Dirección General de Patrimonio Cultural

Dirección General de Patrimonio Cultural Página Oficial de la Dirección General de Patrimonio Cultural Municipal

24/10/2023

🔸 Expresivos 6° Edición

📅 Este viernes 27 de Octubre a las 20h, te esperamos en el MOC para participar de la apertura de la muestra gráfica y escultórica de estudiantes de los Dptos. de Artes Visuales y Diseño Gráfico del ISAC "Prof. Alberto Mario Crulcich".

Esta muestra de grabados y esculturas en formato de bienal surgida en 2013, se compone también de diferentes acciones como talleres relacionados a técnicas tanto gráficas como escultóricas, charlas didácticas y conversatorios con artistas del grabado y la escultura.

Expresivos se ha venido presentando en las instalaciones del ISAC durante los periodos 2013, 2015, 2017 y 2019; y ya desde el 2021 y este año 2023 las puertas del Museo de Bellas Artes Octavio de la Colina se abrieron y abrirán para ser gala de las producciones de los jóvenes estudiantes de la mencionada institución educativa de nivel superior.

Te esperamos! 🙋‍♂️


20/09/2023

Letra y Música: Santiago Carrizo.Canta: Miguel MarcosArreglos: Fernando Gramajo.Algunas de las fotografías son gentileza de Oscar Lobos.Video de USO PEDAGÓGI...

13/09/2023

POETAS RIOJANOS. HOY: CARLOS ALBERTO LANZILLOTTO (1922-1989)

Estaba pensando en nuestra Santa Rosa que amaga y amaga, y salvo el zonda, no llega en lluvia, mientras hojeaba el segundo tomo de la monumental recopilación de Héctor David Gatica, dedicado a la poesía argentina en Este Canto es América; y me encontré con este muy singular poema de Carlos Alberto Lanzillotto.

AMOR A LA RIOJA
Sobre los Llanos
memoria
¿Recuerdan a don Tani?

Capaz de sacar lluvia de sí mismo
capaz de sacar verde de sí mismo.

La lluvia, ¿llegará a la entrada de Ambil?

Los ojos grandes, la sonrisa grande,
¿hará llover don Tani?

seca
Entre Ambil y Talva no ha llovido.
La capilla está blanca de sequía.
La represa no está. Un bombardeo
de sed del cielo le ha caído encima.

Blanco colchón de polvo removido
se acuesta en el camino a Torrecitas.

Saliendo de Catuna, entrando a Solca,
chatas y achaparradas las jarillas
no tienen flores; tienen sed. Se agarran
a la tierra amarilla.

lluvia
Altas, cimbreantes como bailarinas
de zamba, se personan las jarillas.

Revolean sus flores amarillas
al viento que las baila y acaricia.

Toda la gente vegetal matiza
los verdes de la vida.

En Tello, en el 14, bien servida
por la lluvia, la tierra quedó encinta.

síntesis
Don Tani, de sí mismo, saca lluvia;
saca verde si falta y tira seca.
La lluvia moja ya la entrada de Ambil.

Los ojos grandes, la sonrisa grande,
la recibe don Tani.

*
Después de la lectura, escuchar la Zamba del Cercador de Ariel Ferraro y Ramón Navarro, bellamente interpretada por María de los Ángeles Salguero y el gran compositor chuqueño, es el mejor complemento que podemos ofrecerles.
https://youtu.be/enheiyjAMpk

31/08/2023

❇️ Este viernes 1/9 a las 20:30h., te invitamos a participar de la apertura de la exposición “Alegorías de Tango” del polifacético artista Nicolas Bustos con curaduría de Flora Gomez

Alegorías de Tango, se constituye de 34 obras de diferentes épocas y técnicas [ óleos, dibujos, acuarelas, poemas ] y muestra una larga investigación visual y sensorial sobre el mundo que rodea el tango, sus ambientes, sus personajes y climas diversos, que el autor fue elaborando durante años de cercana convivencia con el arrabal porteño.

💫 Además se presentará una performance artística concebida por el pintor y tanguero de pura cepa, con música a cargo de Gastón Solohaga y Carlos Chazarreta, el canto del propio Nicolás Bustos y la danza a cargo del Ballet de la Legislatura dirigido por el Prof. Carlos Altamirano.

Te esperamos! 🙋🏻‍♂️
Pasaje Diaguita 75, Pueblo Cultural Pelagio B. Luna.



