16/09/2013
16 de septiembre, día de los derechos de los estudiantes secundarios.
Es decir, el día de sus derechos; ¿Qué derechos? Ésos que defendían y por los que luchaban los chicos militantes del ’70.
Chicos que trabajaban y estudiaban, que participaban en política, que conocían lo que pasaba en el mundo, que tenían ideales, que deseaban una sociedad diferente, y hacían algo al respecto.
Ése algo ¿fue ir a una marcha por un boleto estudiantil? No, no se dejen engañar. Los torturadores querían saber qué se hacía en el centro de estudiantes, qué grados tenían en las organizaciones guerrilleras, el nombre de su responsable y sus nombres de guerra. La lucha iba mucho más allá de un boleto: querían cambiar el mundo.
Dice Nietzsche "Quien tiene un "porqué" para vivir, encontrará casi siempre el "cómo". Estos chicos tenían un por qué: querían cambiar el mundo; tenían un cómo: que implicaba peligro de muerte (no sé si les suena, Argentina del ‘76) y eso no los acobardó.
Seguían al Che, que pensaba esto de los estudiantes:
“El estudiantado es revolucionario en su gran mayoría. Tendrá más o menos conciencia de una revolución científica, sabrá de mejor o peor manera qué es lo que quiere y cómo lo quiere para su pueblo o para el mundo, pero el estudiantado es, naturalmente, revolucionario, porque pertenece a la capa de los jóvenes que se abren a la vida y que están adquiriendo conocimientos nuevos todos los días.
El estudiantado tiene que acelerar sus estudios, para ser los verdaderos artífices de la sociedad nueva, pero al mismo tiempo tiene que profundizar su conciencia con objeto de saber exactamente cómo y en qué forma se debe hacer esa sociedad, para no ser un mero constructor sin ideas sino poner sus manos, su cabeza, su corazón al servicio de la sociedad que nace.
En esa forma iremos construyendo nuestro futuro.”
Discurso de clausura en el encuentro internacional de estudiantes de arquitectura, 29 de agosto de 1963
Lo que denuncia el Che en los ’60, no ha cambiado demasiado. En otra época chicos de su edad daban su vida –literalmente- por cambiar este orden de cosas.
Una de las cosas que podría cambiarse hoy es la demagogia, manifestada por ejemplo en que exista un día de los derechos de los estudiantes, pero no se sepa ni exista una nómina de cuáles son esos derechos.
De todos modos podemos arriesgar algunos derechos; encontrados a partir de la reflexión sobre cuáles eran los derechos por los que luchaban los militantes del ’70:
Derecho a aprender más de un punto de vista.
Derechos a la equidad.
Libertad para expresar ideas.
Derecho a luchar por esas ideas
Un dato importante: ¡los derechos implican obligaciones! Las obligaciones relacionadas a los estudiantes no son muy diferentes a las que ya conocemos:
Se las dice el Che: “Y así debe estar siempre nuestra juventud: libre, discutiendo, intercambiando ideas, preocupada por lo que pasa en el mundo entero, abierta a la técnica de todo el mundo, recibiendo de todo el mundo lo que nos pueda dar, y siempre sensibles a las luchas, a las desgracias, a las esperanzas de los pueblos oprimidos.”
Ser libres, discutir, intercambiar ideas, conocer lo que pasa en el mundo, luchar, tener esperanzas: suenan a derechos, pues también son obligaciones.
Fijensé cómo estas obligaciones son las que hacen posibles los derechos de los que hablamos. Sólo conociendo el mundo, se puede hacer algo para cambiarlo. Se lo conoce estudiando y reflexionando sobre lo conocido: eso se hace en la escuela, y le corresponde a ustedes.
Para ejercer el derecho de expresarse, hay que tener algo que expresar. Para tener algo que expresar hay que conocer y reflexionar. Eso se hace en la escuela, y le corresponde a ustedes.
Por más que les enseñemos miles de puntos de vista sobre un tema, si no los estudian o reflexionan, no pueden ejercer el derecho de aprender diferentes perspectivas.
Para g***r de los derechos hay que cumplir con las obligaciones, porque ellas son las que hacen posible el clima necesario para que tengan lugar los derechos.
Estudiantes, ¡estudien! Que necesitan conocer el mundo para cambiarlo.
Los chicos de La Noche de los Lápices tenían entre 16 y 18 años, ustedes también. Ellos vivían en un mundo y un país en el que había mucho que cambiar, ustedes también. Ellos se quejaban de los adultos, de la sociedad, de las reglas, las leyes, de las obligaciones… ustedes también. Ellos conocían y estudiaban la realidad para luchar en base a ideales, arriesgando mucho para cambiar las cosas... ¿ustedes?
Cuando trasladaban a Pablo Díaz para liberarlo, sus compañeros le gritaban que no los olvide. Hoy, acabamos de cumplir ese deseo.
"Vano intento el de la noche, los lápices siguen escribiendo"