11/08/2021
Desde hace décadas se ha dado en la Argentina un proceso de empobrecimiento. Frente a este cuadro de situación la existencia de la UTEP no es una rareza, es la expresión genuina de lo que está pasando en nuestra sociedad. Es por eso que llama tanto la atención que un compañero a quien respeto como Andrés Larroque califique al nuestro como un "sindicato de pobres" casi como si esto fuera una organización fuera de contexto.
Nuestro sindicato no es una excepción en cuanto a la propia historia gremial, que en nuestro país se hizo con lxs desposeídxs y descamisadxs a quien Perón reconoció y dignificó. Los sindicatos nacieron para representar esa masa de trabajadoras y trabajadores que pese a deslomarse en los campos y en los talleres apenas si conseguían unos pocos pesos para sobrevivir. La organización gremial nunca fue de ricos sino que siempre fue una herramienta de los de abajo para conseguir justicia social.
En mi caso personal he vivido siempre en barriadas humildes, admito que soy pobre, pero nunca jamás he dejado de trabajar. De hecho el grueso de las compañeras y compañeros con las que comparto la vida diaria trabajan en jornadas de mucho más que 8 horas. La economía popular no tiene -lamentablemente- convenios colectivos ni derechos laborales. Mis compañeras y compañeros caminan por horas para encontrar una changa mal paga, se levantan y se acuestan pensando en cómo alimentar a los vecinos de su barrio, cómo garantizar tareas para su cooperativa, cómo darle una mano a ese abuelo o abuela que no puede salir de su casa, o cómo ayudar a los pibes y pibas del barrio a quienes les cuesta el doble encontrar algún trabajo para aportar unos pesos extra en la casa.
Para quienes no se enteraron se los digo con claridad: somos trabajadoras y trabajadores, la pobreza es consecuencia de nuestros bajos ingresos, de la falta de reconocimiento de nuestras tareas, y de un "mercado laboral" que ha decidido que el ajuste de sus costos se hace pagando poco.
A quienes nos cuestionan, solo les queremos decir que aquí estamos, abajo, en el barro donde nacieron los grandes movimientos populares de la Argentina. Estamos aquí acumulando en nuestras manos y nuestras espaldas, décadas de aprendizajes, tanto en tiempos de derrotas como de triunfos. Y lo hacemos con el orgullo de saber que con nuestro trabajo hemos bancado una de las peores coyunturas sanitarias del último siglo.
Nadie sabe mejor que nosotras y nosotros que de esta coyuntura se sale trabajando, por eso no nos avergüenza nuestra pobreza, tampoco nos quita el sueño que algunos nos griten "planeros" o que quieran enseñarnos cosas que ya sabemos, lo único que nos impulsa es el sueño de que nuestrxs hijxs y nietxs vivan en una Argentina mejor, con justicia social y bienestar para todos y todas.