24/07/2023

DE AUTORES RIOJANOS. ELOGIO DE LA INGENUIDAD. DAVID GABRIEL GATICA.

Hay que mentirse, amigos,
hay que mentirse
mentirse sin miedo y sin resignación
mentirse sin tregua y de pie
mentirse que los amigos no van a cambiar con el mundo
que ella va a seguir siendo ella aunque cambie
que ella va a venir, que él va a contestar, que ellos van a recordarnos
que la verdad puede robarle la lapicera al poder
que la palabra viva va a rasquetear el sarro de la letra mu**ta
que nuestra sangre será palabra y no manchones al pie de página
que alguna vez la justicia divina va a subir la escalinata de los tribunales
que podremos salvar algunos capullos del volcán
que los ángeles van a afinar el oído.

Hay que mentirse
porque nos volvemos astutos
pero no astutos como el trigo
que ofrece su corazón de harina para poder viajar de mano en mano
sino astutos como esos parásitos que crecen bajo sombras ajenas
prendidos a la inercia de los otros
como se sujetan las rémoras para pelearse por las sobras del tiburón
creemos que creer en el cáncer es creer
tarde aprendemos que la felicidad de las piedras no le sirve a los pájaros.

Por eso hay que mentirse, amigos,
hay que soñarse ola para dejar de ser espuma
cantar como si la palabra cayera siempre en buena tierra
extirpar de los espejos el aliento de la muerte
caminar los desiertos con un presentimiento de lluvia
ser padres del tiempo y no hijos del espacio.

La vida prefiere un corazón desangrado antes que un corazón sin sangre
porque es más verdadero haber sido fuego sin leña
que haber sido ceniza, sin mentira… y sin fuego.

*
Comentario.

Sabido es entre los lectores que todo texto tiene entre sus potencialidades, la de evocar textos, lecturas anteriores, y remover de manera involuntaria mojones de memoria.

Me ha sucedido así a mí, al menos esta vez -conozco el poema de David Gabriel desde su primera publicación en el poemario Miradas- y lo que, de buenas a primeras, ha resonado fronteras adentro de mi stock de lecturas es “Llorar a lágrima viva” de Oliverio Girondo, cito los primeros versos y enlazo un link que les permitirá acceder a aquel poema completo:
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
http://www.loa.org.ar/espacioDetalle.aspx?ID=572d9320-32de-4a2d-bfe0-950b07b121fb

Y ahora sí, como dicen en el barrio, me tiro a la pileta, juego, arriesgo, argumento a favor de mi derecho lector a consagrar el parentesco entre estas dos potentes piezas de la poesía argentina, y digo en principio que postulan un mismo héroe humano que se purifica y libera en el ritual del llanto y se miente convenientemente en el poema de D. G. Gatica para sostenerse en la pelea de la vida; se miente, aclarémoslo, sin reclamar siquiera la más modesta forma de la esperanza, lo que según mi parecer es un acierto: Aunque sea, según el saber popular, “lo último que se pierde”, nadie ha podido establecer fehacientemente, de Pandora a la fecha, si la esperanza no es una desgracia que quedó parapetada en la caja de males, dispuesta a saltar y confundir a los hombres. Lo cierto es que los poetas le desconfían: La esperanza tan dulce /tan pulida tan triste /la promesa tan leve /no me sirve / no me sirve tan mansa / la esperanza, dice Mario Benedetti en Me sirve no me sirve; y por el lado de acá, don Oscar Marcos, mi padre, reflexiona en su Milonga de la esperanza de reciente grabación: Que es buena me lo dijeron / nunca se nombra en el mal / tantas veces que no llega / lo malo es el esperar.

La esperanza esta implícitamente negada, la astucia, que es madre del cinismo, de manera explícita… Después de recomendarnos como sostén la mentira del utopista, esa que necesitamos para ser piadosos con nosotros mismos, sostenernos en la invención de un sentido y al fin de cuentas, caminar sembrando vida en la vida, el “yo lírico” -entidad prescripta por la teoría literaria que vamos a identificar, de manera directa, con el autor y su energía vital- nos advierte: porque nos volvemos astutos / pero no astutos como el trigo / que ofrece su corazón de harina para poder viajar de mano en mano / sino astutos como esos parásitos que crecen bajo sombras ajenas / prendidos a la inercia de los otros / como se sujetan las rémoras para pelearse por las sobras del tiburón (…)

Ay con esos sujetos astutos que son como las rémoras del tiburón, ay con esos mediocres seres que orbitan como asteroides alrededor del ma***to Poder; permítame, amigo David que los recuerde la letra de una celebrada chaya de don Ramón Navarro: “Ahí andan los de siempre / alrededor del que manda / y nosotros vamos quedando / como cascote en zaranda. / Como bandada de loros / he visto gente en el mando / se andan comiendo el maizal / y todavía andan gritando”.

