13/11/2023
Desde Movimiento Docente alentamos el voto a la fórmula Massa - Rossi en el próximo balotaje
Quienes integramos la agrupación de docentes Universitarixs y Preuniversitarixs de la UBA, Movimiento Docente -representación por minoría en la Asociación Gremial Docente (AGD) UBA- compartimos la profunda preocupación de la gran mayoría de la docencia universitaria frente a la posibilidad de un triunfo de la fórmula integrada por Javier Milei y Victoria Villarruel con el apoyo del sector más reaccionario del PRO en el próximo balotaje. Los últimos meses vivimos con enorme angustia las manifestaciones en el rango del negacionismo hasta la reivindicación del terrorismo de Estado, del desprecio por los derechos humanos y los valores de justicia social y equidad, la criminalización de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, el desconocimiento de los derechos de las mujeres y las diversidades así como el ataque a la universidad pública, entre muchas otras manifestaciones escandalosas de los y las candidatas de La Libertad Avanza.
Sin embargo, entendemos que esa angustia no debe paralizarnos sino que debemos actuar con convicción y humildad en la inmediatez de esta circunstancia adversa y, al mismo tiempo, renovar la responsabilidad en la construcción en el largo plazo de espacios colectivos de encuentro, debate y acompañamiento para transformar las condiciones que nos trajeron hasta aquí.
Por eso, como militantes gremiales no creemos que podamos ser neutrales frente al balotaje y, en ese sentido, alentamos el voto a la fórmula integrada por Sergio Massa y Agustín Rossi de Unión por la Patria. Reconocemos que estos candidatos y sus proyectos políticos no representan nuestros ideales y gran parte de nuestras reivindicaciones, pero entendemos que su triunfo frente a la derecha radicalizada encabezada por Milei, Villarruel y Macri implicaría un escenario más favorable para luchar por los derechos y las condiciones de trabajo sectoriales de la docencia universitaria y del conjunto de las y los trabajadores en general.
Si bien es cierto que, a pesar de los beneficios que implicaron para la clase trabajadora en términos de salario indirecto las recientes medidas en materia tributaria, dudamos acerca de la posibilidad y voluntad efectivas de llevar adelante un gobierno de corte popular en el contexto del sometimiento al acuerdo con el FMI, ya que eso implicaría revertir la concentración de la riqueza -gravada por espurios mecanismos de especulación financiera y de evasión- y la creciente primarización de la economía argentina mediante el salvaje extractivismo a los bienes comunes de la naturaleza. Asimismo, rechazamos algunos de sus posicionamientos internacionales -como en el conflicto entre Israel y Palestina- y su tradicional alineamiento con los dictados de las grandes potencias. Sin embargo, tenemos la fuerte convicción de que un Milei envalentonado por un triunfo buscaría avanzar de inmediato con lo que propone: achicar el déficit fiscal -el triple de lo que exige el FMI- liquidando empresas públicas, cerrando ministerios, privatizando la educación y la salud. La motosierra promete un escenario dantesco en el que, además de perder las conquistas sociales con que hoy contamos, estaríamos frente a millones de despidos que, tal como propone Milei, habrán sido privados de la indemnización que hoy al menos cobran quienes son despedidos en una relación laboral formal.
En nuestro caso, docentes de las universidades nacionales, nuestro salario se ha deteriorado durante los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández, perdiendo en ambos casos una importante masa salarial. Durante el gobierno de Mauricio Macri nuestro salario quedó 25,54 puntos abajo de la inflación (si en diciembre de 2015 comprábamos 100 litros de leche, en diciembre de 2019 nos alcanzaba para menos de ¡75 litros!). Mientras que durante el gobierno de Alberto Fernández nuestro salario cayó 2,07 puntos (es decir, siguiendo con el ejemplo, 100 litros en diciembre de 2019, 98 litros hoy).
Ciertamente la depreciación de nuestro salario tuvo claramente dimensiones muy profundas con el gobierno de Macri, y nada hay en el discurso de Milei que no augure el intento de ser mucho más drástico que Macri.
