19/08/2026
Los privilegiados en la vida y reaccionarios en la política han sabido difundir en nuestro país lugares comunes que repugnan al corazón y a la cabeza, como “los pobres son pobres porque son vagos”, “acá no trabaja el que no quiere”, “mandan a los hijos a pedir para gastarse lo que traigan en vino”, o el histórico “les das una casa y levantan el parquet del piso para hacer un asado”. Todos esos pensamientos se ubican en el subsuelo de la dignidad y de la inteligencia, y alimentaron el antiperonismo de nuestro país en el siglo pasado, pero les sirvió a los indiferentes con la injusticia social a lavar sus culpas yendo los domingos a misa. Hoy la ultraderecha tiene un método más cruel y cínico que el antiperonismo del pasado: elige invisibilizar la pobreza y naturalizar la desigualdad, para que en su agenda no figure como un problema a resolver y no sienten culpa que lavar. Es más, la iglesia les parece muy “comunista”.
Es por ello, que los hombres y mujeres que elegimos no ser indiferentes ante la realidad social injusta, debemos deponer los dogmatismos ideológicos para articular un frente de transformación popular que tenga dos objetivos prioritarios: terminar con Milei y dar respuesta inmediata a las necesidades concretas del pueblo a través de un programa que ataque frontalmente la desigualdad.