en los cuarteles de Monte Caseros, vio un día de 1981 entrar con la nueva camada de conscriptos a Martiniano, “Martín”. Martiniano si bien era un conscripto callado era cumplidor, orden dada era orden cumplida para él. Asi transcurrio ese año los dos hermanos en un mismo regimiento.
Al salir de la colimba antes de la guerra, Martiniano tenía planes para trabajar en la municipalidad de Tirol.

𝐄𝐥 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐥𝐚𝐫𝐢𝐧

El llamado a Malvinas les llegó a cada uno por su lado. Marcelino se entero que se movilizaba el regimiento en el cuartel . Mientras que Martiniano se entero cuando su padre Don Antonio Marcelino Gomez atendia la labores en la carpintería de su domicilio, y llego una carta, la carta iba dirijida a uno de sus hijos Martiniano Gomez que había cumplido con el servicio militar obligatorio el año anterior, los acontecimientos de esos días le hacían adivinar de que se trataba, su hijo era convocado para servir a la patria. Don Antonio en su juventud había prestado servicios en el regimiento 9 “Coronel Pagola” cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio. En ese momento sus pensamientos no se centraban solo en su hijo que era convocado sino que también en otro hijo Marcelino Antonio Gomez que había abrazado la vida militar y era cabo en el Regimiento de infantería N°4.
Estos dos hermanos habían compartido el regimiento 4 el año anterior. A los dos hermanos les toco ir a las islas con este mismo regimiento

𝐄𝐥 𝐮𝐥𝐭𝐢𝐦𝐨 𝐚𝐛𝐫𝐚𝐳𝐨

El 2 de junio Martiniano cumplió los 20 años. Tres días después, en los alrededores del Harriet, donde ambos se apostaban, pero a 400 metros de distancia, se vieron por última vez los Gómez. Como siempre, Marcelino le dio sus ci*******os a Martiniano, y éste la petaca de whisky a su hermano. . Se saludaron, y Martiniano le dijo a su hermano que se cuidara de no pisar una mina, se despidieron con un abrazo.
𝐋𝐚 𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐅𝐢𝐧𝐚𝐥
Martiniano pertenecia a la 3 sección de la compañía B del RI 4, Su jefe era el Subteniente Jimenez Corbalan.
El dia 8 de junio esta sección fue atacada en un intento de infiltración por parte de los británicos.

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘑𝘪𝘮𝘦𝘯𝘦𝘻 𝘊𝘰𝘳𝘣𝘢𝘭𝘢𝘯:

En el extremo izquierdo de la sección, el sargento Solis daba las indicaciones rutinarias a la guardia y le recomendaba al soldado Martiniano Gomez que tapara la ametralladora MAG con un poncho de agua para evitar el rocio de la noche. El servicio de esta ametralladora estaba compuesto por los soldados clase 62 Martiniano Gomez (apuntador), Antonio Funes (Ayudante de apuntador) y Osvaldo Salto (Abastecedor y tirador). Entre los tres acomodaron el poncho como protegiendo un importante tesoro.
En el cambio de guardia el soldado Teodoro Flores y el soldado Olibare que tenían que reemplazar a Gomez y Funes se quedaron hablando con ellos, recordando sus pagos y contando algunas anécdotas y mas que nada hablando de lo que harían cuando la guerra termine.
Habrían pasado cuarenta minutos cuando sintieron ruidos de piedras que caían, ese sonido provenia de la derecha de la posición en que ellos se encontraban. Flores se asomó y pudo divisar un grupo de soldados que se aproximaban en su dirección, Olibare fue corriendo a despertar al Sargento Solis pero este estaba despierto y atento tratando de saber de quienes se trataban, quienes eran esos que se aproximaban. Penso que podía ser una patrulla de nuestros comandos que estaban delante de nuestras posiciones en una emboscada.
Solis le ordeno a Flores que vaya a avisarme. Solis, Olibere apuntaban con sus FAL y mientras los soldados Funes y Gomez alistaban la MAG, El ruido que hizo el poncho en esa noche silenciosa alerto a los británicos que abrieron fuego sobre esa posición.
Olibare y Solis abrieron fuego con sus FAL obligando al enemigo a aplastarse en el suelo, el in****no se había desatado. Mientra esto ocurria el soldado Funes terminaba de poner la cinta en la ametralladora y en ese preciso momento una ráfaga le secciono la mano, solo sintió un sacudón muy fuerte que le movió el brazo hacia atrás y un insoportable dolor que iba en aumento.
Martiniano Gomez con la MAG cargada al ver a su amigo herido enfurecio y abrió fuego, la ametralladora comenzó a vomitar su mortal veneno de plomo sumándose a ese espectáculo dantesco.
Los disparos de Gomez dieron de lleno en unas ingles que avanzaba, este al recibir los impactos cayo al suelo
Soltando su arma. En ese preciso momento desde dos direcciones los británicos le lanzaron dos cohetes de 66 mm uno paso por encima de su posición y el segundo dio en el fuste de la ametralladora lanzando hacia a tras a Gomez.
Al ver la explosión, el sargento Solis grito- le dieron a Gomez, Olibare cambiá de posición y cubrime- Olibare obedece y Solis se dirije hacia Gomez, rezando que este bien, pero no alcanza a llegar porque este duro conscripto se incorpora y le grita – Mi sargento me dieron pero puedo seguir- aturdido y sin importarle
sus heridas, se dirije de nuevo a la ametralladora, como un yaguareté herido acozado por la jauría se disponía a defenderse y vender cara la vida de ser necesario.
El sargento dispara un cargador entero antes de llegar a una nueva cubierta pero antes de llegar es alcanzado por dos disparos en el brazo izquierdo. Mientras el sargento era herido, Gomez volvia a la ametralladora para seguir combatiendo, al llegar intenta disparar pero estaba obstruida por el impacto del cohete, entonces decide cambiar de posición en busca de un FAL, logra cambiar de posición, y consigue un FAL, sigue combatiendo, dispara metódicamente, hasta que una ráfaga le arrebata la vida.
El enemigo fue repelido por un contrataque dirigido por el subteniente Jimenez Corbalan. El saldo de este combate fue dos bajas Argentinas el cabo Hipolito Gonzalez y El soldado Martiniano Gomez..

Una vez enterados de las bajas ocurridas, El teniente Garcia enterado que una de las bajas era Martiniano , pensó varias veces como decirle a Marcelino. Habia que informar y encontró al cabo Gomez sentado en una piedra mirando hacia el valle, precisamente hacia donde se había originado el combate. El teniente Garcia se acercó al cabo quien no se percató de la presencia.--- García solo atino a decir: Gomez…. eh tengo algo que decirle..
Marcelino no lo dejo terminar--- Ya se mi teniente es sobre mi hermano-

Asi es ---- Marcelino se alejó unos pasos y no dijo más nada durante unos minutos… el teniente le coloco la mano en el hombro.. y Marcelino alzo la cabeza con lágrimas en los ojos….. Mi teniente puedo verlo…
Si si Gomez apenas amanesca yo lo acompaño.. Gracias Mi teniente

𝐋𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐚𝐯𝐨𝐬 𝐏𝐮𝐜𝐚𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐥 𝐚𝐭𝐚𝐪𝐮𝐞Ese intenso día del 28 de mayo de 1982, el primer teniente Juan Micheloud realizó otra salid...
28/05/2026

