01/02/2026
HUACABLANCA, orgullosa de ser de este pueblo hermoso…
Dicen que para conocer de verdad a un pueblo, no basta con pasar por su plaza… hay que cruzar su río, ensuciarse los zapatos en sus caminos y saludar a su gente por su nombre.
En Huacablanca, la vida empieza cruzando el Río Chancay. Ese río que a veces nos deja pasar tranquilos… y otras veces, en temporada de lluvia, nos recuerda quién manda, obligándonos a dar la vuelta por el cruce de Tablazos, riendo, conversando, haciendo del retraso un momento más para compartir.
Aquí, el paisaje no es solo verde… es verde caña, verde sembrío, verde esperanza. Entre cosechas y surcos, crece un pueblo donde todavía existe algo que en otros lados ya se perdió:
la confianza.
Aquí el vecino no toca la puerta para pedir… toca la puerta porque sabe que le van a dar.
Una papa.
Un poco de sal.
Ají.
Y, de paso, una conversación.
En Huacablanca, los cumpleaños no se celebran con invitación, se celebran con presencia. Porque todos llegan. Porque todos son familia.
Y cuando se acerca la feria patronal de la Virgen de Angosto, el pueblo entero late distinto. Hay fe en el aire, música en las calles y recuerdos que vuelven a caminar entre nosotros.
De día, nos bañamos en el río como cuando éramos niños.
De noche, los parques se convierten en escenarios de historias, mitos y leyendas que pasan de boca en boca, mientras los niños escuchan con los ojos abiertos y el corazón despierto.
Huacablanca no es un lugar en el mapa.
Es una forma de vivir.
Es una forma de crecer.
Es una forma de quererse entre todos.
Porque aquí, aunque el río crezca, la unión nunca se interrumpe.
Y el que nació en Huacablanca, lo sabe…
Puede irse lejos, pero siempre vuelve en recuerdos, en palabras, en orgullo.
Huacablanca… orgullosa de ser de este pueblo de encantos, mitos y leyendas.
Fuente: Impacto Chongoyape