16/09/2025
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En la ciudad de La Plata, el 16 de septiembre de 1976, un grupo de jóvenes estudiantes secundarios fueron secuestradxs por la última dictadura cívico - militar - eclesiástica - corporativa.
Entre ellxs estaban: Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler.
Durante el secuestro, lxs jóvenes fueron sometidxs a torturas y vejámenes en distintos centros clandestinos, entre ellos el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda. Seis de ellxs continúan desaparecidxs (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio, Daniel y María Clara) y sólo cuatro pudieron sobrevivir: Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda.
Lxs jóvenes eran militantes políticos. Muchxs habían participado, durante la primavera de 1975, en las movilizaciones que reclamaban el BES (Boleto Estudiantil Secundario), un beneficio conseguido durante el último gobierno democrático y que el gobierno militar de la provincia fue quitando de a poco -subiendo paulatinamente el precio del boleto- a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. Por otro lado, buena parte de les estudiantes integraba la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y la Juventud Guevarista, entre otras organizaciones.
Lo sucedido desde aquella noche en que se llevaros a lxs pibes, alcanzó resonancia pública durante el Juicio a las Juntas Militares, en el año 1985, cuando Pablo Díaz, uno de los jóvenes sobrevivientes, narró su historia ante la justicia.
La noche de los lápices se convirtió en bandera para los centros de estudiantes que volvieron a abrirse o se conformaron luego del retorno a la democracia. Con el paso del tiempo y las profundizaciones en la historia argentina reciente, la figura de lxs jóvenes secuestradxs adquirió características más complejas: su lucha como estudiantes pudo ser inscripta en la historia mayor de las importantes movilizaciones sociales de la década del setenta.
Esto no relativiza el peso de este aniversario, sino que, por el contrario, muestra el carácter vital que la memoria tiene, cuando las sucesivas generaciones se apropian de un hecho del pasado desde sus preocupaciones del presente.
La fecha de La noche de los lápices permite condenar al terrorismo de Estado y a su vez, es una invitación a recordar la vida de aquellxs jóvenes que lucharon y participaron para construir un futuro mejor... constituyendo una ocasión propicia para acompañar el homenaje con un ejercicio reflexivo en torno a la construcción social de la memoria.
Comunes CABA
Peronismo X la Ciudad