“La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita” le contesta El Cartero a Neruda cuando el poeta le reprocha el uso de sus versos en la conquista de una muchacha; y el axioma se fija para siempre. Sin embargo, se me ocurre pensar que el primer necesitado es el poeta, especialmente cuando lo demandan las urgencias de la resistencia: poner en palabras el desasosiego, constituir con el verbo un atalaya o la “loma pircada” de un “pucará” de resguardo, al que luego subiremos todos los que hayamos comprendido esta premura con la razón, con el espíritu y la intuición, con las vísceras.

Sin embargo, Gatica no necesita batir el parche y abundar en la denuncia de un poder aberrante; en la dinámica de torbellino con que el poema arranca y se consuma, alcanzan tres o cuatro potentes líneas para hacer entrever “algo” que por estos lares todos conocen, aunque muchos, por pura conveniencia, se hagan los distraídos; se trata entonces de mentirse “que la verdad puede robarle la lapicera al poder / que la palabra viva va a rasquetear el sarro de la letra mu**ta / que nuestra sangre será palabra y no manchones al pie de página / que alguna vez la justicia divina va a subir la escalinata de los tribunales”.

Al cierre de la progresión que denuncia a un poder que se yergue por encima de la ley, y cuya impunidad resigna al poeta a la espera de la justicia divina, se nos invita a creer “que podremos salvar algunos capullos del volcán, que los ángeles van a afinar el oído”, que por la pura potencia de nuestros actos, seremos escuchados…

Confieso, y confiero con mi confesión un aura casi religiosa al poema, que tengo por adoptada la premisa, que todos los días se vuelve una motivación y una meta, allí donde me espera el volcán, de ejercer una modesta rebeldía y pelearle algunos capullos que quizá, quién sabe, puedan sostener la luz de la verdad frente a la mentira institucionalizada, la simple belleza de la vida frente a la herrumbrosa fealdad de la mediocridad perversamente ensalzada, la lucidez y la razón frente a la demencia de este gigantesco estrago auto infligido que hemos adoptado por sistema, el sistema sí, de la mala vida que soberanamente nos damos…

Al fin y al cabo, “la poesía es del que la necesita”, digo parado en la instancia hambrienta del lector.

Foto de Guillermo Hugo García en Miradas.

Miguel Marcos para Dirección de Letras

10/07/2023

LAPRIDA, BORGES Y EL POEMA CONJETURAL.

Esta es la buena lectura que proponemos para esta importante fecha.

Borges asume uno de sus roles más celebrados: el de aquel que reescribe nuestro siglo XIX volviendo sobre algunas escenas de su historia o de la historia de la literatura. Así por ejemplo, vuelve sobre el Martín Fierro para escribir junto a Margarita Guerrero su obra de crítica acerca del poema de Hernández, pero también para dar factura a los cuentos El fin, y Biografía de Tadeo Isidoro Cruz.

En el plano de los hechos y personajes históricos destacan claramente la Oda a la Patria, El general Quiroga va en coche al muere, y este poema, el conjetural dedicado a imaginar los últimos pensamientos de Francisco Narciso de Laprida, jurista cuya voz declaró la independencia "de estas crueles provincias", antes de perecer a manos de los montoneros de Aldao, trece años después, el 23 de septiembre de 1829,

Es interesante escuchar al propio Borges encabalgando la composición de este poema con aquel que narra la muerte, también trágica de Quiroga. El poeta afirma que concibió El general Quiroga va en coche al muere como un "poema visual" y que tales circunstancias habilitaron para esta otra muerte la intención de conjeturar sobre la voz de la conciencia de este hombre que sabe que va a morir ejecutado por sus vencedores en una de las tantas escaramuzas de nuestro medio siglo de guerra civil.

Montado sobre el eje de la antinomia sarmientina de "civilización o barbarie" el poema concentra buena parte de su sentido en el anhelo frustrado de Laprida: "Yo que anhelé ser otro, ser un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes, a cielo abierto yaceré entre ciénagas".

