03/06/2026
Me he vuelto una llorona.
Hoy estaba en la presentación final de mi práctica en Psicología (por supuesto con ConEmpathy) y estaba leyendo la carta de satisfacción de una cliente luego de un proceso de Consultoría Organizacional Consciente y se me quebró la voz y me tocó parar. Pedí disculpas (cosa que no debemos hacer porque llorar es normal y humano y no es razón para pedir perdón), le dije al director de práctica que me emocionaban mucho las palabras y seguí leyendo la carta con mi voz quebrada.
Hubo una muy larga época de mi vida donde no lloraba nunca, por nada, así me pasaran cosas terribles o absolutamente emocionantes. Estaba tan desconectada de mí misma que consideraba fortaleza o logro ser tan poco emocional. Lo absurdo es que nunca fui poco emocional, no podemos serlo como seres humanos (así haya quienes lo nieguen con la mano sobre 100 Biblias). Era una persona incapaz de sentir, entender, procesar, gestionar y reconocer mis emociones. Las ahogaba, ignoraba, negaba. Eso nunca me hizo bien y me tomó años reaprender a ser persona.
Llorar no me hace menos profesional ni menos académica; me hace más humana y más en contacto conmigo, y deberíamos normalizar que las emociones, y también las emociones desbordadas, hacen parte de nuestro trabajo, de la academia, de la vida porque somos seres relacionales y emocionales con la capacidad de razonar.
La capacidad de razonar no elimina nuestras emociones, nos ayuda a procesarlas.
Al final, me dijo que lo había emocionado mucho verme emocionarme así en mi presentación pues eso hacía que se notara aún más lo que todo esto significa para mí. Me dijo que para quienes tenemos empresa propia nuestro trabajo es mucho más que un trabajo y tiene razón.
Me puso 5.
(Obviamente no porque lloré, no nos hagamos pendejos, 🤣 sino porque lo que he hecho estos 6 meses de este año es, if I do say so myself, absolutamente impresionante.)
A mí me importa lo que hago, lo llevo en el corazón. Ver las transformaciones alrededor de lo que hago desde todos mis trabajos es algo que me emociona profundamente y me llena de propósito y orgullo.
*Fotico en Guatapé feliz como lombriz