03/05/2026
Nació noble, murió prisionero, y entre medias, convirtió Salzburgo en una ciudad italiana.
Wolf Dietrich von Raitenau, príncipe-arzobispo de 1587 a 1612, fue el hombre que derribó la Salzburgo medieval para inventar la Salzburgo que hoy fotografían los turistas.
Wolf Dietrich nació el 26 de marzo de 1559, en el castillo de Hofen, en Lochau, a orillas del lago de Constanza.
Era sobrino del cardenal Markus Sittikus von Hohenems, y a los 28 años, en 1587, lo eligieron príncipe-arzobispo de Salzburgo. Gobernaba un estado, acuñaba moneda, tenía ejército, y mandaba sobre almas y cuerpos.
Era culto, ambicioso, amante del arte, y odiaba el gótico. Había viajado a Roma, había visto a Palladio, y soñaba con una Salzburgo nueva, geométrica, luminosa, italiana.
Para eso trajo a Vincenzo Scamozzi, discípulo de Palladio. Juntos tiraron abajo 55 casas y la vieja catedral románica, que ardió en 1598, para abrir plazas. Así nacieron la Residenzplatz y la Mozartplatz, con su cuadrícula perfecta.
Construyó la "Neue Residenz", la Residencia Nueva, al este de la catedral, con techos artesonados y estucos que aún se conservan.
Amplió la "Residencia" vieja, al oeste, y detrás diseñó jardines con grutas, fuentes y estatuas, el Dietrichsruh, su “paraíso perdido”.
También mandó hacer monedas espléndidas, los Turmtaler, táleros con torres, para celebrar las guerras contra los turcos, aunque sus tropas nunca lucharon. Eran piezas de coleccionista, propaganda en plata.
Wolf Dietrich era príncipe, pero también hombre, tuvo una amante, Salome Alt, hija de un mercader. Vivieron juntos, y tuvieron 15 hijos.
Para ella construyó, fuera de las murallas, el "Palacio de Altenau", con jardines y salas. Después de su caída, su sobrino y sucesor, Markus Sittikus, expulsó a Salome y rebautizó el palacio, hoy es el Palacio de Mirabell, el más fotografiado de Salzburgo.
En 1611 se enfrentó a Baviera por la sal y por política. Perdió. Fue depuesto por su propio cabildo, y su sobrino Markus Sittikus, al que él mismo había ayudado, lo encerró en la fortaleza de Hohensalzburg. Allí pasó 5 años, con ataques, parálisis, espuma en la boca, probablemente derrames cerebrales.
Murió el 16 de enero de 1617, a los 57 años. Había pedido un entierro sencillo, de noche, sin campanas, solo con franciscanos.
Markus Sittikus hizo lo contrario, capilla ardiente en San Pedro, procesión con gremios, y entierro solemne en la capilla de San Gabriel, en el cementerio de San Sebastián, que él mismo había diseñado como un Campo Santo italiano. Allí sigue, bajo su mausoleo.
Sin Wolf Dietrich, no habría barroco en Salzburgo. No habría Residenzplatz, no habría Mirabell, no habría trazado italiano. Su sucesor, Markus Sittikus, continuó la obra, por eso dicen que Wolf Dietrich “fundó el Salzburgo barroco”, aunque no vio terminada la nueva catedral.
Coleccionista, urbanista, amante, prisionero.
En 25 años de gobierno lo cambió todo, derribó, construyó, amó, perdió, y dejó una ciudad que, cuatro siglos después, aún camina por las plazas que él dibujó.