Proyecto Eco-Lev

Proyecto Eco-Lev Recuperación y valorización de residuos orgánicos. Economía circular. Producción Agroecológica.

Ayer Cadena Melodías transmitió desde General Levalle y en el lago charlamos sobre Proyecto Eco Lev.Un proyecto que naci...
04/02/2026

Ayer Cadena Melodías transmitió desde General Levalle y en el lago charlamos sobre Proyecto Eco Lev.

Un proyecto que nació en el pueblo, que hoy brinda un servicio de recuperación de residuos orgánicos y trabaja con educación ambiental y economía circular territorial, fortaleciendo el trabajo colectivo.

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Y acá estoy...En el mismo lugar donde aprendí que la tierra es espejo: te devuelve lo que le das, pero también te devuel...
15/11/2025

Y acá estoy...

En el mismo lugar donde aprendí que la tierra es espejo: te devuelve lo que le das, pero también te devuelve lo que necesitás ver.

Este espacio es chico, pero me alcanza todo.
Me alcanza para pensar, para frenar, para volver a mí.
Me alcanza para recordar de dónde vengo y para decidir hacia dónde voy.

A veces trabajo parado, otras me siento en este tronco que antes fue árbol y ahora es banco, y desde acá miro crecer lo que sembré.

Y entiendo algo simple pero enorme: que el mundo se cambia así, con las manos en la tierra, con lo que hay, desde donde uno está.

Medir la Tierra / Filosofía con Botas de GomaMedir, calcular, alinear, trazar… son actos antiguos. Pero más que técnica,...
10/11/2025

Medir la Tierra / Filosofía con Botas de Goma

Medir, calcular, alinear, trazar… son actos antiguos. Pero más que técnica, son una forma de vínculo con la realidad.

El ser humano aprendió pronto que para habitar debía comprender.

Los egipcios no inventaron la geometría: la descubrieron en la naturaleza. Cada crecida del Nilo borraba los límites de los campos, y al retirarse el agua, los campesinos volvían a tensar cuerdas para delimitar lo que era suyo. Doce nudos, tres tramos, cuatro tramos, cinco tramos…y el milagro de la precisión.

Sin saberlo, estaban usando el principio que más tarde llevaría el nombre de Pitágoras.

Pero lo esencial no era la fórmula: *era el gesto.*
Tensar una cuerda es una forma de pensar.
Es poner el cuerpo en la medida del mundo.
Es buscar el equilibrio entre el caos y la armonía,
entre lo que crece y lo que se ordena.

Los pueblos antiguos midieron la tierra, los templos y el tiempo con la misma cuerda. De esa cuerda nació el conocimiento, que no fue una idea abstracta sino un modo de relación con la vida.

Medir era un acto sagrado: el hombre se reconocía dentro de un todo que lo excedía. Cada ángulo recto era una reverencia a la proporción del universo.

Hoy, me tocó medir la tierra para levantar un tanque que contenga el agua, esa herencia de los ríos antiguos.

Tensé un hilo, medí tres metros, busqué la escuadra, y en ese gesto repetí el mismo rito que movió a los primeros constructores de la historia.

El conocimiento nació en los pueblos, en los oficios,
en los cuerpos que aprendieron del entorno.

Y aunque el mundo cambie, hay saberes que resisten como raíces: la proporción, el equilibrio, la búsqueda del punto justo.

Quizás por eso emociona tanto cuando algo encaja,
cuando el hilo queda tenso y el poste firme.

Porque no se trata solo de una medida correcta, sino de una pequeña reconciliación con el orden del mundo.

La geometría empezó con una cuerda sobre la tierra, y todavía hoy, cuando la tensamos, recordamos que comprender es también un modo de cuidar.

Gestos que Sostienen / Filosofía Con Botas de GomaCada herramienta tiene su pasado.La mayoría, salvo una, perteneció a o...
01/11/2025

Gestos que Sostienen / Filosofía Con Botas de Goma

Cada herramienta tiene su pasado.
La mayoría, salvo una, perteneció a otros.
Fueron compañeras de trabajo en un tiempo lejano, olvidadas en galpones o patios donde ya no se las necesitaba.
Algunas me las regalaron vecinos, otras llegaron donadas por gente que entendió que acá había ganas de trabajar.

Una pala vino de un abuelo, una asada de un taller, una horquilla apareció entre fierros en la chacarita.
Todas fueron reparadas con la ayuda de un herrero o de otro vecino. Entre manos, ma****lo y soldadura, volvieron al trabajo.

Las herramientas tradicionales son parte de una cultura del trabajo que nos atraviesa desde generaciones.
En cada cabo hay una continuidad de saberes: el modo de empuñar, de medir la fuerza, de escuchar la tierra.
No son solo objetos: son símbolos de un oficio que une a la gente con el territorio y con los otros.

Cuando una comunidad comparte sus herramientas, comparte también su historia. El gesto de donar una pala o una asada no es pequeño: es una forma de decir creemos en el trabajo colectivo, creemos en vos.

Y así se teje una red invisible de manos, donde cada herramienta pasa a ser también un puente entre personas.

Este espacio productivo existe gracias a esos gestos: al vecino que acerca una herramienta, a la comunidad que entiende que trabajar la tierra también es una forma de florecer.

Y por eso quiero agradecer.
Porque más allá de nuestro trabajo diario, este proyecto también se sostiene gracias a esos gestos.
Cuando faltaron herramientas, hubo vecinos que se acercaron y las pusieron en nuestras manos.
No fue solo una pala, una asada o una horquilla: fue una forma de decir te acompañamos.

Porque cuando una comunidad reconoce que hay ganas de trabajar y responde con confianza, con un cabo de madera o un rastrillo usado, está sembrando también.