𝐋𝐨𝐬 𝐁𝐫𝐚𝐯𝐨𝐬 𝐏𝐮𝐜𝐚𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐥 𝐚𝐭𝐚𝐪𝐮𝐞

Ese intenso día del 28 de mayo de 1982, el primer teniente Juan Micheloud realizó otra salida, esta vez su compañero era el teniente Miguel Cruzado. A las 17.20, los hombres del escuadrón que esperaban ansiosos, sólo vieron regresar un avión muy averiado. El teniente Cruzado había sido derribado; nuevamente, el duro Pucará resistió hasta que pudo eyectarse pero cayó tras las líneas enemigas y fue tomado prisionero.
En su relato, el primer teniente Micheloud nos hace vivir las dramáticas sensaciones que experimentaban los pilotos:
No se apagaba la luz de “prohibido decolar” con ninguno de los procedimientos normales, pero como el funcionamiento era aparentemente correcto, decidí salir igual. [...] estaba completamente cubierto y el viento era de moderado a fuerte aunque bien orientado. No habría más de 150 metros de techo. [...] Íbamos, con unos 10 metros, sobre el ondulado terreno, lo que hacía un poco dificultosa la orientación.
Era una navegación prácticamente de memoria ya que lo característico y reducido del terreno hacía fácil su reconocimiento pero, el no poder ver la Cordillera de Rivadavia, nos restaba lo valioso de esta magnífica referencia rocosa. Contribuyó también a desorientarme un poco, una ventana abierta en el horizonte por donde se colaba el rojo resplandor de la puesta del sol y se la atribuí al incendio de la escuela de Darwin que había escuchado antes de la salida.
[...] no tardaría en darme cuenta del desacierto cuando, a unos diez grados a la derecha, se notaba claramente el caserío de Goose Green y la agonizante columna de humo un poco más atrás. Nos abrimos hacia la izquierda para entrar sobre la línea de avance enemiga, en forma transversal, dejando a la escuela a la derecha.
Cuando efectuamos la corrida final esperaba encontrarme con el grueso de las tropas, pero eran esporádicos grupos de cinco a diez hombres, y muy aislados. Me di cuenta, enseguida, que estábamos pasando por la retaguardia enemiga. Continuamos con la trayectoria que llevábamos al frente para, en un nuevo ataque, separado del primero por unos minutos, entrar sobre las posiciones que por VHF nos estaban indicando. Estas estaban referidas a una depresión, en forma de valle, entre Goose Green y la escuela.
Efectuamos una entrada, desde el noroeste, sobre el agua y muy bajos. A pesar de la falta de obstáculos, confiaba en tener algo de sorpresa por la escasa luz y el viento en contra que no delataba nuestros ruidos. Próximo a la costa, levanté más para ver algo, sólo unas figuras que se recortaban sobre el terreno, nada más. Puse rumbo hacia ellas buscando otro blanco más significativo y, una vez en distancia de tiro, abrí fuego con cañones. Se acabaron las siluetas y pese a la proximidad nada más se podía apreciar, sí en cambio, que comenzaban a venir hacia mí, desde el frente y muy lentamente al principio, un enjambre de trazantes.
La ráfaga de cañones cesó indicando que se habían trabado. El tiempo para llegar hasta el blanco parecía una eternidad sin el propio fuego protector. Fue imposible ver algo. Esto ya me había ocurrido en San Carlos, cuando la tropa se inmoviliza y aferra al terreno resulta muy difícil de ver, aún más teniendo en cuenta la hora.
Sobre el punto que había visto movimientos en la entrada final, comencé a apretar el pulsador de bombas, una y otra vez, muchas más que las necesarias, pero me quería asegurar que saldrían. Sentí varios impactos en mi avión, me agaché un poco más y con la potencia a pleno que traía, seguí al frente unos segundos más donde puse un suave viraje por izquierda para ver si habían explotado las bombas, a la vez que escucho por VHF: “¡muy buenas bombas!”. No atiné a otra cosa que llamar a mi numeral para saber cómo salió pero no tuve respuesta. Sólo al repetirlo varias veces me contesta un operador de la base Cóndor para decirme que se había eyectado.
Con fallas en un motor y varias luces de alarmas encendidas, emprendí el regreso. Un helicóptero propio que estaba en vuelo, próximo al lugar, me alertó y prometió cubrir mi regreso por si lo necesitaba.
Aterricé bajo alerta roja, me aguardaba el mayor Argente y el jefe del escuadrón, quienes me dieron un abrazo. [...] No tuvimos respuesta al principal interrogante sobre la suerte corrida por el teniente Cruzado.
Los Pucará continuaron con sus misiones casi hasta el final de la batalla. Sus fuselajes quedaron cubiertos de orificios que más que averías, eran emblemas de su bravura y dureza. Ese criollo de raza no permitió que ninguno de sus pilotos falleciera por manos enemigas, sus blindajes los protegieron y su empecinada vocación de vuelo los mantuvo estables hasta que pudieron eyectarse

