16/06/2020
A 102 años de la reforma del 18
Recuperar la participación por una universidad popular, feminista y latinoamericana
Por Ayelén Césare – Vocal Comisión Directiva FUA
Un nuevo aniversario de la reforma universitaria de 1918 nos incita a discutir qué universidad tenemos y qué universidad queremos. En el marco de una pandemia mundial la producción del conocimiento es un eje fundamental. Fueron reconocidos los descubrimientos de cientificxs y profesionales argentinxs al servicio de la pandemia como fue el reciente desarrollo del kit de testeo de la UNQ y la UNSAM. Hechos aislados, que deberían ser la regla nos pone sobre la mesa la necesidad de la disputa por la producción del conocimiento de nuestras altas casas de estudios.
Hoy nuestro sistema universitario público se encuentra resistiendo los embates de empresas capitalistas que apoyándose en leyes del menemismo que aún siguen vigentes promueven la privatización y mercantilización. La Ley de Educación Superior impuso sus criterios en nuestras universidades y abonó a una estandarización de la producción del conocimiento al servicio de los empresarios. Es así como la acreditación de las carreras por la CONEAU implica un recorte constante de contenidos a las carreras de grados, que se incorporan a posgrados pagos. En este sentido, la necesidad de forjar una universidad popular sigue más vigente que nunca, impulsando un acceso real de los sectores populares a la educación universitaria y orientando la producción de conocimiento a las necesidades populares.
En este cuadro es preciso señalar que venimos de un sistema universitario totalmente desfinanciado después de cuatro años de macrismo. Las condiciones de nuestrxs docentes, investigadores, PAS y estudiantes son preocupantes: docentes que venían con paritarias cada vez más a la baja y que hoy en día están luchando para resguardar sus derechos en un contexto de implementación de la educación virtual. Personal administrativo y de servicios que resisten la precarización laboral y ni hablar de investigadores que fueron parte un proceso de lucha en defensa de sus derechos ante el burdo recorte del CONICET y que aún hoy siguen exigiendo mejores condiciones en este contexto. Lxs estudiantes tampoco estamos exentos de esta situación con recortes de becas, el programa Progresar que resulta insuficiente y una educación virtual que nos encuentra con dificultades y el riesgo de incrementar la deserción. Una situación que se agudiza ante una condición estructural que de cada 10 estudiantes solo 2 logran finalizar sus estudios.
Recuperar el legado del 18
En este marco y ante un nuevo aniversario de la reforma universitaria debemos reflexionar sobre sus demandas, conquistas y vigencia. Una cualidad de este gran movimiento que comenzó con su grito en Córdoba, pero resonó en todo el continente fue el potente protagonismo del movimiento estudiantil que oponiéndose a las lógicas impuestas lograron poner de pie un nuevo modelo de universidad. Así con una fuerte organización estudiantil se lograron conquistas históricas, de avanzada para el contexto como el cogobierno universitario, el respeto a la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y la preocupación porque las universidades se vinculen con las problemáticas sociales y pongan sus conocimientos al servicio de los intereses populares.
Sin embargo 102 años después es necesario reflexionar que el espíritu original de dicha reforma fue desvirtuada: en la actualidad el cogobierno universitario tiene un carácter fuertemente antidemocrático, por solo dar un ejemplo en la Asamblea Universitaria de la UBA el voto de un docente concursado equivale el voto de 300 estudiantes; por otro lado la autonomía universitaria fue utilizada por distintos gestiones y camarillas dentro de la universidad para negociados y fondos propios que no hicieron más que profundizar la mercantilización del conocimiento; la preocupación por la vinculación de la universidad con los sectores populares es muy limitada desde las áreas de “extensión” (que ya el propio nombre denota una concepción iluminista de la educación) y fue más desarrollada por las organizaciones estudiantiles que en coordinación con movimientos sociales y organizaciones obreras han abonado a un trabajo conjunto y reciproco. A su vez la laicidad impulsada por la Reforma del 18, es insuficiente si en este contexto actual no se lucha por una profunda perspectiva feminista en nuestras universidades.
Por lo tanto, recuperar la reforma del 18, implica profundizar en la construcción de un programa integral por otro modelo universitario y fundamentalmente implica recuperar el protagonismo de la comunidad educativa para definir los rumbos del sistema universitario. Una comunidad educativa que se opuso a la disciplina de los bastones largos, que en los 70` supo poner a sus universidades, en fuertes debates y experiencias alternativas para construir una nueva sociedad, que resistió a las reformas neoliberales, que gesto importantes procesos de lucha vinculando distintos sectores estudiantiles como con los secundarixs y terciarixs en la década pasada y tuvo que enfrentarse al desfinanciamiento del macrismo, generándose en el 2018 una importante movilización en unidad de acción, que también generó que algunas universidades, como por ejemplo la UNQUI, atravesaran acciones de lucha inéditas hasta entonces.
Siguiendo estas experiencias históricas, es preciso recuperar los espacios de participación estudiantil. En ese sentido no es menor que las principales federaciones como lo es la Federación Universitaria Argentina o la FUBA se encuentre en manos de Franja Morada y la UES, fuerzas políticas que sostienen sin ninguna tipo de cuestionamiento el modelo universitario actual con negociados y acuerdos con los rectorados. y mantienen espacios que no promueven una vida política activa del estudiantado. Desde la izquierda tenemos la gran tarea de recuperar ese terreno perdido, traer nuestra historia y tradición de lucha, como lo fue la reforma del 18 para actualizarla al día de hoy, para salir a pelear por nuestros derechos, recuperar la participación y que los centros de estudiantes y federaciones cambien radicalmente lo que son.
Ante sectores empresariales que quiere imponer sus lógicas en nuestra educación y aún más con la “modernización de la educación” de la mano de la modalidad virtual, debemos oponer una alternativa de universidad. La experiencia de la reforma universitaria nos deja que la única forma de forjar estos cambios es con la participación y protagonismo de la comunidad educativa. Única fuerza capaz de romper estructuras y construir nuevos paradigmas. Es así, que hoy reconstruir esa participación con creatividad, con la defensa de nuestros derechos, construyendo un modelo de universidad y forjando un espíritu rebelde se vuelve central. Es el camino para retomar la experiencia del ´18, que sea una guía en la actualidad y que esa declamación en el manifiesto liminar donde se expresaba: “Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana” sea un grito final.