Y así, con palas, horquillas y asadas que ya tenían historia, seguimos floreciendo.

El país que late debajo del ruido / Filosofía con Botas de Goma.La historia argentina podría contarse como una conversac...
25/10/2025

El país que late debajo del ruido / Filosofía con Botas de Goma.

La historia argentina podría contarse como una conversación interrumpida.

Desde aquel 1810 donde el fuego de la libertad se mezcló con la sombra del poder, seguimos hablando desde trincheras. Distintos nombres, misma herida.

Esa grieta no nació del odio, nació de la distancia. Entre la ciudad que dictaba las leyes y el interior que ponía el cuerpo. Entre el papel y la tierra. Entre los que soñaban una patria con puerto propio y los que la soñaban con raíces.

En medio de esos extremos, siempre estuvo el pueblo real: el que se levanta antes del sol, el que siembra, enseña, cura, cocina y cuida.

Gente que no entiende de inflación ni de riesgo país, pero que siente el peso de las decisiones tomadas lejos.

Que no sabe cuánto sube el dólar, pero sí cuánto cuesta el pan. Que no discute de FMI, pero entiende el valor de la palabra empeñada.

Ese pueblo (el nuestro) ha sido la raíz silenciosa de la nación. Mientras arriba discuten, abajo florece la vida simple: un patio lleno de plantas, la sombra de un árbol, la charla con el vecino, el mate compartido después del trabajo.

Ahí, donde no llegan los flashes, se hace la política más profunda: la del afecto, la espera y el hacer sin ruido. Porque los gobiernos pasan, pero el pueblo persiste.

Y quizás ahí esté la enseñanza: que lo verdaderamente revolucionario no es prometer grandes cambios desde un atril, sino cuidar lo pequeño y volver a confiar en que la esperanza crece desde abajo.

El país real no grita, trabaja, siembra y late debajo del ruido.

Las habas del Montecito / Filosofía con Botas de GomaHay semillas que germinan rápido, y otras que necesitan atravesar e...
17/10/2025

Las habas del Montecito / Filosofía con Botas de Goma

Hay semillas que germinan rápido, y otras que necesitan atravesar el silencio para encontrar su momento.

Las habas fueron así. Sembradas a fines de abril, cuando el sol ya se escondía temprano, quedaron bajo tierra esperando su tiempo. No las apuró la impaciencia ni el calendario. Solo el pulso de la vida les marcó el ritmo.

Brotaron despacio, como quien sabe que la prisa no da frutos.

Crecieron entre días tibios y noches frías, sostenidas por el agua y el cuidado cotidiano. En julio, las heladas las abrazaron con dureza. Se doblaron, sí, pero no se quebraron. El viento de las tormentas también las azotó, y sin embargo siguieron ahí, erguidas a su modo, fieles a la tierra que las sostiene.

La resiliencia tiene esa forma: la de una planta que se rehace después del hielo, que vuelve a enderezarse cuando pasa el viento.

Porque no todo lo que se inclina cae. A veces, lo que se inclina aprende.

Las habas me enseñaron eso: que la paciencia es un tipo de sabiduría. Que hay procesos que no pueden acelerarse sin perder su sentido. Que el fruto llega cuando el ciclo se completa, no cuando uno lo exige.

Hoy, al cosecharlas, no veo solo alimento. Veo un mensaje de la tierra: resistir también es florecer.

Cada vaina es memoria del frío y del sol, del riego y del silencio, de las manos que acompañaron y de la vida que insistió.

Las habas del Montecito son eso: una lección de humildad.
Una metáfora del trabajo paciente, de la esperanza que germina incluso cuando el clima se vuelve adverso.

Lo que se siembra con amor, con constancia y con sentido, tarde o temprano da fruto.

La horquilla como memoria del hacer / Filosofía con Botas de Goma/Mi herramienta fundamental, la horquilla. Me la dio An...
05/10/2025

La horquilla como memoria del hacer / Filosofía con Botas de Goma/

Mi herramienta fundamental, la horquilla. Me la dio Anselmo, de la Chacarita local. Estaba entre chatarras y herramientas olvidadas, con medio diente menos y sin cabo. Nadie sabe cuántas manos la habrán usado, cuántas cargas sostuvo ni en qué campo. Pero el hierro sigue firme, con esa nobleza antigua que no se oxida del todo. El cabo de caño me lo soldó Ricardo, que tiene un taller de soldaduras en el pueblo. Así volvió a la vida, medio diente menos pero entera de sentido.

Desde entonces, entre ella y yo llevamos volteados más de 250 mil kilos de residuos orgánicos. No sé cuántas vidas tuvo antes, pero sé que ahora tiene una nueva: la de ayudar a que las pilas respiren distinto.

En los pueblos, el trabajo no se hereda por escritura sino por gesto. Lo que se transmite no es la herramienta, sino el modo de usarla. Esa cadena invisible de saberes mantiene unido al territorio. Y hay algo en esta horquilla que enseña que la perfección no es condición para la utilidad: sigue cumpliendo su tarea aunque le falte una parte.

Con el tiempo entendí que la horquilla no es solo una herramienta: es una maestra. Con ella, el residuo se convierte en vida. En cada volteo hay una lección: nada se pierde del todo si hay manos dispuestas a devolverle sentido.

A veces pienso que si alguien la encontrara dentro de cien años, vería en su óxido la historia de un tiempo en que el hombre volvió a hablar con el suelo. Medio diente menos, pero entera de historia. Ella y yo sabemos que no hay compost sin voluntad, ni cambio sin esfuerzo. Porque cada vez que volteo la pila, también estoy volteando mi propia historia.

Con cada acto, planto el mundo que quiero ver.

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