“𝐆𝐋𝐎𝐑𝐈𝐎𝐒𝐎 𝐇𝐄𝐑𝐂𝐔𝐋𝐄𝐒 – 𝐔𝐧 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐨 𝐦á𝐬”𝘗𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘚𝘶𝘣𝘰𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘔𝘢𝘺𝘰𝘳 (𝘙) 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘈𝘭𝘣𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘚𝘈𝘓𝘡𝘈𝘕𝘖 *El 2 de abril de 1982 formé parte ...
26/05/2026

“𝐆𝐋𝐎𝐑𝐈𝐎𝐒𝐎 𝐇𝐄𝐑𝐂𝐔𝐋𝐄𝐒 – 𝐔𝐧 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐨 𝐦á𝐬”

𝘗𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘚𝘶𝘣𝘰𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘔𝘢𝘺𝘰𝘳 (𝘙) 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘈𝘭𝘣𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘚𝘈𝘓𝘡𝘈𝘕𝘖 *

El 2 de abril de 1982 formé parte de la tripulación del C-130 TC-68 compuesta por el Comandante de Aeronave Com. BELTRAMONE (fallecido) - 2do. Piloto Vcom. CANO (jefe Esc. I) - Navegador Com. MELA - 1er. Mecánico S.A. RIDZICK - 2do. Mecánico C.P. CARDONE (fallecido en combate) - 1er. Auxiliar de Carga S.A. CARABAJAL - 2do. Auxiliar de Carga S. Aux. PAJON y el suscripto Auxiliar de Carga alumno S. Aux. SALZANO, con la cual realizamos el primer vuelo que aterrizó en Malvinas, Puerto Argentino (abr 02 0830).
Regresado al continente, con el inmenso orgullo de haber formado parte de la tripulación de transporte que efectuara la primera Operación de Combate de la Fuerza Aérea, (la cual pienso narrar en otra oportunidad) fui designado como 2do. Aux. de Carga, a integrar una de las 14 tripulaciones fijas que formara el Esc. I, asignadas así, para acrecentar la unión de las mismas, cuyo objetivo era romper el bloqueo británico, cumpliendo una Orden de Transporte que implicara una Operación de Combate (aterrizaje en Puerto Argentino, reabastecimiento en vuelo en Teatro de Operaciones, lanzamiento de carga, búsqueda y marcación de elementos de superficie británicos, apoyo en navegación a aviones de combate). Cada tripulación luego de cumplimentar algunas de las misiones mencionadas, esperaba la vuelta del resto de las tripulaciones para una nueva misión.
Conforme a lo expresado, fui asignado a la tripulación Nº 2, integrada por: Cte. Aer. Cap. MARTEL (fallecido en combate) - Cte Aer. Vcom. BOLZI - 2do. Piloto Cap. SAMPIETRO - Navegador My. VILA - 1er. Mec. C.P CAMINO - 2do. Mec C.P FRAIRE - 1er. Aux. de Carga S. Aux OVEJERO - 2do. Aux. de Carga S. Aux SALZANO. Con la mencionada tripulación realizamos 7 vuelos posteriores al bloqueo naval y aéreo establecido por las fuerzas británicas, incluido uno de reabastecimiento aéreo en la Zona del Teatro de Operaciones, en la cual perdieron la vida en combate los pilotos, Tenientes CASTRO y FARIAS, Orden de Transporte ésta que también me reservo narrar en otra oportunidad. Además efectuamos uno de búsqueda y marcamiento de blancos enemigos y uno de apoyo de navegación de aviones Canberra a una Misión de Combate. Pero el vuelo que he elegido contar es el último que esta tripulación realizara en el transcurso del conflicto bélico (13 de junio de 1982), como se podrá apreciar tuve el honor de aterrizar en la isla en el primer vuelo y decolar en el último día (anteúltimo vuelo). El día 12 de junio, el Esc. I recibió la orden de trasladar a Puerto Argentino tres cañones SOFMA de 155 mm, lo que implicaba efectuar tres vuelos. Siempre me pregunté, por qué a esta altura de los acontecimientos se ordenaba semejante tarea, ya que los mandos superiores no podían ignorar la situación en que a esa hora se encontraba la defensa de Puerto Argentino, si bien se combatía intensamente, las mismas habían sido superadas y la rendición era inminente, por lo tanto suponía entregar los cañones como souvenir al enemigo, con el agravante de perder algún C 