28/03/2026
Bajando la marsellesa a estas playas sudamericanas.
Los Franceses en la Pesca y en el Puerto de Mar del Plata
Un himno antimonárquico y patriótico, es decir nacionalista, que parece a propósito en la voz de Mireille para levantar ejércitos, y que sin embargo en su belleza ardiente hoy queda bastante lejos de nosotros. Acá los ejércitos no se remontaban con canciones sino con levas forzadas de gauchos.
Es cierto que el propio himno redactado por los jacobinos de Buenos Aires y que aún se canta con fervor en las canchas de fútbol, reza : “…O juremos con gloria morir! ”. Pero nadie va a morir.
A esa Buenos Aires admiradora de la revolución francesa la representaron la generación de mayo, los románticos del 37, el partido unitario y los positivistas de la generación del 80. Por estos lares el sur del Salado, podemos agregar a los Libres de Sur, y muchos años después a la elite que veraneaba en Mar del Plata (los libros salvados del incendio del club Mar del Plata que restaura Matilde Rodríguez - por decir algo inmediato - están en francés).
Contra todo ello Adolfo Saldías y los nacionalistas católicos produjeron el movimiento intelectual llamado revisionismo histórico, que fue adoptado pero que tan mal le queda a la izquierda vernácula.
Pero mientras tanto la marsellesa no perdió el temple revolucionario que arde en la voz de Mireille. Representa a la Francia enemiga de la Iglesia, la que en lugar del catecismo puso la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la que había sido prohibida tanto por el primero como por el segundo imperio y por supuesto por la restauración; la que si bien se aviene con la república francesa, nada le convenía tanto como la comuna de Paris de 1871.
La marsellesa es ajena a los logros del orden napoleónico como su monumental código civil, pero no a su expansionismo militar, al espíritu belicista que lo llevó a invadir Egipto, casi toda Europa y hasta Moscú. Se la autorizaba entonces cuando era necesario insuflar patriotismo.
Representó el revanchismo tras la derrota en la guerra franco prusiana, el cual fue uno de los factores que condujeron a la primera guerra mundial. Al fin y al cabo siempre se trataba del mismo enemigo, pues la cantaron por primera vez los marselleses que se dirigían al ejército del Rin, marchando contra Austria y Prusia.
Ese espíritu condujo a Francia a imponer el tratado de Versalles; el que a su vez desembocó, entre otros factores, en la segunda guerra mundial.
El lado oscuro de la belleza.
En cuanto a la pesca en Mar del Plata hay que decir que los primeros pescadores profesionales fueron franceses.
Los contrató Marcelino Mezquita - yerno de Pedro Luro - en 1887, un año antes de la inauguración del Bristol, para aprovisionar al hotel, pero un temporal sorprendió a las lanchas poco después de su arribo y las hundió frente a las playas céntricas.
El momento más importante de la presencia francesa en nuestras costas es sin dudas el del arribo de la empresa que construyó el puerto, la Societe Nationale de Travaux Public de Paris, el apellido de cuyos ingenieros (Allard, Dolfus, Sillars y Wirot) sirvió para conformar la denominación del club Aldosivi, fundado un año después de la iniciación de las obras del puerto.
Frances era también el ictiólogo de la Dirección de Nacional de Pesca, Fernando de Lahille, el primer defensor oficioso de los pescadores cuando se pretendía su traslado coactivo desde las playas a la banquina, como consta en el libro “Los Pescadores y la Municipalidad de Mar del Plata” reeditado recientemente por la Asociación de Fomento del Puerto.
Vehículo de la influencia cultural francesa, que tanto gravitaba sobre Buenos Aires, debieron haber sido las damas vicentinas. Así el retablo de la iglesia de la Sagrada Familia, donado por Elisa Alvear de Bosch, es copia del de la Iglesia de San Roque en París.
El más enigmático y discutible de estos aportes franceses es la Gruta de Lourdes, réplica de la original, con más su estatua de Bernadette Souvirous. Hay que decir que no era Lourdes sino Fátima (como actualmente lo es Medjugorge) la aparición de la Virgen que estaba en boga por entonces. Así que, no siendo una decisión de las hermanas de la madre Teresa Grillo Michel, no hay que descartar la influencia en esa elección de las damas vicentinas o de la empresa francesa.