Pero no reside en esto la principal razón por la que es necesario evitar que Milei y Villarruel (junto a Macri) se queden con el gobierno. Las drásticas medidas que Milei promete, y con las que Macri se regodea, requieren de un fuerte enfrentamiento con los sectores populares que busquen enfrentar esas medidas. Bullrich basó en parte su campaña en ese afán represivo explícito, avalado por su trayectoria. Del lado de Milei y su vice, vemos una reivindicación de la dictadura militar a la que nadie se había animado, y por la que el siniestro plan pergeñado en los ’70 por los militares y por los sectores dominantes fue presentado como meros “excesos”, repitiendo la expresión del propio Videla. Esto no es inocuo. No solo proponen explícitamente liberar a los militares condenados por delitos de lesa humanidad sino que también se proponen obstaculizar todo intento de seguir buscando la verdad, o de restablecer identidades secuestradas. Así como también apuntan a construir un sentido común que avale la represión de toda oposición; un sentido común, por lo tanto, funcional al plan económico al servicio de la riqueza concentrada.
Consideramos que el voto reciente a Massa expresó la pretensión de una sociedad más justa, que busca evitar la profundización de la enorme desigualdad en base a la falsa meritocracia del mercado, que no es otra cosa que más privilegios para lxs privilegiadxs. Seguramente, quienes formamos parte de Movimiento Docente tengamos una mirada diferente de lo que es una sociedad justa y de cómo alcanzarla que muchxs de esxs votantes, pero no podemos permanecer imparciales frente a una confrontación entre quienes se levantan por la justicia social y quienes la denostan una y otra vez, con convicciones que ni el propio Macri se animaba a confesar. En este sentido, el voto a Massa en octubre no significó en todos los casos un apoyo a su política, sino que representó sobre todo, un intento de frenar el avance de la ultraderecha por parte de millones de compañerxs que no aceptan que la salida a esta crisis sea mediante el avance de la libertad de los grandes empresarios. Fue un voto en favor de la justicia social, del ab**to libre y gratuito, de la ESI, de la educación y la salud públicas, de la investigación científica, etc., todas instancias atacadas por esta nueva derecha. Estamos convencidxs que es en ese espacio de votantes en el que hay que dar la batalla cultural para que esas conquistas se conviertan en cambios profundos para nuestras condiciones de vida. Y para esto, hay que derrotar a quienes quieren acabar con todo ello, conquistado gracias a las acciones colectivas de reivindicación y luchas. Creemos que de este modo estaremos en mejores condiciones para articular las luchas frente a las eventuales medidas regresivas del propio Massa y dar lugar a reivindicaciones que nos permitan avanzar hacia la conquista efectiva de derechos. Es con esxs millones de compañerxs que votarán a Massa con los que deberemos salir a las calles a pelear por nuestros derechos, por nuestras condiciones laborales, y por las condiciones de las universidades públicas y de la investigación.
Existen ciertas condiciones políticas en las que el voto en blanco, la impugnación o el no votar pueden emitir un potente mensaje a la sociedad y tener consecuencias inmediatas, como ocurrió en 2001. No es, para nosotrxs, lo que ocurre ahora. En primer lugar, porque el intento de imponer un discurso anti-derechos jamás había llegado tan lejos, y a eso hay que oponerse contundentemente. En segundo lugar, porque está claro en esta coyuntura que ese espacio ya está ocupado por los larretistas y radicales desencantados con el giro mileista de JxC. El pequeño voto de la izquierda que llama a votar en blanco quedará absolutamente diluido en esa fuerte corriente de centro derecha.
El llamado a votar a Massa es un posicionamiento táctico acorde a lo que está en juego en estas elecciones y acorde a la debilidad actual de las fuerzas que nos reclamamos de izquierda. No es un voto de confianza a Massa, es apostar a generar mejores condiciones sociales y políticas para que el conjunto de la clase trabajadora pueda organizarse y enfrentar un previsible ajuste.
Por eso, desde Movimiento Docente alentamos el voto a Massa, lo que significa barrer, ahora con votos, a esta peligrosa derecha, y a prepararnos para defender y avanzar en nuestros derechos en las facultades y en las calles.