130, aeronave por demás apetecida por los ingleses, por cuanto las mismas lograron romper el bloqueo impuesto hasta el último día del conflicto, haciendo fracasar de este modo la acción psicológica que significaba para los combatientes no verse aislados por completo con el continente. En cuanto al cañón de referencia, ya habíamos trasladado uno anteriormente, pesa alrededor de 8 toneladas con sus componentes, creo por lo que escuché comentar al personal de ejército, el mismo tiene un alcance de tiro de 12km, lo que impedía de alguna manera que las naves inglesas se aproximaran impunemente a bombardear las islas.
Efectuada la carga del cañón y realizado el amarre correspondiente, en la noche del 12 de junio despegamos de CRV, con el TC- 66 (indicativo “COBRE”), para evitar los riesgos de detección, utilizábamos rutas de diversión y se cambiaba de rumbo constantemente. El vuelo al que ya estábamos acostumbrados, se efectuaba a ras del agua, con silencio de radio y oscuridad de cabina y compartimiento de carga, realmente impresionaba observar desde el puesto de la puerta de paracaidistas, cuando el reflejo de la luna atravesaba la bruma del mar y se apreciaba la espuma que producía la cresta de las olas, daba la sensación de estar en una lancha con motor fuera de borda a toda potencia. La totalidad del vuelo se realizaba bajo la presión de no ser detectados por algún piquete de radar británico, o interceptados por las PAC (Patrulla Aérea de Combate) que el enemigo desplegaba permanentemente, en busca de aeronaves o elementos de superficie que pretendieran romper el bloqueo, o en el peor de los casos que nos cruzáramos accidentalmente en la ruta con cualquier nave inglesa, ya que todas ellas poseían distintas versiones de misiles, a los cuales tendríamos mínimas posibilidades de evadir. En un vuelo realizado anteriormente, nos había ocurrido que al regreso del mismo, algo similar a una bengala se apareció muy distante a 45 grados, no pudimos comprobar qué era, ya que el comandante efectuó un giro de 90 grados, cambió altitud y volamos por unos minutos sin poder apreciar nada anormal. El resto del vuelo se completó conforme a lo planificado, ya en la proximidad de Puerto Argentino, con visibilidad nocturna y sin ayuda de radar, se efectuaba contacto con el operador de torre de vuelo, era evidente que no obstante el profesionalismo y alta capacidad de los operadores, en la Base Malvinas reinaba cierta confusión, si bien no se formulaba la palabra clave para abortar la misión, tampoco teníamos señales precisas de la situación. Teniendo en cuenta que ya se combatía en las proximidades de Puerto Argentino y la Base MLV, era un objetivo primario del enemigo, considerando el estado de la pista, el inexistente balizamiento de la misma y la falta de radioayuda, concluimos que el aterrizaje se debía efectuar en el primer intento, imposibilitados para una nueva aproximación por razones de seguridad. Si algo favorecía a los comandantes de aeronave, era el hecho de haber aterrizado en similares condiciones en reiteradas oportunidades en la Base Vcom. MARAMBIO, lo que les permitía saber que la “chancha” se bancaba los golpes de timón para corregir rumbo y buscar el eje de pista en el menor recorrido posible, desacelerar sobre final, bajar flaps, tocar pista, afirmarse al timón de dirección y poner reversa, todo casi simultáneamente. Debido al peso de aterrizaje, al corto tramo operable de la pista y a las condiciones de viento, daba la sensación que las patas del tren de aterrizaje fueran uñas clavadas en la pista, aferradas hasta el control total de la aeronave y su posterior estacionamiento. Asegurado el arribo y con la aeronave controlada, nos dirigimos hacia una de las cabeceras de pista