17/04/2026
Desde nuestra institución reafirmamos, una vez más, nuestro compromiso con una educación basada en el respeto, la inclusión y el acompañamiento de cada estudiante.
Consideramos que actitudes que vulneran estos principios no solo resultan poco profesionales, sino también profundamente dañinas. La educación debe ser siempre un espacio que garantice oportunidades, contención y reconocimiento, especialmente para aquellos alumnos que más lo necesitan.
Celebrar o naturalizar la exclusión de un estudiante —y más aún cuando se trata de una alumna con condición del espectro autista— refleja la necesidad urgente de seguir fortaleciendo la formación, la empatía y el compromiso con el verdadero sentido de la tarea docente.
Cada niño y niña tiene derecho a aprender en un entorno que lo valore, lo respete y lo acompañe en su trayectoria, sin ser señalado ni excluido. Ser docente implica no solo transmitir conocimientos, sino también formar ciudadanos, promover valores y construir espacios donde todos tengan un lugar.
La inclusión no es una opción ni un acto de buena voluntad: es un derecho fundamental. Cuando este derecho se vulnera, no solo se afecta a un estudiante, sino que se empobrece a toda la comunidad educativa.
Como escuela, sostenemos con convicción que una educación inclusiva es la base para construir una sociedad más justa, empática y comprometida, donde nadie quede afuera.