12/09/2016
CONCARÁN Y LA SEGUNDA FEDERAL
Septiembre 4 de 2016
En estos tiempos que corren hay dos formas de enterarnos de lo que ocurre: O lo recibimos desde los medios de comunicación, o lo vivimos.
Elegimos esta MARCHA FEDERAL para conocer algo de la realidad ‘desde adentro’ a través de vivencias directas, compartirlo con vos y después confrontar este fenómeno real con lo que nos dicen de él los medios, como noticia o a través de análisis de diverso pelaje.
A las 19:00 de una fresca y muy bella tarde de sol, salimos de Concarán. A las 21:30 estábamos en Villa Mercedes. Ya había compañeras y compañeros militantes esperando el Gran Bus que –habiendo partido desde ciudad de San Luis-- nos llevaría a Bs. As. A las 23:00 viajábamos rumbo a nuestra Capital Federal. Las primeras horas de la travesía, tras los saludos, presentaciones y abrazos, transcurrieron con mucho mate y unos ‘sánguches’ muy buenos, animadas charlas, fotografías, conocernos con las nuevas camadas de compañeras y compañeros, hasta que el sueño nos fue envolviendo… Viaje tranquilo, salvo un control caminero con olor a ‘apriete’, pero bastante livianito a eso de las tres de la mañana. Los gendarmes no tenían, a esa hora de la madrugada, muchas ganas de jugar al ‘policía y el ladrón’ con un pasaje manso y adormilado. Subió un oso enorme, nos pidió los documentos, descubrió en uno de los valijeros un estandarte del PC, otro de Nuevo Encuentro, gruñó algo que nadie entendió y se bajó del ómnibus sin saludar.
A mitad de una mañana soleada, acariciados por la brisa del río, estábamos instalados en la extensa plaza Miserere, todavía vacía. Éramos los primeros, cargados de expectativas. Fueron llegando contingentes de Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Jujuy, Río Negro; columnas de gremios en lucha de docentes, bancarios, judiciales, telefónicos… Y mucha gente silvestre, ‘independiente’, diríamos, se fue quedando a conversar con los recién llegados. En un par de horas la plaza Miserere rebosaba de ‘marchantes’, de bombos, redoblantes, cánticos, banderas y estandartes: Bullanguería y colorido al sol, que prometía una verdadera fiesta popular, más allá de lo dramático de la convocatoria. Nadie pensaba en una eventual represión. A mí, con las primeras bombas de estruendo y como un ramalazo, se me cruzó lo de la plaza de Tlatelolco del ’68… Pero fue muy fugaz. No daba para imaginar nada trágico. Al menos por ahora. La presencia de tantos niños disipó los fantasmas.
A eso de las tres de la tarde fuimos abandonando plaza Miserere en pos de la otra Plaza, la de las concentraciones históricas, la del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, la del 17 de octubre del ’45, la del renunciamiento de Evita en el ’51, la de las valerosas Madres en plena dictadura genocida, la de Raúl Alfonsín, Néstor y Cristina… En fin, la Plaza Nuestra.
Una maestra jubilada, ya en la plaza de Mayo y vibrando de emoción, me dijo: “Hoy he visto a Dios en los ojos de este pueblo. De Evita no me acuerdo, pero conocí a Cristina. Ya puedo irme tranquila de este mundo.”
Me hizo llorar. Era emocionante el avance de las columnas, anchas, enormes, que avanzaban hacia Avenida de Mayo ocupando toda la 9 de julio, portando inmensas banderas. Había una bandera de Nuevo Encuentro de Mar del Plata, que por su descomunal tamaño era portada por no menos de doce militantes, algunos enarbolando las tacuaras, y desde los costados, otros tensando unas riendas para estabilizarla como a la vela de un barco. Bajo semejante estandarte avanzaba una columna de más de trescientos compañeros.
Era llamativo lo polifacético, lo cosmopolita –si vale el término—de este encuentro de ciudadanas y ciudadanos, la cantidad de niños, de embarazadas, de bebés de pecho, de cochecitos y ‘changuitos’. Familias enteras. Gente de mucha edad, Confluían pobres y no tan pobres, jóvenes y parejitas que se sabían todos los cánticos y estribillos. Rostros morenos, rostros claros, rostros que desnudaban diversos orígenes, del norte, del litoral, del sur, del centro... En fin: El pueblo.
De los oradores y los discursos, todos coincidieron en interpretar el clamor del pueblo: Que este gobierno de Cambiemos cumpla con las promesas de campaña. Que haga efectiva realidad la ‘Pobreza Cero’ y la ‘Revolución de la Alegría’ que tanto agitó hasta el 22 de noviembre pasado. Por eso los ejes de esta histórica Marcha fueron contra los tarifazos, los despidos y el ajuste en todos sus aspectos.
Lo trascendente, la condición indispensable que sobrevoló la Plaza y sus inmediaciones para empoderarnos en nuestros reclamos, que todos sentíamos en la sangre, fue la UNIDAD. Unidad de todos los sectores populares, unidad en la lucha, porque si no cambia Cambiemos, y en lugar de gobernar para los que más tienen (con cuyos votos nunca hubiera ganado) empieza a gobernar para los que necesitan una mejor calidad de vida, para la conjunción de clase trabajadora-más-clase media, ese inmenso colectivo nacional que consume, que produce, que paga los impuestos, que motoriza el país, que lo hace crecer en ciencia y en tecnología, en arte y cultura; y también para los que nada tienen y de los que el Estado debe hacerse cargo mientras crea condiciones de real inclusión, si Cambiemos no cambia (Ellos lo saben muy bien) el espanto y la sed de justicia nos unirá y actuaremos como ciudadanos plenos para poner las cosas en su lugar.
Son estas algunas de las conclusiones que podemos ir sacando de esta aventura de conocer nuestra realidad a partir de vivirla. Menos mal, porque los medios oficialistas y chupamedias, poco y nada mostraron de semejante expresión popular.
NUEVO ENCUENTRO CONCARÁN