para proceder a la descarga, con la premura que la operación requería. Con la ayuda del 2do. mecánico comenzamos a liberar los amarres del cañón, mientras el 1er. Aux. de Carga despejaba la zona trasera del avión y efectuaba la apertura de la puerta de carga y rampa en la cual ya estaban instaladas las plataformas de descarga. Una vez detenido el avión, con el cañón totalmente liberado, sólo sujeto por el cable de acero del malacate, en forma manual comenzamos a extraer el mismo, desde el puesto en que me encontraba (sujeto a la palanca de freno del malacate) no podía apreciar con claridad lo que ocurría afuera, cabe mencionar las condiciones en que se efectuaba la descarga, nula iluminación, motores en marcha, lo que imposibilitaba comunicarnos debido al ruido ensordecedor de los mismos además, del aire asfixiante que generan los gases del J.P.1 (combustible de avión) que producen sequedad en las fosas nasales y una irritación en la garganta que dificulta la respiración. La coordinación entre los Auxiliares de Carga se efectuaba a través de los microteléfonos, con la dificultad que provoca la conexión del cable que impide trabajar libremente, las órdenes las transmitía el Cte. desde su puesto a través del Public-Address, las que prioritariamente se remitían a finalizar la descarga rápidamente, por cuanto en minutos iniciaría el carreteo para el despegue inmediato. El navegador oficiaba de mediador en las comunicaciones, entre lo que observaba en el compartimiento de carga y la necesidad del Cte. de trasladar el avión a posición de despegue, conforme a directivas recibidas desde la torre de vuelo, en cuanto a actividad de helicópteros enemigos en proximidades del aeropuerto o visualización en radar de aviones británicos, situación que podría derivar en ALERTA ROJO, lo que implicaba suspender la operación, sin poder dar cumplimiento a la Orden de Transporte, faltaba los más importante, el traslado del personal herido en combate, al continente. El navegador My. VILA, trataba de ganar tiempo, que era lo que más necesitábamos, informándole al Comandante que todo andaba bien, que estábamos casi listos y en cuestión de minutos iniciaríamos la operación de despegue. Ante tanta adversidad y con el cañón en el punto crítico de la descarga (borde de la pendiente de la rampa), sucedió lo peor, el avión comenzó a ser embarcado por los heridos, imposible establecer orden de ninguna naturaleza, el Sub. OVEJERO y el C.P FRAIRE no podían evitar el embarque, el ruido de los motores y la oscuridad reinante imposibilitaban cualquier comunicación, yo no podía moverme de mi puesto (aferrado con todas mis fuerzas al freno del malacate); ante esta situación no había otra alternativa que liberar el cable y continuar con la descarga. En ese instante recibo la orden del Sub. OVEJERO de liberar el freno, rogué porque nada saliera mal, temiendo lo que podría suceder con el cono de cola del avión o los brazos soporte de rampa, o aún peor con el personal que se encontraba en las inmediaciones, si el cañón fuera a cruzarse (semejante peso en una pendiente de 45 grados). Una vez más nuestro “Protector” estaba de turno y permitió que todo fuera bien, estoy convencido que además del alto grado de capacitación y profesionalismo de todos los tripulantes del ESC. C-130, seguramente la Virgen de Loreto, patrona de la aviación nos estuviera acompañando, debo mencionar que todas las normas de seguridad fueron alteradas y no hubo señal de WARNING (peligro) que no estuviera presente. Con el cañón fuera del avión descendí rápidamente a liberar el cable del malacate, simultáneamente el avión fue literalmente abordado por los heridos que podían hacerlo por sus medios y el resto eran subidos en camillas que