01/09/2026
4 años de impunidad: ¿quién mandó a matar a Cristina?
Alrededor de las nueve de la noche en la puerta de la casa de Cristina, cientos de militantes, vecinos y vecinas estaban presentes, como desde hacía días veníamos estando. Algunos que se turnaban porque ya estaba claro que no se trataba solamente de acompañarla. Había que cuidarla. Había que estar ahí frente a quienes habían decidido cercarla, aislarla con vallas e hidrantes, palos y gases lacrimógenos, llevando la violencia política hasta la puerta de su casa.
Esa mañana, Máximo Kirchner había advertido públicamente sobre el clima que se estaba construyendo. Hablando de la oposición y de la escalada de violencia, dijo: “En JxC están viendo quién mata al primer peronista, quién golpea al primer pibe o a la primera piba, quién saca chapa de cowboy, y esas cosas terminan generalmente muy mal”.
Horas después, Fernando Sabag Montiel se metió entre la gente, sacó una pi***la y la puso a centímetros de la cabeza de Cristina. Gatilló dos veces.
A partir de ahí empezó otra historia, pero no una historia desconectada de lo que venía pasando.
Durante semanas habíamos visto guillotinas, bolsas mortuorias, amenazas y escraches. Revolución Federal había convertido el odio contra Cristina en una práctica política cotidiana. Jonathan Morel, uno de sus referentes, había llegado a hablar públicamente de asesinar a Cristina. Y después aparecieron los millones: alrededor de 6,5 millones de pesos transferidos desde fideicomisos administrados por Caputo Hermanos a cuentas vinculadas a Morel y personas de su entorno. La Justicia investigó esa ruta del dinero y la posible conexión con el entramado que rodeó al atentado.
También apareció Gerardo Milman, dirigente del PRO y hombre cercano a Patricia Bullrich. Dos días antes del atentado, un testigo declaró haberlo escuchado decir: “Cuando la maten, yo estoy camino a la Costa”. La Justicia comprobó que Milman estaba efectivamente en el lugar señalado por el testigo. Esa línea fue investigada y finalmente archivada. (¿Casualidad?)
Y ahí aparece María Eugenia Capuchetti, la jueza que tuvo a su cargo la investigación. Una investigación que llegó a los autores materiales, pero que durante años “no logró avanzar hasta determinar quiénes estuvieron detrás de ellos”. Una investigación en la que, además, el teléfono de Sabag Montiel fue manipulado y terminó reseteado cuando podía contener información fundamental para reconstruir la trama del atentado.
2+2 son 4 cuando se trata de la justicia macrista…
Porque mientras todo esto ocurría, Cristina atravesaba uno de los momentos más importantes de su persecución judicial. Diez días antes del atentado, el fiscal Diego Luciani había pedido doce años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Por eso aquella frase que apareció después del atentado resulta tan difícil de olvidar: “La bala que no salió, el fallo que sí saldrá”.
Y años después llegó también la proscripción.
Cristina siempre supo cuál era la disputa. Lo había dicho mucho antes. En aquella Plaza de Mayo del 10 de diciembre de 2021, junto a Lula y Pepe Mujica, habló de la deuda, del FMI y de una forma de condicionamiento que ya no necesitaba necesariamente botas ni tanques. Podía funcionar a través de la deuda, de la presión económica y de la pérdida de soberanía para decidir nuestro propio rumbo.
Hoy esa discusión está encarnada por nombres conocidos: Milei, Caputo, Sturzenegger, y obviamente el FMI. Un modelo económico que vuelve a poner el ajuste, el endeudamiento y la transferencia de recursos hacia los sectores concentrados en el centro de la política.
No es una discusión nueva. Cambian los instrumentos, cambian los nombres, pero sigue en disputa la misma pregunta: quién decide sobre la Argentina y para beneficio de quién.
Cristina, en palabras de ella a Magnetto, nunca fue una mascota del poder. Nunca lo fue del poder económico, ni del mediático, ni del judicial. Por eso la enfrentaron, la persiguieron, intentaron aislarla y llegaron al extremo de intentar matarla.
El cómo siguió la historia la conocemos, pero no está de más recordarla: Sabag Montiel y Brenda Uriarte fueron condenadas por el atentado. Pero la pregunta por la trama política y económica detrás de todo sigue abierta. Y mientras esas respuestas siguen pendientes, Cristina está proscripta.
La casualidad no es una categoría política, diría Cristina. La justicia tiene una deuda con la democracia y con el pueblo argentino.