Somos un grupo de jóvenes de distintas carreras universitarias, pero con un objetivo en común, transformar la realidad actual del país. Apuntamos alto ya que de no ser así nunca alcanzaríamos algo que no soñamos. Si el objetivo es pequeño, los medios van a ser acordes, pero si son grandes, va a requerir un mayor esfuerzo y perseverancia, y es allí hacia donde nos dirigimos. Unidos por este objetiv
o, debíamos arrancar por algún lado. Varios de los integrantes habíamos leído el libro de Muhammad Yunus “El banquero de los pobres”, o “Hacia un mundo sin pobreza”, y la idea de hacer un programa de microcréditos nos entusiasmó de sobremanera. No podíamos creer el éxito que tuvo en distintos países del mundo, y pensamos que nosotros podíamos hacerlo cerca de donde nos criamos, en un barrio carenciado de San Miguel. Cuando nos reuníamos para decidir y pensar cómo llevar adelante este proyecto empezamos a volar alto. En cada charla resolvíamos la situación del barrio y del país, pero éramos conscientes de que había que arrancar, poner manos a la obra, porque las ideas pueden quedar en el aire. Empezamos a hacer distintas averiguaciones y finalmente dimos con la Fundación Grameen Argentina (FGA), quienes se ocupaban de capacitar a soñadores como nosotros. Para nuestra sorpresa, este tipo de programas ya se realizaba hace años por todo el país. Sin embargo, esto no nos frenó. La idea no era inventar la rueda, sino ayudar, el cómo era más anecdótico, por eso nos capacitamos con ellos. En la misma nos encontramos con una metodología eficiente por un lado, y que a su vez le daba prioridad a los mismos valores que los nuestros, la dignidad de las personas y la solidaridad. Esto nos motivó aún más para seguir adelante. Ya sabíamos qué era lo que íbamos a hacer y también dónde. Desde el momento en que tuvimos la idea de arrancar con el programa de microcréditos iniciamos un diálogo con la Fundación Umbrales, quienes desde su Centro de Desarrollo Integral (CDI) realizan diversas actividades con fines sociales. Todos de alguna manera estábamos involucrados con el CDI, ya que habíamos participado en alguna actividad, y además había un vínculo muy cercano con las personas que lo llevan adelante. En este diálogo, nos pusimos de acuerdo para que de una manera sinergial, comenzáramos el programa. Lo increíble de este programa, es que busca que las personas salgan adelante por sus propios medios. Lo único que vamos a hacer nosotros es prestarle un capital inicial e incentivarlos a que se den cuenta que pueden hacer y alcanzar lo que quieran, como nosotros también podemos. Somos conscientes de que va a ser un proceso largo, un camino arduo, pero lejos de desanimarnos, nos alienta a dar lo mejor de nosotros, a entregar nuestras vidas por un país mejor, sin pobreza. Estamos convencidos de esto porque confiamos unos en otros. Sabemos como grupo que si nos apoyamos entre nosotros, no hay realidad tan estática que no se pueda transformar.