30/01/2026
Trump, Putin, XI Jinping, Merz, Macron, Keir Starmer, y Netanyahu, son la cara de la crisis
del capitalismo en su fase de agonía y descomposición.
Asumido Trump la dirección del imperialismo yanqui, comienza a confirmar que la crisis
crónica del sistema capitalista pega un salto. No por una acumulación de su carácter crítico, sino por la combinación de múltiples factores de la realidad mundial.
La crisis de las burbujas financieras de los años 2007/08 fue la alerta de que ya estaban
quemando todos los papeles para el enriquecimiento dinámico. Que su esencia, la apropiación de la plusvalía obtenida por la fuerza de trabajo de la mayoría de la humanidad, ya no lograba la ganancia que pretendían, y que superarla con la especulación financiera, y la presión extractivista y de condiciones de trabajo cuasi esclavo, tampoco les resultaba una garantía para obtener esa ganancia anhelada.
Aquí confluyen un encadenamiento de
procesos que auguraba ese salto. Entonces todo se cae a un abismo provocado por sí mismo. Como ya lo había sentenciado Marx, en El Capital, la lógica del régimen económico capitalista contenía su veneno “La ley de la tendencia decreciente de la tasa de
ganancia, postula que a medida que avanza el capitalismo, el aumento de la inversión en maquinaria y materias primas (capital constante) respecto a la fuerza de trabajo (capital variable) hace que la tasa de ganancia disminuya. Es una contradicción estructural donde la mecanización impulsa la productividad pero
reduce la rentabilidad relativa”.
La lucha de clases, un factor que completa el cuadro aumentando la tensión entre las clases, que alterna ascensos y retrocesos en todos los continentes, pero con una tendencia a mayores enfrentamientos, y a una acentuación particular en las acciones de las clases
obreras y populares en los países imperialistas. Y así toda prioridad imperialista encontró su
mayor escollo en su frenética búsqueda de salvar, cómo ya dijimos, lo insalvable.
Los billonarios salvatajes desde los Estados a las parasitarias corporaciones privadas ya no
servían para nada. 12 años después utilizan la pandemia por el COVID 19, para arremeter contra el movimiento de masas obreras y populares, y parecía que lo lograban, pero los números deseados no daban a favor, solo con ver qué Estados Unidos debe tanta plata que supera su propio PBI, bastaba para muestra. Y para colmo sale a escena China, un
nuevo país que adquiere fisonomía imperialista que a los codazos construye influencias en
la geopolítica, seguido por la India y el resto de los BRICS.
Esto explica el comportamiento político del actual jefe imperialista mundial. No es locura, es
la comprensión de que todo lo que han venido haciendo no frenó la taza decreciente de las
ganancias. Sale a romper los acuerdos internacionales pos segunda guerra mundial, crea
un nuevo Consejo de “la paz” seguido por burguesías nacionales desesperadas de morder
las sobras. Sale a comprar países a como de. Foguea todas las intervenciones militares
posibles para hacerse de control político y acumular nueva influencia territorial y manejo de
los recursos energéticos. Pasa a una ofensiva xenófoba seguida de una fuerte represión contra la clase obrera del imperio. Un capítulo que no será grátis para su gobierno y sus proyectos cuasi fascistas.
Las burguesías nacionales
Si los imperialismos se sacuden en una nueva multipolaridad, las burguesías y sus gobiernos de los países dependientes del juego imperialista, tambalean perdiendo
definitivamente ,si es que lo tenían, toda pretensión de crecimiento nacional. Entonces siguen la línea de las potencias, tratan de acumular de cualquier manera lo que la lógica económica capitalista actual marcan, es decir ceder al saqueo extractivista. Se absorben entre ellos y apuran leyes de reformas laborales, blanqueando lo que de hecho sucede desde hace tiempo; y promueven leyes con características fascistas como aquí impulsa Milei con las modificaciones de la Inteligencia nacional, y la nueva ley penal juvenil.
Y cuando decimos burguesías nacionales ponemos en la misma bolsa a los liberales de
derecha, de centro, y la “progresista”. Estás últimas que tuvieron su hora en lo que va del
nuevo siglo, cayeron al mismo barro de tener que ajustar, reprimir, es decir, funcional a la tendencia mundial de su clase capitalista. Porque en esta crisis crónica y putrefacta no hay margen de independencia en términos capitalistas, no hay plan B.
El poder de fuego de la clase obrera y el pueblo
Ahora bien, el sistema está en tensión entre desaparecer y transformarse en otra cosa. Pero
en qué?
La respuesta a eso no es sencilla. Los marxista tenemos la hipótesis de que si no avanzamos en el socialismo y el comunismo, lo que emergerá será barbarie.Algo
sumamente peor a lo que vivimos en este sistema.
Por ello la resolución de esta crisis, es la revolución para cambiar todo. Resulta ser la única salida seria antes de que nos hundan. En concreto toda lucha que encaramos aún por lo
más elemental: aumento de salarios, comer, educarse, tener una buena salud, parar los
feminicidios, que no nos maten para robarnos un celular, no ser discriminado, y muchas
otras necesidades para vivir, son motivos suficientes para llevar adelante este cambio profundo, que logre otras condiciones materiales para darle una salida positiva a la crisis de la naturaleza, de la sociedad y de la economía.
Desde la resistencia Kurda en defensa de sus territorios y sus objetivos de liberación hasta
las movilizaciones contra el brazo armado fascista, la ICE de Trump. Desde las huelgas en Bolivia hasta las movilizaciones contra las mineras en nuestro país. Todas conllevan objetivamente el germen para elevar el poder de fuego, de hacer consciente la necesidad de que para salvar la humanidad de la barbarie, la salida es el comunismo.
Corriente Comunista
30 de enero del 2026