17/03/2026
Hacia los ̃osdelgolpe
Persistencias y modulaciones del testimonio del cautiverio a través del tiempo (Primera parte)
Juan Carlos Scarpati fue secuestrado en la Capital Federal el 28 de abril de 1977 cuando el automóvil que manejaba fue interceptado por efectivos del ejército vestidos de civil. Militante montonero, “Cacho” –como se lo conocía en la organización– se resistió a la captura y resultó herido con nueve balazos. Inconsciente, fue llevado en su propio auto hasta la guarnición de Campo de Mayo, donde permaneció en estado de coma durante tres semanas dentro de una pieza en el CCD “El Campito”. Estuvo cautivo cinco meses en este espacio de reclusión clandestina, donde desarrolló algunas tareas de mantenimiento que le permitieron cierta libertad visual y de movimientos. El 17 de septiembre de 1977 fue llevado a presenciar un operativo en una casa en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, donde supuestamente vivía una pareja que tenía a su cargo las emisiones de Radio Liberación, vinculada a Montoneros. En un descuido de sus captores, logró huir. A los pocos meses abandonó el país de manera clandestina y se exilió en España, donde realizó un extenso testimonio sobre el cautiverio en Campo de Mayo ante la delegación en Madrid de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU). Su relato, trabajado en el primer volumen de esta publicación, ofreció una descripción detallada del funcionamiento del CCD, incluyendo un plano realizado por el propio Scarpati en base a sus recuerdos, y aportó información sobre víctimas y represores. Con el retorno de la democracia, participó junto a otros sobrevivientes de las inspecciones oculares que la CONADEP realizó en Campo de Mayo, y brindó una ampliación de su testimonio de 1979. Sorprendentemente, a pesar del enorme caudal de datos aportados, la sentencia del Juicio a las Juntas no dio por acreditado su cautiverio en Campo de Mayo.
Scarpati no cesó de dar testimonio, ni siquiera en el escenario de impunidad planteado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Durante esos años lo hizo en el marco de las causas
por apropiación de menores en el circuito que tenía como eje principal la maternidad clandestina de Campo de Mayo. El despliegue de políticas públicas de memoria a partir de 2003 y la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad generaron las condiciones para que, tanto él como otros y otras sobrevivientes testimoniaran de manera más intensiva. Entre 2006 y 2007 ofreció al menos tres declaraciones, dos ante la Justicia Federal de San Martín y otra a la Cámara de Apelaciones de La Plata, en esta última como parte del “Juicio por la Verdad” por la desaparición del matrimonio Mariani-Teruggi y su pequeña hija Clara Anahí. Además, Scarpati participó, junto a Beatriz Castiglioni, de la visita ocular que se realizó a “El Campito” en junio de 2006, la primera desde aquellas dos que fueron impulsadas por la CONADEP en los albores de la democracia. En esta oportunidad, como se adelantó arriba, fue la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación la que tomó la determinación de ingresar a la guarnición con la finalidad de fijar la ubicación exacta de “El Campito” e iniciar una investigación integral y sostenida sobre el dispositivo represivo de Campo de Mayo. Parte de esta experiencia de ingreso a la guarnición sería recuperada en el documental Z4. “El Campito”, a cargo del colectivo de comunicación “Abriendo Caminos”. A lo largo de estas intervenciones, Scarpati recorrió algunos de los tópicos centrales –o “núcleos duros”– que habían organizado sus testimonios precedentes, aunque con algunos agregados y cambios de énfasis que dan cuenta del paso del tiempo y las modificaciones en los contextos políticos y memoriales.
Uno de los temas transversales a los testimonios de Scarpati es la mención a su trayectoria militante, que se prolongó desde su pertenencia a Montoneros hasta la creación de la agrupación
Peronismo 26 de Julio, de la cual fue su fundador y principal dirigente hasta su muerte en agosto de 2008. Cuando ofreció su testimonio a la delegación en Madrid de la CADHU, optó por hacer explícita su pertenencia a Montoneros26. Incluso especificó su grado dentro de la organización. La decisión contrastaba con el tono general de las denuncias en el exilio, que como parte de una estrategia que pretendía evitar la deslegitimación de las y los testigos por sus trayectorias militantes (Franco, 2008; Jensen, 2010; González Tizón, 2021), dejaba en segundo plano la recuperación de las identidades políticas frente a la descripción de los derechos vulnerados. Casi treinta años después de esa primera declaración, en un contexto de reivindicación de las “memorias militantes”, la posibilidad de explayarse sobre las biografías políticas era mucho mayor. Así, en las declaraciones judiciales que Scarpati dio en 2006 y 7007, ofreció detalles sobre el funcionamiento y las tareas específicas que tenía a su cargo en el Área Federal de Propaganda de la organización Montoneros, estructura a la que pertenecía al momento de su secuestro.