En ese anhelo frustrado se cifra la temprana imposibilidad del proyecto civilizador. Ni Constitución, ni ley, sino boleadoras, lanzas y cuchillos, y la voluntad de los caudillos manipulando el furor guerrero de los gauchos en un boceto de nación que carece todavía de un proyecto que contenga sus mil disparidades:
(...) "se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen".

El paradojal júbilo del hombre que va a morir, ingresa en el plano de la temática del Destino, frecuente en Borges, y del axioma que sostiene que un destino no es mejor o peor que otro pero que todo hombre debe encontrar el suyo:
"...me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez".

El poema conjetural es una joya literaria que trasciende largamente el hecho histórico que lo inspira para convertirse en símbolo del problema del largo desencuentro argentino.

El autor, Borges ha sospechado y acertado al indagar las claves que contiene, entre tantas muertes violentas, la ejecución a cuchillo de Laprida.

POEMA CONJETURAL (Jorge Luis Borges)
El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23 de septiembre de 1829
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

06/07/2023

DE LAS BUENAS LECTURAS. CONTENIDOS DE RADIO. HOY: UN ARTISTA DEL TRAPECIO DE FRANZ KAFKA.

Y llegamos a los diez programas del ciclo DE LAS BUENAS LECTURAS, en la 93.1, Radio Municipal, y lo celebramos, el pasado domingo 2, compartiendo cuentos, poemas, formas literarias que se ponen en diálogo con canciones y van urdiendo la trama de una dinámica muy atractiva para la audiencia que pasa esta horita del domingo, que va de tres a cuatro de la tarde, en la mejor compañía; porque no hay mejor compañía que las buenas lecturas, y la buena música.

En esta décima emisión, ajustados al criterio de seguir las efemérides literarias, compartimos un cuento de Franz Kafka, nacido en la ciudad de Praga el 3 de julio de 1883, y considerado uno de los escritores capitales del siglo XX.

Se trata de Un artista del trapecio, breve relato que, sin embargo, alcanza como muestra del talento del autor para servirnos esas atmósferas opresivas y absurdas que caracterizan su literatura. Entre el autor y nosotros, sus lectores, media el arduo y fundamental trabajo del traductor que es, nada más ni nada menos, que nuestro Jorge Luis Borges, genio argentino y universal.
Al final del cuento, usted, como los oyentes, podrá disfrutar de la canción que hemos elegido poner en diálogo con este cuento. Se trata de Los ejes de mi carreta de don Atahualpa Yupanqui, milonga que interpreta, con un profundo sentimiento, Jairo.

El tópico que hemos elegido para reunir el cuento con la canción es el de la SOLEDAD, aunque merece destacarse que, la soledad del “yo lírico” de la milonga de Yupanqui no tiene los ribetes patológicos que exhibe la del el trapecista kafkiano; se trata más bien de una de esas soledades inevitables, gestadas, acaso, en el contexto geográfico, en las fatigosas distancias que se fueron configurando en nuestro no menos fatigoso proceso de poblamiento -si comparamos nuestra población actual con la que deberíamos tener, concluimos en que somos un país, todavía, despoblado, entre esos dos números, el que dice cuántos somos y el que hipotetiza cuántos deberíamos ser de habernos desarrollado según nuestro infinito potencial, media nuestra condición de nación fallida-.

La penosa soledad del trapecista kafkiano tiene que ver con la vida y la cultura de vida del siglo XX que son bastante parecidas a las que deja ver nuestro presente; aunque, claro está, en el vértigo de nuestros días, la tecnología, que es dadora de grandes progresos, provee también dispositivos que, mal usados, engendran sus propios y solitarios adictos.

La yapa: ¿Sabías que Kafka dibujaba? Por burocráticas y kafkianas razones, sus dibujos en tinta china, fueron inaccesibles durante décadas. Se publicaron por primera vez el año pasado, tomamos prestado uno, para ilustrar esta columna.

UN ARTISTA DEL TRAPECIO. FRANZ KAFKA (Traducción: Jorge Luis Borges)

Un artista del trapecio –como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre– había organizado su vida de tal manera –primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica– que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades –por otra parte muy pequeñas– eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

De esta manera de vivir no se deducían para el trapecista dificultades especiales con el resto del mundo. Sólo resultaba un poco molesto durante los demás números del programa porque, como no se podía ocultar que se había quedado allá arriba, aunque permanecía quieto, siempre alguna mirada del público se desviaba hacia él. Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Además, era sabido que no vivía así por capricho y que sólo de aquella manera podía estar siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.

