América Latina atraviesa un proceso inédito por los alcances y proyecciones de desarrollo de gobiernos profundamente comprometidos con la democracia, el despliegue de políticas de inclusión social y económica y la integración social, política, económica y cultural de sus países. En este proceso de doble enriquecimiento, donde la emancipación interna se ve acompañada, sostenida y retroalimentada po
r la integración de los países latinoamericanos, se pueden apreciar las dimensiones de la recuperación latinoamericana y atisbar las potencialidades de nuestra región. Una fuerte resistencia al modelo neoliberal que encarnado en un Estado puesto al servicio de los monopolios transnacionales y nacionales, junto a la falta de respuestas económicas y políticas de dicho modelo, llevó al colapso de nuestras sociedades a inicios del Siglo XXI, con las consecuencias sociales que afectaron profundamente a los sectores populares . Movimientos políticos y sociales convergieron en la construcción de gobiernos que, en la certeza de que la construcción de un nuevo marco societal sólo podía hacerse a través de la democracia y del renacimiento del Estado, plantearon una nueva matriz para América Latina. Hugo Chávez Frías en Venezuela, Luiz Inácio Da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, el Frente Amplio en el Uruguay constituyeron la primera oleada de gobiernos nacional populares que reivindicaron esa nueva matriz económico-social latinoamericana. Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rouseff, José Mujica, Nicolás Maduro le han dado continuidad y profundidad a ese proceso iniciado en los albores del Siglo XXI. Pero, al mismo tiempo, este proceso emancipatorio se ha visto amenazado y en algunos casos interrumpido por la reconfiguración de actores económicos, sociales y políticos tradicionales y conservadores. Esta reconfiguración no viene de la mano de las clásicas dictaduras militares sino de un actor que funciona como aglutinador, referencia y en algunos casos conductor del intento por detener las posibilidades liberadoras de los gobiernos populares: los grandes medios hegemónicos latinoamericanos y su asociación con las empresas y medios transnacionales. Esta creciente y abrumadora presencia del mundo mediático en nuestras sociedades ha servido de base a todo tipo de procesos que han intentado coartar la libertad política intentando destituir por diversos mecanismos a los gobiernos democráticamente elegidos. Al mismo tiempo, los gobiernos nacional-populares latinoamericanos han puesto la atención en las dificultades serias que se constituyen en nuestras sociedades para desarrollar una verdadera democracia con la presencia, injerencia y hegemonía discursiva/económica de los grandes monopolios comunicacionales. El rol de estos medios hegemónicos en el golpe contra el presidente Chávez en Venezuela en el año 2002, contra el presidente Zelaya en Honduras en el año 2009, contra el presidente Correa en Ecuador en el año 2010 y durante conflictos de grupos antidemocráticos con gobiernos populares como el de las patronales rurales en Argentina en el 2008 y en Bolivia contra el presidente Evo Morales ese mismo año; por señalar los hechos más resonantes, ha señalado la necesidad de buscar mecanismos de democratización de la comunicación. Estos intentos desestabilizadores encabezados por la alianza entre medios de comunicación, corporaciones nacionales e internacionales, y políticos opositores, son los puntos álgidos, la concreción por parte de estos sectores, de una afectación cotidiana de la gobernabilidad de los gobiernos populares y de vulneración permanente de los derechos de las audiencias. Las acciones desestabilizadoras de los medios concentrados en articulación con los poderes imperiales no se reducen a los apoyos explícitos en momentos que particularmente ponen en riesgo la continuidad de los gobiernos populares. Se trata de acciones cotidianas y constantes de operaciones en pos de desgastar la legitimidad constituida desde las voluntades populares. En este sentido, asistimos en América Latina a un proceso en el que gobiernos populares se enfrentan a un poder que se autonomiza como inmune a los pueblos, a la democracia, a la pluralidad y que justifica la desigualdad. En tal situación, la razón se justificó por el poder de la fuerza, y no por la fuerza de la razón. Hoy hay dos procesos de intensidad creciente que buscan precisamente fortalecer la democracia desde dos ámbitos que se potencian uno al otro: la integración de los países latinoamericanos en base a modelos basados en la equidad y la mejora creciente de las condiciones materiales y simbólicas de nuestros pueblos y el desarrollo de legislaciones y medidas que en base a entender la comunicación como un derecho (y no como un negocio) habiliten a una comunicación social/popular donde todas las voces puedan ser oídas. La cátedra se inscribe en el marco de una tradición dentro del campo de la comunicación en América Latina que recupera una matriz de pensamiento nacional y popular. En este sentido se constituye en una corriente académica que no concibe la comunicación y la producción de conocimiento por fuera de un proyecto político. Este proyecto se inspira en los principios de participación efectiva que propone la participación activa de los espacios académicos con los procesos emancipatorios. Un constante cuestionamiento a la pretendida separación entre academia y luchas populares. La cátedra se sustenta en los aportes de los Estudios Culturales y del pensamiento popular latinoamericano para reflexionar en torno a las problemáticas vinculadas a los procesos de construcción de hegemonía y de resistencia a los poderes establecidos. Teórica y epistemológicamente la propuesta apela a poner en discusión las tradiciones que operaron -y continúan operando- como fundamento teórico y filosófico del proyecto neoliberal, y como impugnación de los procesos emancipatorios latinoamericanos.