Ahora bien, la recuperación de la trayectoria política que Scarpati realizó en su testimonio no se circunscribía solo a un ejercicio de “memoria militante”, sino que funcionaba también como una vía para avanzar en la reconstrucción de distintos tramos del funcionamiento del aparato represivo dictatorial. En su declaración para el “Juicio por la Verdad” llevado adelante en la ciudad de La Plata, en el año 2007, señalaba que “era responsable de propaganda a nivel nacional (…), por lo tanto me reunía con todos los secretarios de propaganda de todo el país”. Al ser secuestrado, uno de los responsables provinciales había dado bajo tortura las coordenadas de un futuro encuentro con Scarpati, que sin saberlo fue al lugar, donde le esperaba la emboscada que desembocó en su captura. En otra declaración, realizada ante la Justicia Federal de San Martín el 21 de noviembre de 2006, el sobreviviente puso en relación la organización territorial de la represión con las estructuras montoneras de la provincia de Buenos Aires y dedujo de ello el carácter azaroso de su llegada a Campo de Mayo, ya que la guarnición “para definir su jurisdicción de acción en cierto modo copió la estructura de la Columna Norte de Montoneros”.
Scarpati también hizo alusión a su trayectoria militante para adentrarse en un tópico complejo, que había dado origen a fuertes polémicas en la comunidad del exilio: las tareas que algunos secuestrados y secuestradas realizaban durante su cautiverio en los CCD. En una segunda declaración ante la Justicia Federal de San Martín, esta vez de mayo de 2007, sostenía que dada su condición de “Oficial Mayor de la organización Montoneros (...) tenía claro que debía hacer todo lo posible por retener datos de las personas que allí observaba”. Bajo esta premisa, Scarpati pensó “estratégicamente” que “debía ‘venderse’ como colaborador sin entregar compañeros, ni estrategia ni infraestructura”. Hasta entonces era poco lo dicho sobre las tareas que los miembros del grupo de tareas les habían asignado a algunos cautivos y cautivas en Campo de Mayo. El principal antecedente era, justamente, el testimonio de Scarpati del año 1979, donde abordaba de manera somera el tema para explicar su conocimiento de las edificaciones y la lógica de funcionamiento de “El Campito”. En sus testimonios más recientes, la cuestión se inscribía todavía más marcadamente en una estrategia militante que tenía como uno de sus objetivos el acopio de información sobre el aparato represivo para, en caso de salir con vida del lugar, denunciarlo. En esta sintonía, Scarpati se encargaba de aclarar en su declaración ante la Justicia Federal de San Martín del año 2006 que “El tema de entregar comida y hacer mantenimiento era algo que el dicente buscó, ya que de esta manera podía movilizarse dentro del campo”. En otro pasaje de ese testimonio, Scarpati explicaba cómo las tareas que realizaba en “El Campito” le habían permitido posicionarse en lugares estratégicos para apreciar la dinámica cotidiana del lugar. De este modo, fortalecía ante la autoridad judicial su condición de “testigo ocular” de los crímenes:
Uno de los puntos de observación que tenía el declarante era el quincho donde a veces comían los oficiales, cuando había un evento especial, por ejemplo, cuando venía Riveros (…) era el lugar que permanentemente limpiaba el dicente, y desde allí era desde donde mejor se veían las salas de tortura y las oficinas, observando quién entraba y quién salía.
La participación en las tareas de mantenimiento dentro de “El Campito” había tenido para Scarpati un segundo objetivo, que en algún punto daba sentido al primero de recopilar información: la fuga del espacio de cautiverio. Al referirse a esta intención de escapar en su testimonio ante la Justicia Federal de San Martín del año 2006, el sobreviviente nuevamente recuperó el sentido político de sus acciones y los límites que esto implicaba en términos prácticos:
Cuando tomó conciencia de dónde estaba, pensó que de ahí se tenía que escapar, y mientras estuviera tabicado no podría tener conocimiento del terreno, ya que tenía que salir de esta situación. A
partir de ahí, el dicente recibe ayuda de Charro y Yoli, sin esperarla, planteándose tres objetivos de su comportamiento en el campo, implicando simular colaboración, planteándose los límites de esa frontera entre ser colaborador o no. Sus objetivos eran no entregar a sus compañeros, no entregar infraestructura de la organización, ni entregar doctrina, a lo que para el declarante era el enemigo.
Extraído de Investigar Campo de Mayo N°7. El testimonio de los sobrevivientes de Campo de Mayo: de los jucios por la verdad a la megacausa.
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Secretaría de Derechos Humanos, Archivo Nacional de la Memoria, año 2022.
Cacho Scarpati ¡Con tu ejemplo a la victoria!