20/05/2026
Cuando la salud ya no importa.!!
La salud en nuestra Argentina 2026, obvio que la pública, ya no interesa, ni importa. Enfermedades como la sífilis, la tos convulsa y otras que parecían parte del pasado vuelven a aparecer. Y vuelven porque ya no hay prevención, porque faltan campañas, vacunas, controles y un Estado presente que cuide a su gente.
Hoy el Gobierno tiene el rumbo puesto en otro Norte, más preocupado por agradar a los mercados y a los poderosos del Norte de América que por mirar a los argentinos que no llegan a fin de mes.
Mientras hablan de equilibrio fiscal, en los hospitales faltan medicamentos oncológicos, insumos básicos, turnos, profesionales y respuestas.
Los médicos renuncian porque no pueden vivir con sus salarios. Las enfermeras trabajan agotadas, cobrando miseria. Los científicos se van del país o abandonan proyectos porque ya no hay presupuesto. Los jubilados tienen que elegir entre comer o comprar remedios.
Los discapacitados viven entre recortes, demoras y abandono. Y todo esto sucede mientras millones dependen exclusivamente de una salud pública que está colapsada.
Más de un millón de personas dejaron de pagar sus prepagas porque ya no pueden sostenerlas. Entonces se volcaron al sistema público. ¿Y qué pasó? Guardias explotadas, meses de espera para estudios, hospitales saturados y trabajadores de la salud haciendo milagros para atender como pueden.
Es terrible lo que pasa. Y es más terrible todavía el silencio.
Te dicen que el costo de vida subió un 6 u 8%, pero no te cuentan que el salario real viene destruido desde hace meses. No te cuentan que cada aumento de tarifas, transporte, alimentos y medicamentos le saca dignidad al trabajador. No te cuentan que cada ajuste lo paga la clase media y los sectores populares.
Hoy los únicos ingresos que se actualizan con cierta rapidez son la AUH, la Tarjeta Alimentar y algunos planes sociales, porque saben perfectamente dónde puede explotar el conflicto social. Mientras tanto, el trabajador formal, el jubilado y el pequeño comerciante quedan completamente solos frente a la inflación y la recesión.
La gente duerme en la calle como hacía años no se veía. Las ollas populares volvieron a multiplicarse. Comercios históricos cierran. Pymes despiden. Familias enteras viven endeudadas para comprar comida o medicamentos. Y la tristeza empieza a ser parte de la vida cotidiana.
Nos quieren convencer de que sufrir es normal, que perder derechos es modernidad y que destruir el Estado es eficiencia. Pero un país que abandona la salud, la educación, la ciencia y el trabajo no avanza: retrocede.
Porque cuando la salud deja de importar, lo que deja de importar es la gente.
T.O