Además, allá arriba se estaba muy bien. Cuando, en los días cálidos del verano, se abrían las ventanas laterales que corrían alrededor de la carpa y el sol y el aire irrumpían en el ámbito crepuscular del circo, era hasta bello. Su trato humano estaba muy limitado, naturalmente. Alguna vez trepaba por la cuerda de ascensión algún colega de gira, se sentaba a su lado en el trapecio, apoyado uno en la cuerda de la derecha, otro en la de la izquierda, y charlaban largamente. O bien los obreros que reparaban la techumbre cambiaban con él algunas palabras por una de las claraboyas o el electricista que comprobaba las conexiones de luz en la galería más alta, le gritaba alguna palabra respetuosa, si bien poco comprensible.

A no ser entonces, estaba siempre solitario. Alguna vez un empleado que erraba cansadamente a las horas de la siesta por el circo vacío, elevaba su mirada a la casi atrayente altura, donde el trapecista descansaba o se ejercitaba en su arte sin saber que era observado.

Así habría podido vivir tranquilo el artista del trapecio a no ser por los inevitables viajes de lugar en lugar que lo molestaban en sumo grado. Cierto es que el empresario cuidaba de que este sufrimiento no se prolongara innecesariamente.

El trapecista salía para la estación en un automóvil de carreras que corría, con la velocidad máxima; demasiado lenta, sin embargo, para su nostalgia de trapecio.

En el tren, estaba dispuesto un departamento para él solo, en donde encontraba arriba, en la redecilla de los equipajes, una sustitución mezquina –pero en algún modo equivalente– de su manera de vivir.

En el sitio de destino ya estaba enarbolado el trapecio mucho antes de su llegada, cuando todavía no se habían cerrado las tablas ni colocado las puertas. Pero para el empresario era el instante más placentero aquel en que el trapecista apoyaba el pie en la cuerda de subida y en un santiamén se encaramaba de nuevo sobre su trapecio.

A pesar de todas estas persecuciones, los viajes perturbaban gravemente los nervios del trapecista, de modo que por muy afortunados que fueran económicamente para el empresario, siempre le resultaban penosos.

Una vez que viajaban, el artista en la redecilla, como soñando, el empresario recostado en el rincón de la ventana, leyendo un libro, el hombre del trapecio lo apostrofó suavemente. Y le dijo, mordiéndose los labios, que en lo sucesivo necesitaba para vivir, no un trapecio, como hasta entonces, sino dos, dos trapecios uno frente a otro.

El empresario accedió enseguida. Pero el trapecista, como si quisiera mostrar que la aceptación del empresario no tenía más importancia que su oposición, trabajaría únicamente sobre un trapecio. Parecía horrorizarse ante la idea de que pudiera acontecerle alguna vez. El empresario, deteniéndose y observando a su artista, declaró nuevamente su absoluta conformidad. Dos trapecios son mejor que uno solo. Además, los nuevos ejercicios serían más variados y vistosos.

Pero el artista se echó a llorar de pronto. El empresario, profundamente conmovido, se levantó de un salto y le preguntó qué le ocurría, y como no recibiera ninguna respuesta, se subió al asiento, lo acarició y abrazó y estrechó su rostro contra el suyo, hasta sentir las lágrimas en su piel. Después de muchas preguntas y palabras cariñosas, el trapecista exclamó, sollozando:

–Sólo con una barra en las manos ¡cómo podría yo vivir!

Entonces, ya fue muy fácil al empresario consolarle. Le prometió que, en la primera estación, en la primera parada y fonda, telegrafiaría para que instalasen el segundo trapecio, y se reprochó a sí mismo duramente la crueldad de haber dejado al artista trabajar tanto tiempo en un solo trapecio. En fin, le dio las gracias por haberle hecho observar al cabo aquella omisión imperdonable. De esta suerte, pudo el empresario tranquilizar al artista y volverse a su rincón.

En cambio, él no estaba tranquilo, con grave preocupación espiaba, a hurtadillas, por encima del libro, al trapecista. Si semejantes pensamientos habían empezado a atormentarlo, ¿podrían ya cesar por completo? ¿No seguirían aumentando día por día? ¿No amenazarían su existencia? Y el empresario, alarmado, creyó ver en aquel sueño aparentemente tranquilo, en que habían terminado los lloros, comenzar a dibujarse la primera arruga en la lisa frente infantil del artista del trapecio.

https://youtu.be/VDSDvTE80Ss

29/06/2023
29/06/2023

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La Rioja
5300

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