El Centro de Cultura Popular Barbarie nace del sueño de un grupo de compañeros que hace años se plantearon la posibilidad de desarrollar su propio espacio de cultura. Se trata, básicamente, un grupo de militantes políticos y gremiales que hemos andado juntos muchos años. Barbarie no es, entonces, un fin en sí mismo. Es un camino más. En algún punto entendemos que con la política, a secas, no alcan
za. Hace falta dar la batalla cultural. Decía Anibal Ford en 1994: "Nunca pude diferencia con claridad la literatura de otros quehaceres políticos, cotidianos o científicos". Y no, no es posible que dejemos de ser nosotros. Y como no podemos dejar de ser nosotros elegimos mantener un punto de vista, un lugar, una forma de concebir la cultura del hombre. Aunque nos ha tocado perder, siempre estuvimos del mismo lado. Entendimos con Gramsci que el campo de la lucha por la hegemonía es la cultura, no la economía ni la base material. Y adoptamos como propia su definición de folklore: "Concepción del mundo y de la vida, en gran medida implícita, de determinados estratos de la sociedad, en contraposición con las concepciones del mundo oficiales que se han sucedido en el desarrollo histórico". Ese folklore es nuestra cultura popular. Nos llamamos Barvarie y nos ponemos en la vereda de enfrente de la llamada "Civilización". Luchamos contra lo que Pierre Bourdieu llamó "Racismo de la Inteligencia": aquella conducta por la cual los sectores dominantes tratan de producir una teodicea de su propio privilegio, intentando justificar el orden social que ellos dominan. Naturalizando la desigualdad. Sabemos que en nombre de la civilización se desmembró a Tupac Amaru, se fusiló a Dorrego, se exhibió la cabeza del Chacho Peñaloza, se llevó adelante la Campaña del Desierto, se reprimió en la Semana Trágica y en La Patagonia Rebelde, se fusiló en José León Suarez y se secuestraron y desaparecieron a miles de compañeros. No queremos esa civilización. Preferimos meter las patas en la fuente.