acomodaban directamente en el piso, fuera del transporte reinaba la oscuridad y sólo iluminaban la noche los fogonazos que producían las explosiones de cañones y morteros que asediaban la guarnición MLV. Con decenas de heridos a bordo, creo que alrededor de 80 combatientes, sin lista de embarque no sabíamos siquiera el nombre, grado o arma a la cual pertenecían, sólo podíamos apreciar el estado en que se encontraban, todos con ropa de combate manchadas de sangre y barro, vendados algunos en la cabeza, cara brazos, piernas, entablillados, con sueros, acurrucados en el lugar que podían, recuerdo al finalizar el vuelo en la puerta de paracaidistas del lado derecho se encontraban dos de ellos ubicados encima de las cadenas, tensores y cintas de amarre, ningún elemento pudo ser almacenado en el lugar correspondiente, en esa posición permanecieron más de 4 horas. En pocos minutos, efectuamos la lista de procedimientos y con la información pertinente de la torre de vuelo, nos encontrábamos en el aire con rumbo de diversión para evitar al enemigo, las mismas vicisitudes del vuelo de ida, ahora había que alcanzar la Zona de Seguridad, pero esta vez con el agravante del personal transportado, nada podíamos hacer para asistirlos, a bordo no había médicos ni personal de sanidad, salvo que estuvieran entre los heridos.
Con el compartimiento de carga en penumbra y el piso del avión saturado de heridos, apenas podíamos movilizarnos, sin riesgo de pisar o caernos sobre alguno de ellos empeorando la situación. Transcurrida la primer hora de vuelo, con el mayor de los cuidados pude alcanzar la cabina de vuelo, desde la misma comenzamos a distribuir entre los heridos en vasos plásticos que ellos mismos pasaban de mano en mano, alguna infusión tibia con azúcar (té-mate-café), igualmente procedimos con el avituallamiento de la tripulación, la tensión del momento impedía a cualquiera de los tripulantes a consumir las mismas. Siete cajas de comida que fraccionamos en pequeñas raciones para que llegara al mayor número de heridos, sin la seguridad de que estuviéramos haciendo lo correcto les recomendamos consumir en porciones pequeñísimas y en forma lenta al igual que el líquido lo tomasen en pequeños sorbos, pues desconocíamos las lesiones que tenían. Ya con las primeras horas del día y alcanzada la Zona de Seguridad tomamos altura, era el momento en que se liberaba toda la presión, el sistema nervioso trabajaba en forma distinta, uno se sentía como nuevo. Debido al alto consumo de combustible efectuado nos dirigimos al aeropuerto de Río Gallegos, debo decir que nadie esperaba este vuelo, no había ni médicos, ni personal de sanidad, ni personal de pista, la terminal aérea era una desolación, sólo pudimos conseguir en una recorrida por las inmediaciones una bolsa grande de pan fresco (probablemente fuera dejada para la confitería del aeropuerto, que todavía estaba cerrada), nuevamente hicimos pequeñas raciones que distribuimos entre los heridos con las mismas recomendaciones anteriores. Luego de 40 minutos y realizada la carga de combustible reanudamos el vuelo, esta vez el destino final era el aeropuerto de CRV, al cual arribamos al cabo de una hora aproximadamente - habiendo efectuado 10:55hs de vuelo real durante la operación - el avión fue dirigido a un extremo de la plataforma fuera del alcance visual de la terminal aérea, una vez detenida por completo la marcha, el mismo fue rodeado por ambulancias civiles y militares, más de 30, todas con un numeral sobre el capot y en el lado lateral, realmente ahora sí se percibía un verdadero operativo sanitario, pero todo dentro de la mayor discreción posible, no era ésta una operación que la superioridad deseara se transluciera al medio civil, a