21/05/2026
"𝗬𝗼 𝗻𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗯𝗿𝘂𝗷𝗮𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗮𝘀, 𝗵𝗮𝘆𝗹𝗮𝘀"
“La Manola”, fue construida hace casi 100 años y sus gruesos muros encierran enigmas que aún no han sido develados.
Durante años circuló la leyenda del amor no correspondido entre el pintor que la habitaba y una misteriosa mujer que oficiaba de modelo.
Una versión dice que una hermosa mujer fue modelo para Estanislao Fuentes, un famoso pintor que vivía en esa casa de la calle Edison.
De acuerdo a ese relato, se conocieron en una fiesta de disfraz a la que ella asistió con un antifaz que le tapaba casi todo el rostro. Eso no impidió que el artista se deslumbrara con su belleza y le dijese:
-Quisiera que posara para mí; deseo retratarla, estoy buscando la musa que inspire mi obra cumbre y estoy seguro que mora en usted, señora…
-Manola, me llamo Manola…
Al día siguiente, ella estuvo en el atelier y lo sorprendió porque seguía ocultando su cara con el antifaz. Pero lo más inesperado fue escucharla decir:
-Puede retratarme el cuerpo, pero si soy aquella musa que usted dice, entonces confío en que podrá imaginar mi rostro sin verlo. Pínteme desnuda.
Cuentan que Estanislao vaciló un momento. Estuvo a punto de dejarse llevar por un impulso difícil de controlar. Pero no podía poner en juego su prestigio ante la provocación de una desconocida. De modo que a partir de ese momento, Manola comenzó a posar para él, totalmente desnuda pero con el antifaz puesto.
Fueron varias semanas de trabajo. Ambos mantenían el equilibrio entre el trabajo y una atracción que iba creciendo. Hasta que un día Estanislao le dijo:
-Manola, usted ha logrado enamorarme, la deseo desde lo más profundo de mi ser, ya no resisto un instante más sin estar con usted…
Ella volvió a sorprenderlo:
-Yo también me siento atraída por usted… Pero quisiera que primero termine la obra… Mi querido Estanislao, le propongo que sea original; sedúzcame retratando mi rostro tal como lo imagina, detrás del antifaz. Si me gusta lo que su corazón ve de mí, entonces me entregaré a sus brazos sin más…
-¿Y cómo sabré yo lo que siente usted por mÍ?
-Me casaré con usted- dijo Manola, se despidió y se fue de la casona.
Pasaron los días. Finalmente, una noche la obra estuvo lista y Estanislao se la mostró a Manola. Ella miró la tela, giró la cabeza y le dijo arrasada por las lágrimas:
-Los ojos que me ha pintado tienen una mirada distinta, no son míos, no reflejan mi alma… No es lo que esperaba. Lo siento, Estanislao, no habrá matrimonio.
No hay testigos, pero se dice que él se enfureció, arrojó el lienzo por la ventana. Y mientras el cuadro caía en la avenida Edison, gritaba:
-¡Váyase inmediatamente de esta casa! ¡Retírese y no vuelva nunca más! ¡Y llévese su ma***to retrato!
No, no hay testigos. Pero aún así la historia dice que Fuentes nunca más salió de esa casa, en la que vivía solo. Dos años después los vecinos alertaron a la policía, que entró al castillito y encontró el esqueleto de un hombre frente al lienzo de una mujer.
Ese año, la casa de Estanislao Fuentes pasó a manos del fisco y fue declarada patrimonio cultural. Desde entonces, la casa de Edison al 400, en Martínez fue bautizada como “La Manola”.
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Esta atrapante historia, nacida de la imaginación del escritor Fernando Caporaletti y publicada en su blog, ha pasado de la literatura a la calle y se ubica en la galería de los mitos urbanos. Aún hoy, en Martínez, no pocos vecinos mencionan a esa esquina como “la casa del pintor”.
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La publicación es del Sr Julio Lagos, del 14 de febrero de 201 para el periódico Infobae