15/08/2025
No quiero entrar en el debate de “eutanasia sí” o “eutanasia no”.
Sí tengo mi posición personal sobre la eutanasia, pero eso no es lo más importante en este momento.
Lo importante es reconocer que, como Estado y como sociedad, aún tenemos mucho camino por recorrer antes de aplicarla de forma justa, segura y con todas las garantías.
Lo digo con respeto hacia quienes apoyan esta ley desde experiencias personales muy duras.
Yo también sé lo que es ver a alguien sufrir. Conozco la impotencia, el miedo y el cansancio de un proceso largo y doloroso. Pero justamente por eso creo que nuestro deber como sociedad y como Estado es poner todos los recursos para aliviar el dolor, no para acortar el camino.
Hoy Uruguay tiene una de las tasas de suicidio más altas de la región, y al mismo tiempo, miles de uruguayos mueren cada año con dolor porque nuestro sistema de salud no garantiza cuidados paliativos universales, integrales y accesibles para todos, sin importar dónde vivan o su situación económica.
Si miramos nuestra propia realidad departamental, sabemos que todavía estamos lejos.
Aquí, donde para ver a un especialista muchas veces hay que esperar meses, donde he denunciado en más de una oportunidad que en nuestro hospital faltaban medicamentos esenciales, ¿cómo podemos asegurar que todos tendrán acceso al alivio y la atención que necesitan para que su decisión sea realmente libre?
Si no podemos garantizar lo básico, mucho menos podemos garantizar una decisión tan irreversible.
La medicina moderna tiene herramientas para que nadie muera sufriendo.
La analgesia no tiene tope: bien administrada, puede garantizar muertes en paz, sin dolor y con acompañamiento. Pero eso requiere inversión, especialistas, medicamentos y presencia del Estado en todo el territorio. Y eso… hoy no lo tenemos.
Por eso me preocupa que estemos aprobando una ley de esta magnitud en un momento donde no están dadas las condiciones para que la “decisión” sea realmente libre.
Si el Estado no garantiza cuidados, el riesgo es que la eutanasia deje de ser un acto de libertad para convertirse en una consecuencia del abandono.
No es cuestión de ideología ni de consignas. Es cuestión de prioridades y tiempos.
Uruguay tiene que dar antes otros pasos: fortalecer los cuidados paliativos, acercar la salud y la salud mental a todos, reducir las tasas de suicidio, invertir en acompañar a quienes sufren.
Solo así, algún día, podremos discutir la eutanasia con todas las garantías, sin que nadie se vea empujado a ella por falta de apoyo o de opciones reales.
Yo quiero un país que no le tenga miedo a hablar de estos temas, pero que los encare con responsabilidad y humanidad.
Un país que cuide hasta el final.
Porque la dignidad y el deber de protegerla no se negocia.
💬 No es estar en contra, es saber que todavía no estamos listos.
Nazmi Camargo Bulmini