través de la prensa ni oral ni escrita y muchos menos televisiva, pues la misma se contradecía con los comunicados que emitía el gobierno. Un Oficial Jefe Vcom. Médico estaba a cargo de la recepción del personal herido, éste junto a varios médicos civiles y militares, abordaron el avión por la rampa de la puerta de carga en la que también se encontraban varios heridos, a continuación a través de un megáfono llamaba por su numeral a la ambulancia correspondiente. Este procedimiento era a entender mío demasiado lento, transcurridos los primeros veinte minutos tan solo habían sido evacuados 4 o 5 combatientes, lo cual me llevó a intervenir en forma inadecuada ya que le recriminé al Vcom. a cargo, por la parsimonia con que estaban actuando, considerando que el personal llevaba más de seis horas sin ningún tipo de asistencia, a lo cual el Vcom. me contestó, que yo ya había finalizado mi trabajo y que no debía entorpecer el de él y que además iba a ser sancionado por haberle faltado las consideraciones y que procediera a retirarme del lugar, sólo la oportuna intervención del Sub. OVEJERO me evitó males mayores, dado que él mismo, me retiró del avión y nos dirigimos al Casino de Suboficiales de la IX Br.Ae. Esa tarde ya en mi alojamiento no podía descansar, no obstante haber tomado tres duchas sentía un olor inexplicable en todo el cuerpo, realmente no puedo definirlo, más tarde lo bauticé “olor al combate” tal vez los que pasaron por situaciones similares puedan entenderlo. En la mañana del día siguiente me apersoné en el Hospital Reubicable, ya en su interior creo haber visto algunos de los heridos del día anterior, la situación ahora era completamente diferente, ver esos hombres con ropa de cama limpia, sus vendas y heridas higienizadas, su estado estabilizado me hacían sentir totalmente reconfortado.
En presencia del Vcom. con el cual había tenido el altercado, éste me ordenó pasar a lo que sería su despacho y me invitó a tomar asiento, manifestándome que teniendo en cuenta el tipo de vuelo que habíamos realizado y por la tensión vivida no iba a ser sancionado y que no tenía obligación de darme explicaciones, pero que iba a hacerlo para que yo supiera que estaba equivocado, a lo cual agregó, que estando a cargo del operativo de recepción de los heridos, disponía de varios centros asistenciales en la cuidad, Hospital Municipal, y clínicas privadas, además del Hospital Reubicable y que en los mismos se encontraban distintos especialistas, traumatólogos, oftalmólogos, cirujanos, especialistas en quemaduras, etc. por lo tanto y en beneficio del personal, tenía que hacer una lectura del estado clínico a cada uno de ellos en forma individual, para así ser derivados al lugar preciso donde mejor y más rápido podían ser asistidos, evitando de esta manera hacer un traslado indiscriminado de los mismos para después andar deambulando de uno a otro centro sanitario, lo cual obraba en su perjuicio. Luego de un minuto de reflexión le manifesté al Vcom. que me sentía avergonzado por mi actitud e ignorancia, por lo cual le pedía disculpa, ante eso me estrechó la mano y me dijo que no me sintiera mal por cuanto, no tenía por qué saber eso y que había obrado como una persona de bien. Por último deseo aclarar que si en lo anteriormente expuesto incurrí en alguna imprecisión, la misma obedece al hecho de no tener la total información de toda la operación, por no corresponder a las funciones de mi especialidad, además esta narración seguramente será leída por algún Veterano de Guerra de Malvinas que fue trasladado en el vuelo mencionado, a los cuales les brindo este relato como homenaje sincero, por las contingencias que debieron enfrentar

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