24/03/2026
A 50 AÑOS DEL GOLPE, MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA, POLÍTICA DE ESTADO.
El 24 de marzo se conmemora en Argentina el aniversario del golpe de Estado de 1976, que dio inicio a la última dictadura cívico-militar. Este período dejó un saldo devastador, con miles de personas detenidas-desaparecidas, persecución política, censura y un entramado sistemático de violaciones a los derechos humanos. La fecha no solo invita a recordar a las víctimas, sino también a reafirmar el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la justicia, pilares fundamentales de la democracia argentina.
En el retorno democrático, bajo la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín, en el año 1985, en una decisión histórica sin precedentes a nivel internacional, se promovió el Juicio a las Juntas Militares que condenó a los altos mandos acusados de liderar el terrorismo de Estado durante la dictadura, como así también a los líderes de las organizaciones guerrilleras, responsables de graves hechos de violencia. Años más tarde, el entonces presidente de la nación Carlos Menem benefició con indultos a los responsables de estos graves crímenes de lesa humanidad, generando un amplio rechazo y marcando uno de los momentos más críticos en la lucha por la justicia. Luego, el gobierno de los Kirchner, del mismo signo político, declaró, a través del Congreso, la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, extendiendo las posibilidades de enjuiciamiento, pero sin reconocer la política de derechos humanos instaurada desde la recuperación de la democracia, buscando su partidización y embanderamiento de las organizaciones.
Actualmente, desconociendo el consenso democrático construido en torno a la promoción y defensa de los derechos humanos, se intenta también su subordinación a la grieta política, relativizando el alcance del terrorismo de Estado. En ese contexto, surgen alertas sobre el riesgo de retrocesos simbólicos e institucionales, como la eventual legitimación de discursos que abran la puerta a decisiones que faciliten la impunidad.
Frente a este escenario, la conmemoración del 24 de marzo adquiere una vigencia aún más profunda: no solo como ejercicio de memoria histórica, sino como una herramienta activa para defender los valores democráticos, como el mejor antídoto para que aquel pasado de violencia no vuelva a repetirse y por ello seguimos diciendo con fuerza NUNCA MÁS!.